DICCIONARIO MÉDICO
Corona radiata
Corona radiata es un término con doble acepción médica. En neuroanatomía, nombra el amplio abanico de fibras de sustancia blanca que conecta la cápsula interna con la corteza cerebral. En embriología, designa la capa de células foliculares que envuelve al ovocito tras la ovulación. El nombre proviene del latín corōna radiāta, literalmente «corona radiante» o «corona con rayos». Tanto en el cerebro como alrededor del óvulo, las estructuras que reciben este nombre comparten una morfología radiada: fibras o células que se proyectan desde un centro hacia la periferia, recordando los rayos de una diadema solar. No existe ninguna relación funcional entre ambas acepciones; comparten denominación solo por analogía visual. En cada hemisferio del cerebro, las fibras de proyección que ascienden desde la cápsula interna se abren en abanico hacia la corteza, formando una lámina de sustancia blanca que ocupa todo el espacio subcortical entre el ventrículo lateral y la superficie cerebral. Esa lámina es la corona radiata. Hacia arriba, se continúa con el centro semioval; hacia abajo, las fibras convergen y se condensan en la cápsula interna, un paso obligado para la mayor parte del tráfico nervioso que va y viene de la corteza. Las fibras de la corona radiata no son homogéneas. Incluyen fibras motoras descendentes (el tracto corticoespinal, el corticobulbar y el corticopontino), fibras sensitivas ascendentes que llevan información somatosensorial hacia la corteza parietal, y fibras talamocorticales que conectan los núcleos talámicos con áreas corticales específicas. El haz corticoespinal, por ejemplo, desciende desde la corteza motora primaria a través de la corona radiata, se concentra en el brazo posterior de la cápsula interna y continúa hacia el tronco del encéfalo y la médula espinal. Las fibras de un hemisferio se comunican con las del hemisferio opuesto a través del cuerpo calloso. Hay un detalle que se pasa por alto a menudo: parte de las fibras comisurales del cuerpo calloso atraviesan la corona radiata en su recorrido hacia la corteza contralateral, de modo que en esta región se entrecruzan fibras de proyección y fibras comisurales. Una lesión vascular (infarto lacunar, hemorragia hipertensiva) en la corona radiata puede interrumpir las vías motoras o sensitivas que la atraviesan. Los infartos pequeños en esta zona son frecuentes en pacientes con hipertensión arterial o diabetes de larga evolución, porque las arterias perforantes que irrigan la sustancia blanca profunda son especialmente vulnerables a la enfermedad de pequeño vaso cerebral. La consecuencia clínica depende de qué fibras se afecten: debilidad motora contralateral si se dañan las fibras corticoespinales, pérdida sensitiva si se afectan las talamocorticales. En embriología, la corona radiata es la estructura de células que rodea al ovocito secundario tras la ovulación. Consiste en dos a cuatro capas de células foliculares (células de la granulosa) adheridas a la zona pelúcida, la cubierta glucoproteica que protege al óvulo. Estas células no son meras acompañantes pasivas. Convierten glucosa en piruvato y lo transfieren al ovocito a través de uniones gap, actuando como una fuente de energía durante el tránsito por la trompa de Falopio. También secretan progesterona a concentraciones locales que sirven de señal quimiotáctica para los espermatozoides. Durante la fecundación, la corona radiata constituye la primera barrera que el espermatozoide debe atravesar. La hialuronidasa liberada desde el acrosoma espermático dispersa las células de la corona al degradar el ácido hialurónico que las mantiene cohesionadas. Solo después de superar esta capa, el espermatozoide alcanza la zona pelúcida y se une a ella. Porque ambas presentan una disposición radiada: las fibras de la sustancia blanca irradian desde la cápsula interna hacia la corteza, y las células foliculares se disponen radialmente alrededor del ovocito. La anatomía latina denominaba corona a cualquier estructura con disposición circular o estrellada, y el adjetivo radiata subraya los «rayos» que parten del centro. Depende de la localización y la extensión del daño. Los infartos lacunares en esta zona pueden producir debilidad en un lado del cuerpo, alteraciones sensitivas o dificultades del habla. En muchos casos el pronóstico funcional es aceptable si la lesión es pequeña, pero la acumulación de varias lesiones contribuye al deterioro cognitivo vascular. Sí. Las células de la corona se dispersan durante y después de la fecundación, a medida que las enzimas del acrosoma y los movimientos mecánicos del espermatozoide las separan de la zona pelúcida. Los restos celulares acompañan al embrión durante sus primeras divisiones y terminan por desprenderse antes de la implantación. Si desea profundizar en las estructuras mencionadas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la corona radiata
La corona radiata cerebral
Relevancia clínica de las lesiones en la corona radiata
La corona radiata del ovocito
Preguntas frecuentes
¿Por qué dos estructuras tan distintas comparten el mismo nombre?
¿Qué pasa si se lesiona la corona radiata cerebral?
¿La corona radiata del ovocito desaparece tras la fecundación?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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