DICCIONARIO MÉDICO
Displasia septoóptica
La displasia septoóptica, también llamada síndrome de De Morsier, es una malformación congénita rara del neurodesarrollo. Se define por una triada clásica: hipoplasia del nervio óptico, alteraciones de la línea media cerebral (agenesia o hipoplasia del septum pellucidum o del cuerpo calloso) y disfunción del eje hipotálamo-hipofisario. Solo un tercio de los pacientes presenta la triada completa. La palabra septoóptica combina el latín septum (tabique) y el griego ὀπτικός (optikós, relativo a la vista), en referencia a las dos estructuras cerebrales definitorias de la enfermedad: el septum pellucidum, el fino tabique que separa los ventrículos laterales, y las vías ópticas centrales. Añadida a δυσπλασία (dysplasía, formación defectuosa), la denominación describe con precisión el sustrato anatómico de la enfermedad. El neurólogo franco-suizo Georges de Morsier acuñó el término en un artículo publicado en 1956 en Suiza (Schweiz Arch Neurol Psychiatr), en el que describía la asociación entre la agenesia del septum pellucidum y la hipoplasia del nervio óptico. En rigor, David Reeves, del Hospital Infantil de Los Ángeles, había apuntado la asociación desde 1941. La aportación de De Morsier fue formalizar el cuadro y dotarlo del nombre por el que se conoce hoy. La incorporación del hipopituitarismo a la triada corresponde a Hoyt, Kaplan, Grumbach y Glaser, que en 1970 publicaron en Lancet la primera serie que documentaba el enanismo hipofisario asociado a la displasia septoóptica. Hipoplasia del nervio óptico. Componente casi universal del cuadro. Puede ser unilateral (en torno al 57 % de los casos) o bilateral (32 %). En el fondo de ojo se identifica una papila óptica pequeña, con un halo característico llamado signo del doble anillo, y en muchos pacientes se acompaña de nistagmo, estrabismo y déficit visual permanente. Anomalías de la línea media cerebral. La agenesia o hipoplasia del septum pellucidum es el hallazgo más característico. Puede acompañarse de agenesia total o parcial del cuerpo calloso, ausencia de la comisura anterior o dilatación de los ventrículos laterales. La ausencia de septum permite la comunicación entre ambos ventrículos y da lugar a un ventrículo único de forma cuadrangular en la resonancia magnética, un signo con alto valor diagnóstico. Disfunción hipotálamo-hipofisaria. Se manifiesta como hipopituitarismo parcial o completo. El déficit más frecuente es el de hormona de crecimiento, seguido del hipotiroidismo central, la insuficiencia suprarrenal secundaria, el hipogonadismo hipogonadotropo y, en algunos casos, la diabetes insípida central por lesión de la neurohipófisis. La disfunción hipofisaria puede aparecer al nacimiento o desarrollarse a lo largo de la infancia, por lo que se recomienda un seguimiento endocrinológico prolongado incluso en ausencia de manifestaciones iniciales. La causa es en gran medida desconocida. Se han identificado mutaciones en varios genes implicados en el desarrollo del prosencéfalo y del eje hipotálamo-hipofisario (HESX1, SOX2, SOX3, OTX2), pero solo dan cuenta de una minoría de los casos. Estas formas suelen tener herencia autosómica dominante o recesiva y expresividad variable. Los estudios epidemiológicos han descrito una asociación con embarazos en edad materna joven, exposiciones prenatales a alcohol o drogas y factores ambientales aún mal caracterizados. Estas asociaciones sugieren un origen multifactorial, en el que factores genéticos de susceptibilidad y factores ambientales se combinan en momentos críticos del desarrollo embrionario. La displasia septoóptica pertenece al espectro más amplio de las malformaciones de la línea media cerebral, que incluye también la holoprosencefalia. La incidencia se estima en 1 caso por cada 10.000 nacidos vivos, sin diferencias significativas entre sexos. Aproximadamente el 30 % de los pacientes cumple la triada clásica en su totalidad. En los demás, dos de los tres componentes están presentes en el momento del diagnóstico, y el tercero puede aparecer o descartarse a lo largo del seguimiento. La discapacidad visual significativa se documenta en cerca del 23 % de los pacientes. Holoprosencefalia. Malformación más grave del prosencéfalo en la que los hemisferios cerebrales no se separan de forma adecuada. La holoprosencefalia comparte con la displasia septoóptica alteraciones de la línea media, pero su expresión clínica y su gravedad son mayores. Hipoplasia aislada del nervio óptico. Puede aparecer sin ninguna de las otras dos manifestaciones y no debe considerarse una displasia septoóptica incompleta. Distinguir ambos cuadros condiciona el pronóstico y el asesoramiento a la familia. Ausencia aislada del septum pellucidum. Hallazgo radiológico ocasional en pacientes sin manifestaciones oftalmológicas ni endocrinológicas. Puede ser variante anatómica sin repercusión clínica; conviene descartar las otras dos manifestaciones antes de excluir el diagnóstico. Panhipopituitarismo congénito no sindrómico. El panhipopituitarismo puede aparecer aisladamente por mutaciones en factores de transcripción hipofisarios sin las manifestaciones oftalmológicas ni cerebrales de la displasia septoóptica. La resonancia magnética es la que aporta la distinción. Del latín septum (tabique) y del griego ὀπτικός (optikós, relativo a la vista). Alude a las dos estructuras definitorias de la enfermedad: el septum pellucidum, tabique cerebral entre los ventrículos laterales, y las vías ópticas. Georges de Morsier acuñó el término en 1956 al observar la asociación entre ambas alteraciones. La actual denominación oficial en la clasificación internacional convive con la histórica de síndrome de De Morsier. Sí. Ambas denominaciones designan la misma entidad. La forma «displasia septoóptica» se ha impuesto en la literatura moderna por ser descriptiva del sustrato anatómico. El epónimo «síndrome de De Morsier» se conserva en textos clásicos y en la comunicación clínica cotidiana. No, es una malformación congénita permanente. El seguimiento se orienta a corregir los déficits hormonales, apoyar el desarrollo neuropsicológico y optimizar la función visual disponible. Un diagnóstico y un seguimiento estructurados desde etapas tempranas mejoran el pronóstico global, sobre todo por la prevención de crisis agudas asociadas al hipopituitarismo no tratado. No. La disfunción del eje hipotálamo-hipofisario puede estar presente al nacimiento o desarrollarse progresivamente durante la infancia y la adolescencia. Por eso el seguimiento endocrinológico debe mantenerse aunque los estudios iniciales sean normales. Un niño con diagnóstico de displasia septoóptica y estudios hormonales normales al principio puede desarrollar más adelante un déficit de hormona de crecimiento o un hipotiroidismo central que exigirá tratamiento sustitutivo. Si desea profundizar en los conceptos vinculados a la displasia septoóptica, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la displasia septoóptica
Base anatómica y triada clásica
Etiología: entre lo genético y lo ambiental
Epidemiología
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término septoóptica?
¿Es lo mismo que el síndrome de De Morsier?
¿Se cura la displasia septoóptica?
¿La disfunción hipofisaria aparece siempre desde el nacimiento?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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