DICCIONARIO MÉDICO
Nervio olfatorio
El nervio olfatorio es el primer par craneal, el más corto de los doce y uno de los dos, junto al óptico, que no llegan a converger con el tronco del encéfalo. Transporta la información química captada en la mucosa nasal hasta el bulbo olfatorio, sin pasar antes por un relevo talámico. Sus receptores conservan, además, una capacidad poco habitual en el sistema nervioso humano: se renuevan de forma continua a lo largo de toda la vida. El nervio olfatorio (par craneal I) es el conjunto de fibras nerviosas sensitivas que conducen la información odorífera captada en la mucosa nasal hasta el bulbo olfatorio, la primera estación de procesamiento central del olfato. Su nombre procede del latín olfactorius, derivado de olfacere (oler), formado a su vez por olere (oler) y facere (hacer). El adjetivo figura en el Diccionario de la lengua española como perteneciente o relativo al olfato. Embriológicamente nace del prosencéfalo, no de la cresta neural. Por eso se considera, en sentido estricto, una prolongación del sistema nervioso central más que un nervio periférico típico: sus axones no están mielinizados por células de Schwann, sino envueltos por una glía especializada, la glía envolvente olfatoria. Las neuronas receptoras olfatorias son bipolares y se alojan en el epitelio olfatorio, una franja de mucosa especializada situada en el techo de cada fosa nasal, sobre el cornete superior. De cada una parte una dendrita que asoma a la superficie mucosa con varios cilios inmóviles, y un axón amielínico que se agrupa con otros formando pequeños filetes nerviosos. Esos filetes atraviesan la lámina cribosa del hueso etmoides por decenas de orificios microscópicos y alcanzan el bulbo olfatorio, alojado sobre la propia lámina, ya en la fosa craneal anterior. Allí establecen sinapsis con las neuronas mitrales y en penacho, cuyos axones forman el tracto olfatorio y se dirigen hacia la corteza piriforme, en el lóbulo temporal medial. Es un trayecto muy corto: apenas unos milímetros separan el epitelio nasal del bulbo. Dentro de los doce pares craneales, el olfatorio ocupa un lugar aparte. Junto con el óptico, es el único que no se une al tronco del encéfalo, sino que conecta directamente con el telencéfalo. Clásicamente se describe también como el único sistema sensorial cuya información alcanza la corteza cerebral, la corteza piriforme, sin pasar antes por una estación de relevo en el tálamo; el contacto talámico llega después, de forma secundaria, a través de proyecciones desde esa misma corteza. Las neuronas receptoras olfatorias tienen, además, una propiedad poco habitual dentro del sistema nervioso adulto: se regeneran durante toda la vida a partir de células basales del epitelio, con un recambio medio de varias semanas. Ningún otro receptor sensorial primario del ser humano conserva esta capacidad de forma tan activa. La numeración como primer par craneal no es una convención antigua. Galeno describía siete pares; Thomas Willis, en su Cerebri Anatome de 1664, amplió la lista a nueve; y fue Samuel Thomas von Sömmerring quien, en 1778, fijó la clasificación de doce pares que sigue vigente, con el olfatorio a la cabeza por su posición más rostral. Conviene no confundir el nervio olfatorio con el bulbo olfatorio ni con el tracto olfatorio. El nervio es la vía aferente primaria, formada por los axones que van del epitelio nasal al bulbo. El bulbo es la estación donde esas señales se integran. Y el tracto es la vía de salida que conduce la información ya procesada hacia la corteza. Los tres forman una secuencia continua, pero anatómica y funcionalmente distinta. Por su etimología latina: olfactorius procede de olfacere, verbo compuesto por olere (oler) y facere (hacer). El nombre describe con precisión su función. Depende de dónde se sitúe el daño. En el epitelio nasal, las células basales actúan como una reserva permanente de precursores y sustituyen a las neuronas receptoras dañadas o senescentes a lo largo de toda la vida, con un ciclo de renovación de varias semanas. Ese mecanismo no es habitual entre las neuronas humanas, la mayoría de las cuales no se dividen una vez maduras. Sin embargo, la capacidad de regeneración se pierde en gran medida si el daño afecta a estructuras situadas más allá del epitelio: la lámina cribosa, los filetes nerviosos en su trayecto intracraneal o el propio bulbo olfatorio. La distinción entre el daño periférico, que puede repararse, y el daño central, que no se repara, es la que separa una pérdida de olfato transitoria de una permanente. No. El sabor depende sobre todo del nervio facial y del glosofaríngeo, que inervan las papilas gustativas de la lengua. Lo que coloquialmente se llama sabor es, en gran parte, una combinación de gusto y olfato retronasal, motivo por el que una obstrucción nasal aplana también el sabor de los alimentos. Es reducido: ocupa aproximadamente 5 centímetros cuadrados en cada fosa nasal, según las referencias anatómicas clásicas.Qué es el nervio olfatorio
Anatomía y trayecto
Un nervio con particularidades propias
Diferenciación con otras estructuras olfativas
Preguntas frecuentes sobre el nervio olfatorio
¿Por qué se llama nervio olfatorio?
¿El nervio olfatorio puede regenerarse tras una lesión?
¿Es el mismo nervio que interviene en el gusto?
¿Qué tamaño tiene el epitelio olfatorio en el ser humano?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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