DICCIONARIO MÉDICO
Derivación lumboperitoneal
La derivación lumboperitoneal es un procedimiento neuroquirúrgico que desvía el exceso de líquido cefalorraquídeo (LCR) desde el espacio subaracnoideo de la región lumbar hasta la cavidad del peritoneo, donde se reabsorbe de forma natural. Se emplea sobre todo en la hidrocefalia comunicante y en la hipertensión intracraneal idiopática. El nombre describe el trayecto del catéter: lumbo- (del latín lumbus, lomo) indica que el extremo proximal se introduce en el espacio subaracnoideo a nivel de la columna lumbar, generalmente entre L3 y L4; -peritoneal señala que el extremo distal se aloja en la cavidad abdominal, dentro del peritoneo. Entre ambos extremos, un segmento de catéter discurre por debajo de la piel. A diferencia de la derivación ventriculoperitoneal, que requiere perforar el cráneo para acceder a los ventrículos cerebrales, la lumboperitoneal evita toda manipulación intracraneal. Esto la convierte en una opción atractiva para situaciones en las que el problema no está en los ventrículos sino en la circulación o la reabsorción del LCR fuera de ellos. El dispositivo consta de tres piezas. El catéter lumbar, un tubo de silicona flexible, se inserta mediante punción lumbar y queda flotando en el saco tecal, rodeado de LCR. La válvula reguladora de presión, interpuesta en el trayecto subcutáneo, controla el caudal de drenaje: permite el paso del LCR cuando la presión supera un umbral preestablecido e impide el hiperdrenaje. El catéter distal atraviesa el tejido subcutáneo del flanco y penetra en la cavidad peritoneal, donde el LCR se mezcla con el líquido peritoneal y se reabsorbe a través de los capilares peritoneales. La intervención se realiza bajo anestesia general, habitualmente con el paciente en decúbito lateral. Dura en torno a una hora. El cirujano comprueba que el LCR fluye libremente por el catéter lumbar antes de conectar la válvula y tunelizar el catéter distal hasta el abdomen. La hipertensión intracraneal idiopática (antes llamada pseudotumor cerebral) es probablemente la indicación más frecuente en la práctica actual. En esta entidad, la presión intracraneal se eleva sin que exista un tumor, una infección ni una obstrucción mecánica del LCR. La derivación lumboperitoneal reduce esa presión y alivia las manifestaciones asociadas, entre las que destaca la afectación visual por edema de papila. En la hidrocefalia comunicante del adulto (hidrocefalia de presión normal o síndrome de Hakim-Adams, descrito en 1965), la derivación lumboperitoneal constituye una alternativa a la ventriculoperitoneal. Hakim y Adams identificaron una tríada clínica (alteración de la marcha, deterioro cognitivo e incontinencia urinaria) que aparece cuando el LCR se acumula en los ventrículos cerebrales pese a que las vías de circulación están permeables. La elección entre derivación lumboperitoneal y ventriculoperitoneal depende de la experiencia del equipo neuroquirúrgico y de las características del paciente; ambas tienen tasas de eficacia comparables, aunque su perfil de complicaciones difiere. La derivación ventriculoperitoneal drena LCR desde un ventrículo cerebral (habitualmente el lateral) hasta el peritoneo. Requiere una trepanación craneal para introducir el catéter ventricular, lo que conlleva un riesgo, pequeño pero real, de hemorragia intracraneal y de lesión del parénquima cerebral. La lumboperitoneal prescinde de esa trepanación, pero tiene sus propias limitaciones: no puede utilizarse en hidrocefalias obstructivas (donde el bloqueo impide que el LCR llegue al espacio lumbar) y se asocia con mayor frecuencia a cefalea por hipotensión intracraneal si la válvula permite un drenaje excesivo. También se han descrito casos de hernia amigdalar (descenso de las amígdalas cerebelosas) como complicación del hiperdrenaje, un riesgo que obliga a un seguimiento estrecho en los primeros meses. Describe el recorrido del catéter: desde la región lumbar de la columna vertebral hasta la cavidad peritoneal del abdomen. El prefijo lumbo- procede del latín lumbus (lomo, zona baja de la espalda). No. La ventriculoperitoneal toma el LCR directamente de los ventrículos del cerebro, lo que exige una perforación en el cráneo. La lumboperitoneal lo recoge del espacio subaracnoideo lumbar, sin tocar el cráneo. Cada una tiene indicaciones y complicaciones propias. Depende de la causa. En la hipertensión intracraneal idiopática, si la enfermedad remite (por ejemplo, tras una pérdida significativa de peso), el neurocirujano puede valorar la retirada. En la hidrocefalia del adulto, la derivación suele ser necesaria de forma indefinida. Salomón Hakim y Raymond Adams, en 1965. Identificaron una forma de hidrocefalia en la que los ventrículos cerebrales están dilatados pero la presión del LCR, medida de forma puntual, resulta normal o solo ligeramente elevada. Si desea ampliar información sobre la circulación del líquido cefalorraquídeo y sus alteraciones, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la derivación lumboperitoneal
Componentes del sistema
Indicaciones principales
Diferenciación con la derivación ventriculoperitoneal
Preguntas frecuentes
¿Qué significa lumboperitoneal?
¿Es lo mismo que una derivación ventriculoperitoneal?
¿Se puede retirar el sistema una vez implantado?
¿Quién describió la hidrocefalia de presión normal?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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