DICCIONARIO MÉDICO

Síncope

El síncope es la pérdida súbita y transitoria de la conciencia y del tono postural, provocada por una reducción breve del flujo sanguíneo cerebral, de la que la persona se recupera de forma espontánea y completa en segundos o pocos minutos. No es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma común a un grupo amplio y heterogéneo de causas, desde reflejos autonómicos benignos hasta arritmias cardíacas graves.

Qué es el síncope

Detrás del desvanecimiento hay siempre el mismo fenómeno: el cerebro deja de recibir, durante unos segundos, el aporte de sangre que necesita para mantener la vigilia. Esa interrupción puede originarse en el propio corazón, en los vasos periféricos o en un reflejo del sistema nervioso autónomo, pero el resultado final es idéntico en los tres casos: una caída de la perfusión que el organismo corrige por sí solo en cuanto la persona pierde el tono postural y queda en posición horizontal.

La palabra procede del griego synkopḗ (συγκοπή), formado por sýn ("con", "junto") y kopḗ ("golpe", "corte"), derivado a su vez del verbo synkóptein, "cortar" o "quebrar en pedazos". El término entró en el vocabulario médico griego hacia el siglo II d. C., en textos de Galeno y de Areteo de Capadocia, con el sentido de desfallecimiento repentino; de ahí pasó al latín tardío como syncope o syncopa. Curiosamente, la misma raíz dio nombre a un fenómeno completamente distinto: la síncopa gramatical, la caída de un sonido en mitad de una palabra, y a la síncopa musical, el desplazamiento de un acento rítmico. Los tres usos comparten la idea original de un corte brusco en algo que debería ser continuo.

La hipoperfusión cerebral transitoria

Permanecer consciente exige un aporte constante de sangre a una red neuronal difusa situada en el tronco del encéfalo, el sistema reticular activador ascendente. Cuando la presión arterial sistólica cae por debajo de un umbral aproximado de 50 a 60 mmHg, la autorregulación cerebral deja de compensar la caída y la conciencia se pierde en cuestión de segundos. Bastan entre 5 y 15 segundos de interrupción del flujo para que sobrevenga el desvanecimiento; si la anoxia se prolonga más allá de ese margen pueden aparecer espasmos musculares breves o pérdida de control de esfínteres, un dato que en ocasiones lleva a confundir el cuadro con una crisis epiléptica.

Tres orígenes distintos explican esa caída de presión: una reducción del gasto cardíaco por un problema eléctrico o estructural del corazón, un fallo de los mecanismos que mantienen la presión arterial al ponerse de pie, o un reflejo autonómico que provoca, de forma paradójica, bradicardia y vasodilatación. Esta tercera vía es, con mucho, la más habitual.

Clasificación

Las guías europeas de cardiología agrupan las causas del síncope en tres grandes categorías. La primera y más frecuente es el síncope vasovagal, un reflejo mediado por el nervio vago que puede desencadenarse también en circunstancias muy concretas, como las que reúne el síncope situacional, o por la presión sobre el cuello en el síncope del seno carotídeo.

A ella se suma la hipotensión ortostática, la segunda categoría, en la que el sistema nervioso autónomo no logra compensar a tiempo la caída de presión que se produce al incorporarse. La tercera, y la que entraña mayor riesgo, es el síncope cardiogénico, originado en una arritmia o en una alteración estructural del corazón que reduce de forma directa el volumen de sangre bombeado.

En una proporción notable de pacientes, sobre todo en los de mayor edad, coexiste más de un mecanismo a la vez. Esto complica el estudio diagnóstico y explica que una parte de los casos quede sin causa identificada.

Diferenciación con otras pérdidas de conciencia

No toda pérdida de conciencia es un síncope. La epilepsia se origina en una descarga eléctrica anómala de las neuronas, no en una falta de riego, y suele acompañarse de una fase de confusión posterior más prolongada que la del síncope, cuya recuperación es casi inmediata. Existe también el llamado pseudosíncope psicógeno, un episodio de apariencia similar sin ninguna caída real de la presión arterial ni del flujo cerebral, y las caídas accidentales, en las que no llega a perderse la conciencia en ningún momento.

Distinguir estos cuadros entre sí depende sobre todo del relato de un testigo presencial. La duración del episodio, la presencia de un desencadenante identificable y la rapidez de la recuperación son los datos que más ayudan a orientar cada caso hacia una u otra categoría. Ninguna prueba de laboratorio sustituye ese relato.

Epidemiología

El estudio Framingham, que siguió a 7.814 personas durante una media de 17 años, registró un episodio de síncope en 822 de ellas, con una incidencia de 6,2 casos por cada 1.000 personas y año. El origen vasovagal explicó el 21,2 % de los episodios, el cardíaco el 9,5 %, el ortostático el 9,4 % y, en un 36,6 % de los casos, la causa quedó sin determinar.

La incidencia aumenta con la edad y presenta un segundo pico, menos pronunciado que el de la vejez, entre los 10 y los 30 años, coincidiendo con la mayor prevalencia del síncope vasovagal en ese grupo. El dato con más peso clínico del estudio Framingham no es la frecuencia, sino el pronóstico: el síncope de origen cardíaco duplicó el riesgo de muerte por cualquier causa frente a la población sin antecedentes de síncope.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra síncope?

Del griego synkopḗ, que significa literalmente "corte" o "golpe", en referencia a la interrupción brusca de la conciencia. La palabra llegó al castellano medieval con muchas variantes formales y probablemente se reintrodujo con su grafía griega original durante el Renacimiento.

¿Es lo mismo que un mareo?

No. El mareo es una sensación subjetiva de inestabilidad sin pérdida de conciencia. El presíncope, en cambio, sí guarda relación directa con el síncope: describe el cortejo de síntomas (visión borrosa, sudoración fría, debilidad) que lo preceden cuando finalmente no llega a producirse.

¿Cuál es la causa más frecuente?

El reflejo vasovagal, con diferencia. Es responsable de la mayoría de los episodios en personas jóvenes y de mediana edad sin cardiopatía conocida.

¿Todo síncope requiere valoración médica?

Conviene que un profesional sanitario valore cualquier pérdida de conciencia, sobre todo si ocurre durante el esfuerzo físico, sin un desencadenante identificable o en una persona con antecedentes cardíacos, porque estos rasgos se asocian con mayor frecuencia a un origen cardiogénico. La mayoría de los episodios, con todo, son benignos y no vuelven a repetirse.

Referencias

  1. MedlinePlus. Desmayo. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.
  2. Sociedad Española de Cardiología. Nuevas guías de la ESC para el diagnóstico y manejo del síncope.
  3. Sociedad Española de Cardiología. Síncope reflejo o neuromediado. Cuadernos de Estimulación Cardiaca.
  4. Soteriades ES, Evans JC, Larson MG, et al. Incidence and Prognosis of Syncope. New England Journal of Medicine, 2002.

Entradas relacionadas

  • Síncope vasovagal. La forma más frecuente de síncope, mediada por un reflejo del nervio vago.
  • Síncope cardiogénico. El originado en una arritmia o una cardiopatía estructural.
  • Síncope situacional. El grupo de síncopes reflejos ligados a actos concretos como toser o defecar.
  • Lipotimia. Término con el que a menudo se designa, de forma coloquial, el episodio sincopal.
  • Hipotensión ortostática. La caída de presión al incorporarse que constituye la segunda gran causa de síncope.

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