DICCIONARIO MÉDICO
Crisis de rechazo
La crisis de rechazo es un episodio agudo de rechazo en el que el sistema inmunitario del receptor reconoce como extraños los antígenos del órgano o tejido trasplantado y monta una respuesta que puede comprometer la función del injerto. El término "crisis" subraya la naturaleza brusca del deterioro y la urgencia con que se requiere intervención. Es la complicación inmunológica más temida del trasplante de órganos sólidos. En inmunología del trasplante, el rechazo designa cualquier proceso por el cual el sistema inmunitario del receptor daña el injerto al reconocer sus moléculas como no propias. Cuando ese daño se produce de forma aguda y con repercusión funcional evidente, se habla coloquialmente de crisis de rechazo, expresión que describe el momento clínico en que el órgano trasplantado deja de funcionar con normalidad y la situación exige una respuesta rápida por parte del equipo de trasplante. La palabra "crisis" (del griego κρίσις, krísis, "momento de decisión") tiene aquí un sentido similar al que posee en la medicina hipocrática: un punto de inflexión en el que el curso clínico puede mejorar o empeorar según la intervención que se aplique. La incidencia global del rechazo agudo varía según el órgano trasplantado y el perfil inmunológico del receptor. En el trasplante renal, las cifras oscilan entre el 5 y el 10 % en pacientes de riesgo estándar, y pueden alcanzar el 35 % en receptores de alto riesgo inmunológico (presencia de anticuerpos preformados, retrasplante, sensibilización previa). El desencadenante del rechazo es el reconocimiento de los antígenos del sistema HLA (antígenos leucocitarios humanos) del donante por parte de los linfocitos T del receptor. Existen dos vías principales de reconocimiento alogénico, la directa y la indirecta, que no son mutuamente excluyentes sino que participan en momentos distintos del proceso de rechazo. En la vía directa, los linfocitos T del receptor reconocen las moléculas HLA del donante tal como están expresadas en la superficie de las células del injerto, sin necesidad de procesamiento por parte de las células presentadoras de antígeno del receptor. Esta vía predomina en los primeros meses tras el trasplante y es la principal responsable de las crisis de rechazo agudo tempranas. La vía indirecta opera de forma distinta: las proteínas del donante son fagocitadas por las células presentadoras del receptor, procesadas y presentadas a los linfocitos T como fragmentos peptídicos en el contexto de las moléculas HLA propias del receptor. Cobra mayor importancia en fases más tardías y en el rechazo crónico. El rechazo hiperagudo ocurre en las primeras horas tras la revascularización del injerto. Está mediado por anticuerpos preformados contra antígenos del donante (anti-HLA o anti-ABO) que activan el complemento y provocan trombosis masiva de los vasos del órgano. Su incidencia se ha reducido por debajo del 1 % gracias a las pruebas de compatibilidad cruzada previas al trasplante, pero cuando se produce, la única opción es la extirpación del injerto. Entre el quinto día y los tres primeros meses postrasplante suele aparecer el rechazo agudo, que es el que con mayor frecuencia se manifiesta como crisis de rechazo. Puede ser celular (mediado por linfocitos T citotóxicos que infiltran el parénquima del injerto) o humoral (mediado por anticuerpos anti-HLA de nueva formación). La clasificación de Banff, periódicamente actualizada, establece los criterios histopatológicos para graduarlo a partir de la biopsia del injerto. Más lento y silencioso, el rechazo crónico se desarrolla a lo largo de meses o años. Su curso es insidioso, sin el deterioro brusco de la crisis aguda: el injerto va perdiendo función progresivamente por una combinación de factores inmunológicos y no inmunológicos. Es la principal causa de pérdida tardía de injertos renales y hepáticos. El término hace referencia a un episodio agudo de deterioro de la función del injerto provocado por una respuesta inmunitaria contra el órgano trasplantado. No es un diagnóstico formal: es una expresión clínica que describe la urgencia del momento. Estrictamente, no. Algunos episodios de rechazo agudo se detectan por alteraciones analíticas antes de que produzcan un deterioro funcional llamativo. Se habla de crisis cuando la repercusión clínica es evidente y obliga a una intervención inmediata. Sí. Un mismo paciente puede experimentar varios episodios de rechazo agudo a lo largo de su evolución postrasplante. Cada episodio, si se detecta y se trata a tiempo, no implica necesariamente la pérdida del injerto, pero la acumulación de daño inmunomediado empeora el pronóstico a largo plazo. Depende de múltiples factores: el grado de compatibilidad HLA entre donante y receptor, la presencia de anticuerpos anti-HLA preformados (por embarazos, transfusiones o trasplantes previos), la adherencia al régimen inmunosupresor y ciertas características individuales de la respuesta inmunitaria. Un mayor desajuste en las moléculas HLA se asocia a un mayor número de linfocitos T reactivos contra el injerto. Si desea profundizar en conceptos asociados a la inmunología del trasplante, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una crisis de rechazo
La base inmunológica: reconocimiento alogénico
Formas de rechazo según su cronología
Preguntas frecuentes
¿Qué se entiende por "crisis" en el contexto del rechazo de un trasplante?
¿Todo rechazo agudo es una crisis de rechazo?
¿Se puede tener más de una crisis de rechazo?
¿Por qué unos pacientes rechazan y otros no?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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