DICCIONARIO MÉDICO
Disosmia
La disosmia es cualquier alteración de la percepción del olfato. En su acepción más estricta, el término designa las alteraciones cualitativas (los olores se perciben distorsionados o aparecen sin estímulo real), y en su acepción amplia se emplea como sinónimo de trastorno olfativo, tanto cuantitativo como cualitativo. Es un síntoma con impacto en la seguridad diaria, en el disfrute de los alimentos y en el bienestar emocional del paciente. Se llama disosmia a la percepción anómala del olfato, ya sea porque los olores llegan alterados en su calidad, aparecen en ausencia de estímulo o resultan desagradables sin motivo aparente. En sentido estricto, y así aparece en los textos de otorrinolaringología, la disosmia se refiere solo a las alteraciones cualitativas del olfato: parosmia, cacosmia y fantosmia. En muchos manuales y guías clínicas, sin embargo, se usa como término paraguas para todos los trastornos olfativos, tanto los que afectan a la calidad como los que afectan a la intensidad. Etimológicamente combina dos elementos griegos: el prefijo δυσ- (dys-), que aporta la idea de dificultad o alteración, y el sustantivo ὀσμή (osmḗ), «olor», del verbo ὄζω (ózō), «oler». La misma raíz aparece en anosmia (con α- privativa, ausencia total del olfato) y en hiposmia (con ὑπο-, «por debajo»). La percepción olfativa comienza en el neuroepitelio olfativo, un pequeño territorio situado en el techo de las fosas nasales. Allí, unas neuronas receptoras bipolares captan las moléculas odoríferas y transmiten la señal al nervio olfatorio, primer par craneal, que la lleva al bulbo olfativo y desde allí a las áreas corticales primarias del olfato en el lóbulo temporal. Para que el sistema funcione bien tienen que cumplirse tres condiciones: que el aire cargado de moléculas llegue al neuroepitelio, que las neuronas receptoras estén sanas y que la vía central procese la señal correctamente. La disosmia aparece cuando falla alguno de estos tres eslabones. Las causas clásicas son las obstructivas (poliposis nasal, desviaciones septales severas, congestión mantenida), las neurosensoriales (infecciones víricas del tracto respiratorio superior, traumatismos craneales con cizallamiento de los filetes nerviosos que atraviesan la lámina cribosa) y las centrales (enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Parkinson o la de Alzheimer, tumores del suelo del lóbulo frontal, secuelas de ictus). En algunos casos la causa queda sin identificar y el cuadro se etiqueta como idiopático. Las alteraciones del olfato se clasifican de forma clásica en dos grandes bloques: cuantitativas (afectan a la intensidad) y cualitativas (afectan a la calidad). Cuando el término disosmia se usa en sentido amplio incluye ambas; cuando se usa en sentido estricto, solo las segundas. Alteraciones cuantitativas. La anosmia es la pérdida total del olfato. La hiposmia designa una disminución parcial, más frecuente que la anosmia y a menudo pasada por alto. La hiperosmia supone una sensibilidad olfativa exagerada; es rara y aparece en algunas migrañas y en cuadros de embarazo. Parosmia. Percepción distorsionada de un olor real. El paciente huele algo que existe, pero lo interpreta como diferente, casi siempre desagradable. Se ha convertido en un cuadro muy conocido tras la pandemia de COVID-19, con series clínicas amplias en fases postinfecciosas. Cacosmia. Percepción de olores desagradables sin estímulo externo. En la literatura clásica se emplea con matices distintos según la escuela: algunos autores la equiparan a fantosmia y otros la reservan para percepciones desagradables originadas en el propio organismo, como las que aparecen en las sinusitis crónicas con material infectado. Fantosmia. Sensación olfativa en ausencia total de estímulo. Puede ser un aura epiléptica cuando el foco está en la corteza olfativa, un síntoma de tumores del suelo frontal o formar parte de cuadros psicóticos. Es la variedad con más peso neurológico. La proximidad conceptual entre disosmia, anosmia e hiposmia genera confusiones frecuentes, y por eso conviene precisar el uso de cada uno. La anosmia es la incapacidad total para percibir olores. La hiposmia designa una disminución parcial. La disosmia, en su acepción restrictiva, se refiere a que el olfato existe pero está distorsionado. En su acepción amplia funciona como paraguas de todas las alteraciones olfativas. Existe también una diferenciación anatómica útil: alteraciones conductivas, cuando el problema es una barrera física que impide que el aire con moléculas odoríferas llegue al neuroepitelio; y alteraciones neurosensoriales, cuando el daño está en la neurona receptora o en la vía olfativa central. La causa determina el pronóstico: las conductivas suelen recuperarse cuando se resuelve la obstrucción; las neurosensoriales dependen de la capacidad regenerativa del epitelio olfativo y del alcance del daño. Del griego δυσ- (dys-), prefijo que indica dificultad o alteración, y ὀσμή (osmḗ), «olor». La misma raíz ὀσμή aparece en anosmia, hiposmia, hiperosmia, parosmia y en el propio término osmo, empleado en química para el olfato. Es una etimología estrictamente griega, sin componente latino. Un síntoma. Puede aparecer en infecciones respiratorias virales, en rinosinusitis crónicas, en traumatismos craneales, en enfermedades neurodegenerativas, en secuelas de radioterapia y de algunos fármacos, en cuadros psicóticos y, en ocasiones, sin causa identificable. La búsqueda de la causa determina el pronóstico y las opciones disponibles. No. La anosmia es la ausencia total del olfato. La disosmia es un término más amplio o más restringido según el autor: en su uso restrictivo, se refiere solo a las alteraciones cualitativas del olfato (parosmia, cacosmia, fantosmia); en su uso amplio, engloba también las cuantitativas, entre ellas la propia anosmia. En la mayoría de los casos sí, aunque la recuperación puede ser lenta y no siempre completa. En las alteraciones postinfecciosas descritas tras la COVID-19 se han documentado recuperaciones a lo largo de meses y, con frecuencia, tras una fase de parosmia intermedia. El entrenamiento olfativo estructurado ha mostrado utilidad en estos cuadros. Sí. En la enfermedad de Parkinson y en la enfermedad de Alzheimer la pérdida o distorsión del olfato puede preceder al resto de las manifestaciones en años. Por eso las alteraciones olfativas persistentes sin causa nasal aparente merecen valoración clínica. Si desea profundizar en conceptos asociados a la disosmia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la disosmia
El olfato normal y por qué se altera
Tipos de disosmia
Diferenciación entre términos afines
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra disosmia?
¿La disosmia es una enfermedad o un síntoma?
¿Es lo mismo disosmia que anosmia?
¿Recuperar el olfato después de una infección viral es habitual?
¿Puede una disosmia ser el primer signo de una enfermedad neurológica?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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