DICCIONARIO MÉDICO

Anosmia

La anosmia es la pérdida completa del sentido del olfato. Puede instalarse de forma brusca o progresiva, y su duración varía desde días hasta convertirse en una condición permanente. Se estima que afecta de manera total a un 0,5 % de la población general, si bien las formas parciales (hiposmia) alcanzan cifras bastante superiores.

Qué es la anosmia

La anosmia designa la abolición del sentido del olfato: la persona afectada no percibe ningún estímulo oloroso, ni siquiera aquellos de gran intensidad como el amoníaco o el vinagre. El término procede del latín científico anosmia, documentado por primera vez en 1811, y este a su vez del griego: el prefijo privativo ἀν- (an-, «sin») unido al sustantivo ὀσμή (osmḗ, «olor»), con el sufijo abstracto -ία (-ía). La raíz griega ὀσμή comparte origen con el verbo ὄζειν (ózein, «oler»), emparentado con el latín odor a través de la raíz protoindoeuropea *hed-.

Desde el punto de vista nosológico, la anosmia no constituye una enfermedad en sí misma sino un signo clínico que refleja una interrupción, en algún punto, de la cadena que conecta la molécula odorífera con la percepción cerebral del olor. Conviene distinguirla con claridad de la hiposmia, que es solo una reducción parcial de la capacidad olfativa, y de las alteraciones cualitativas del olfato como la parosmia (percepción distorsionada de un olor presente) o la cacosmia (percepción de olores fétidos sin estímulo externo).

La vía olfatoria y el mecanismo de la pérdida

Para comprender por qué se pierde el olfato conviene repasar, siquiera brevemente, el recorrido que sigue una molécula odorífera hasta generar una percepción consciente. Las sustancias volátiles ingresan con el aire inspirado por las fosas nasales y alcanzan el techo de la cavidad nasal, donde contactan con la mucosa olfatoria. En esa franja de neuroepitelio, neuronas bipolares especializadas expresan receptores capaces de unirse a las moléculas de olor. Los axones de estas neuronas forman los filetes del nervio olfatorio (par craneal I), que atraviesan la lámina cribosa del etmoides y hacen sinapsis en el bulbo olfatorio.

Desde el bulbo, la información viaja por el tracto olfatorio hasta regiones de la corteza cerebral (corteza piriforme, amígdala, corteza orbitofrontal) donde se integra con la memoria, la emoción y la identificación consciente del olor. Una interrupción en cualquier tramo de este circuito produce la pérdida olfativa. En la práctica, las causas se agrupan según el nivel afectado, lo que da lugar a la clasificación que se describe a continuación.

Clasificación de la anosmia

Anosmia conductiva (u obstructiva). Se produce cuando un obstáculo mecánico impide que las moléculas de olor alcancen el neuroepitelio. La inflamación crónica de la mucosa nasal, como la que se observa en la rinitis prolongada o la poliposis nasal, es la situación más frecuente. También entran aquí las desviaciones graves del tabique y los tumores de fosa nasal. En muchos de estos casos, la capacidad olfatoria se recupera si se resuelve la obstrucción.

Anosmia neurosensorial. Aquí el daño recae sobre las propias neuronas olfatorias o sobre los filetes nerviosos que las conectan con el bulbo. Las infecciones virales de vías respiratorias altas son responsables de un porcentaje notable de estos cuadros (entre el 14 % y el 26 % de todas las anosmias, según algunas series). El traumatismo craneoencefálico puede seccionar los filetes olfatorios a su paso por la lámina cribosa, y en ese contexto la pérdida tiende a ser definitiva. La exposición prolongada a tóxicos industriales o el envejecimiento (presbiosmia) también deterioran este neuroepitelio.

Cuando la lesión se sitúa por encima de la lámina cribosa se habla de anosmia central. Es menos habitual. Tumores de la base de la fosa craneal anterior, procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Parkinson y ciertas lesiones vasculares pueden originarla. En la enfermedad de Parkinson, la pérdida de olfato precede con frecuencia a los signos motores en varios años, un dato que ha adquirido relevancia investigadora.

Existe también una forma congénita, poco frecuente, debida a fallos en el desarrollo embrionario de las placodas olfatorias. Cuando esa anosmia congénita se asocia a hipogonadismo hipogonadotrópico (por migración defectuosa de las neuronas productoras de GnRH, que comparten origen embriológico con las neuronas olfatorias), el cuadro recibe el nombre de síndrome de Kallmann. Otra variante particular es la anosmia específica: la incapacidad, determinada genéticamente, de percibir un olor concreto mientras el resto del espectro olfativo permanece intacto.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra anosmia?

Del griego ἀν- (an-, «sin») y ὀσμή (osmḗ, «olor»), con el sufijo -ία que indica cualidad o estado. La palabra aparece documentada en latín científico desde 1811. La misma raíz griega está presente en términos como hiposmia, parosmia o disosmia, que designan alteraciones distintas de la percepción olfatoria.

¿Es lo mismo anosmia que hiposmia?

No. La anosmia implica la abolición completa del olfato; la hiposmia, solo una reducción. En la práctica, ambas forman parte de un espectro continuo y pueden coexistir con otras alteraciones como la parosmia. La distinción importa porque el pronóstico y las posibles causas no siempre coinciden.

¿La anosmia afecta también al gusto?

Muchas personas que pierden el olfato refieren simultáneamente que «no saben a nada» los alimentos. Lo que ocurre en la mayoría de estos casos es que la percepción gustativa básica (salado, dulce, ácido, amargo, umami) permanece intacta, pero se pierde el componente aromático retronasal, que es el responsable de la riqueza y la variedad de sabores. Solo cuando existe un daño simultáneo en las vías gustativas propiamente dichas se habla de ageusia verdadera.

¿Es siempre permanente la anosmia?

Depende de la causa. Las formas obstructivas suelen revertir al resolverse el problema nasal. En las postvíricas, la recuperación puede tardar semanas o meses, y no siempre es completa. Cuando la pérdida se debe a sección traumática de los filetes olfatorios o a un proceso neurodegenerativo avanzado, las posibilidades de recuperación son escasas.

Referencias

  1. MedlinePlus en español. Deterioro del sentido del olfato.
  2. National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD). Trastornos del olfato.
  3. Manual MSD (versión para profesionales). Anosmia.
  4. Mayo Clinic en español. Pérdida del olfato (anosmia): causas.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la anosmia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Olfato: sentido que permite la detección e identificación de sustancias volátiles a través del neuroepitelio nasal.
  • Hiposmia: disminución parcial de la capacidad olfatoria, forma leve del mismo espectro que la anosmia.
  • Parosmia: percepción distorsionada de un olor real, frecuente tras infecciones virales.
  • Cacosmia: percepción de olores desagradables sin estímulo odorífico externo.
  • Disosmia: término general que engloba las alteraciones cualitativas de la percepción olfatoria.
  • Nervio olfatorio: primer par craneal, formado por los axones de las neuronas receptoras del neuroepitelio nasal.
  • Ageusia: pérdida total del sentido del gusto, distinguible de la falsa ageusia secundaria a anosmia.
  • Rinitis: inflamación de la mucosa nasal, causa frecuente de anosmia conductiva.

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