DICCIONARIO MÉDICO

Disautonomía

La disautonomía es una alteración del funcionamiento del sistema nervioso autónomo, la red que regula las funciones involuntarias del organismo. Bajo este término genérico se agrupa un conjunto amplio de trastornos con causas muy distintas, que van desde el síndrome de taquicardia postural ortostática hasta las neuropatías autonómicas de la diabetes, pasando por enfermedades hereditarias raras y por formas secundarias a otras patologías neurodegenerativas.

Qué es la disautonomía

La disautonomía designa cualquier disfunción del sistema nervioso autónomo (SNA), la parte del sistema nervioso encargada de controlar las funciones que no dependen de la voluntad: la presión arterial, el ritmo cardíaco, la temperatura corporal, la sudoración, la motilidad digestiva, la miccional y la respuesta pupilar, entre otras. Cuando ese control falla, las funciones básicas del organismo se desregulan y aparecen síntomas que suelen ser difíciles de encajar en un único cuadro clínico, precisamente porque el SNA está en todas partes.

La palabra combina el prefijo griego δυς- (dys-), «dificultad» o «alteración», con el término «autonomía», del griego αὐτονομία, formado a su vez por αὐτός (autós, «uno mismo») y νόμος (nómos, «ley»). El fisiólogo británico John Newport Langley, que consolidó el estudio moderno del sistema nervioso vegetativo a finales del siglo XIX, lo bautizó como «autonómico» precisamente para reflejar su capacidad de gobernarse por sí mismo, al margen del control consciente. La disautonomía es, literalmente, un trastorno de esa autorregulación.

No es una enfermedad única, sino un término paraguas. Bajo él caben cuadros muy diferentes, desde molestias funcionales relativamente benignas hasta enfermedades neurodegenerativas graves. Lo que tienen en común es un mecanismo compartido: el fallo en la modulación autonómica de los órganos diana.

El sistema nervioso autónomo en dos ramas

El SNA se organiza en dos grandes divisiones complementarias. El simpático prepara al organismo para la acción: acelera el corazón, sube la tensión, dilata las pupilas, redirige la sangre a los músculos y frena la digestión. El parasimpático hace lo contrario: reduce la frecuencia cardíaca, favorece la digestión, contrae las pupilas y participa en las funciones de reposo. La mayoría de los órganos reciben inervación de ambas divisiones y funcionan por equilibrio entre ellas.

Existe además una tercera red, el sistema nervioso entérico, situada en la pared del tubo digestivo y con notable autonomía funcional. Cuando se habla de disautonomía en la práctica clínica se piensa sobre todo en las dos primeras, pero conviene recordar que las alteraciones digestivas propias de muchas disautonomías (gastroparesia, estreñimiento, diarrea) también reflejan la afectación del entérico.

La regulación autonómica actúa mediante arcos reflejos rápidos. El barorreflejo, por ejemplo, ajusta la frecuencia cardíaca y el tono vascular en cuestión de segundos para mantener la presión arterial cuando cambiamos de postura. Cuando cualquier eslabón de ese arco se altera, aparece la hipotensión ortostática, uno de los signos cardinales de la disautonomía.

Formas clínicas principales

Las disautonomías se dividen tradicionalmente en dos grandes grupos según su origen. Las disautonomías primarias son aquellas en que el sistema nervioso autónomo constituye la diana principal de la enfermedad. Las secundarias aparecen en el contexto de otras patologías que dañan al SNA de forma colateral.

Fallo autonómico puro (síndrome de Bradbury-Eggleston). Enfermedad degenerativa idiopática que afecta selectivamente a las neuronas autonómicas periféricas. Cursa con hipotensión ortostática grave sin signos neurológicos centrales, con un curso lentamente progresivo y en adultos de edad media o avanzada.

Atrofia multisistémica. Enfermedad neurodegenerativa que combina disautonomía prominente con parkinsonismo o con ataxia cerebelosa. La disfunción autonómica suele preceder al resto de manifestaciones y su gravedad marca el pronóstico.

Síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS). Cuadro caracterizado por un aumento sostenido de la frecuencia cardíaca al ponerse de pie, sin caída significativa de la presión arterial. Afecta con particular frecuencia a mujeres jóvenes y suele aparecer tras infecciones víricas, embarazos o períodos de reposo prolongado.

Síncope neurocardiogénico (o vasovagal). Respuesta autonómica excesiva ante determinados estímulos, con caída brusca del tono vascular y de la frecuencia cardíaca. Es la forma más frecuente de síncope en la población general y suele tener un curso benigno.

Disautonomía familiar (síndrome de Riley-Day). Enfermedad genética rara con predominio en la población judía asquenazí, causada por una mutación en el gen ELP1. Se manifiesta desde el nacimiento con afectación grave del SNA y de las neuronas sensitivas.

Neuropatía autonómica diabética. Es la disautonomía secundaria más frecuente. La hiperglucemia mantenida daña las fibras nerviosas pequeñas, incluidas las autonómicas, y produce gastroparesia, hipotensión ortostática, alteraciones del vaciado vesical y disfunción sexual. Otras causas secundarias habituales son la amiloidosis, la enfermedad de Parkinson, los síndromes paraneoplásicos, el síndrome de Sjögren y algunas neuropatías por fibras pequeñas de origen postinfeccioso o post-COVID.

Diferenciación con conceptos próximos

Hipotensión ortostática. Es un signo, no una enfermedad. Se define por una caída de la presión arterial al ponerse de pie y puede tener causas autonómicas (disautonomía neurogénica) o no autonómicas (deshidratación, fármacos hipotensores, insuficiencia venosa). Solo cuando el mecanismo subyacente es una alteración del reflejo autonómico se habla de disautonomía.

Neuropatía autonómica. Alude específicamente al daño de las fibras nerviosas autonómicas periféricas, casi siempre en el contexto de una neuropatía más amplia (diabetes, amiloidosis, tóxica). Es una de las causas de disautonomía, pero no las agota: hay disautonomías por afectación central (atrofia multisistémica) o por alteración funcional sin lesión estructural (POTS).

Síncope reflejo. Episodio transitorio de pérdida de conciencia por caída del flujo cerebral, mediado por una respuesta autonómica anómala. La disautonomía puede predisponer a los síncopes, pero también existen síncopes reflejos ocasionales en personas sin ninguna enfermedad autonómica de fondo.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene el término disautonomía?

De la unión del prefijo griego δυς- (dificultad, alteración) con la palabra «autonomía», acuñada a partir de αὐτός («uno mismo») y νόμος («ley»). El adjetivo «autonómico» aplicado al sistema nervioso vegetativo lo popularizó el fisiólogo británico John Newport Langley a finales del siglo XIX, para subrayar que ese sistema se regula por sí mismo, sin control consciente. «Disautonomía» significa, literalmente, alteración de esa capacidad de autorregulación.

¿La disautonomía es una enfermedad concreta?

No. Es un término genérico que agrupa muchas enfermedades distintas con un rasgo común: el fallo del sistema nervioso autónomo. Puede tratarse de un cuadro leve y funcional, como buena parte de los síncopes vasovagales, o de un proceso neurodegenerativo grave, como la atrofia multisistémica. Por eso, cuando se recibe el término como diagnóstico, siempre hay que preguntar de qué disautonomía concreta se está hablando.

¿A quién afecta con más frecuencia?

Depende de la forma. Los cuadros primarios funcionales, como el POTS o el síncope neurocardiogénico, son más frecuentes en mujeres jóvenes. Las disautonomías neurodegenerativas primarias (atrofia multisistémica, fallo autonómico puro) suelen aparecer a partir de los 50 o 60 años. Las secundarias siguen la epidemiología de la enfermedad de base, y la diabetes de larga evolución es, con diferencia, la causa más habitual de disautonomía en adultos.

¿Qué relación tiene con la hipotensión ortostática?

La hipotensión ortostática es uno de los signos más característicos de la disautonomía, pero no equivale a ella. Es un descenso de la presión arterial al ponerse de pie que puede tener otras causas (hipovolemia, fármacos, insuficiencia venosa). Solo cuando ese descenso responde a una alteración del reflejo autonómico se considera de origen disautonómico. En estos casos, la frecuencia cardíaca no se acelera de forma proporcional al descenso tensional, y ese detalle exploratorio ayuda a diferenciarla.

¿Es hereditaria?

Solo algunas formas. La disautonomía familiar o síndrome de Riley-Day es una enfermedad genética con herencia autosómica recesiva. La mayoría de las disautonomías, sin embargo, no lo son: aparecen como consecuencia de enfermedades adquiridas (diabetes, Parkinson, amiloidosis) o como cuadros funcionales sin causa hereditaria demostrable.

Referencias

  1. MedlinePlus. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. Trastornos del sistema nervioso autónomo.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Introducción al sistema nervioso autónomo.
  3. Freeman R, Kaufmann H. StatPearls. National Center for Biotechnology Information. Autonomic Dysfunction.
  4. Sociedad Española de Neurología. Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y el Sueño y del Sistema Nervioso Autónomo.

Entradas relacionadas en el diccionario

Para ampliar el contexto sobre las disautonomías, puede consultar las siguientes entradas del Diccionario médico:

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