DICCIONARIO MÉDICO
Conjuntivitis de las piscinas
Conjuntivitis de las piscinas es el nombre popular con el que se conoce la conjuntivitis de inclusión, una infección ocular por Chlamydia trachomatis (serotipos D-K). El término refleja una vía de contagio que fue relevante antes de la cloración generalizada de las piscinas públicas. A mediados del siglo XX, las piscinas públicas con desinfección deficiente se identificaron como focos de brotes de conjuntivitis por C. trachomatis. El agua actuaba como vehículo: los bañistas infectados depositaban la bacteria en el medio acuático y otros la adquirían por contacto con la conjuntiva. La literatura anglosajona acuñó el nombre swimming pool conjunctivitis, que se tradujo directamente al español como "conjuntivitis de las piscinas". La cloración sistemática acabó con la mayor parte de esos brotes en países industrializados. Hoy, la inmensa mayoría de los casos de conjuntivitis de inclusión se transmiten por contacto con secreciones genitales infectadas, no por el agua de una piscina. El nombre ha quedado como reliquia terminológica, útil para reconocerlo en textos antiguos o en el habla coloquial, pero engañoso si se interpreta al pie de la letra. Se trata de la misma entidad. La diferencia es puramente nominal: "conjuntivitis de las piscinas" describe la vía de contagio que motivó el nombre, mientras que conjuntivitis de inclusión alude al hallazgo microscópico que la caracteriza (los cuerpos de inclusión intracelulares formados por la bacteria dentro de las células epiteliales). Para una descripción completa del mecanismo de infección, los serotipos implicados, las formas clínicas del adulto y del recién nacido, y la diferenciación con el tracoma, puede consultarse la entrada de conjuntivitis de inclusión. Con los niveles de cloro que se exigen en las piscinas públicas actuales, el riesgo de contraer una infección por C. trachomatis a través del agua es prácticamente nulo. El cloro destruye la bacteria con rapidez. Cuando un paciente adulto presenta conjuntivitis de inclusión, la investigación se dirige a la vía sexual, que es la causa documentada en la gran mayoría de los casos contemporáneos. Sí existen, en cambio, otras conjuntivitis que pueden adquirirse en piscinas y que no tienen relación con C. trachomatis: irritaciones químicas por cloro en concentración excesiva, conjuntivitis víricas por adenovirus en instalaciones con higiene deficiente, o conjuntivitis alérgicas de contacto. Ninguna de estas corresponde a lo que clínicamente se denomina conjuntivitis de inclusión. Sí, son dos nombres para la misma infección. Uno nació de la epidemiología de mediados del siglo XX; el otro, del hallazgo microscópico que la define. Se entiende, pero ha caído en desuso en la literatura clínica porque resulta impreciso. Un oftalmólogo actual empleará "conjuntivitis de inclusión" o "conjuntivitis por clamidia", que reflejan mejor la etiología y la vía de contagio predominante. Lo más probable es que no. La irritación ocular tras el baño se debe con mayor frecuencia al cloro o a agentes víricos. La conjuntivitis de inclusión requiere la presencia de C. trachomatis, y su contagio en piscinas correctamente cloradas es hoy muy improbable. Si desea profundizar en conceptos asociados a la conjuntivitis de las piscinas, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Por qué "de las piscinas"
Relación con la conjuntivitis de inclusión
¿Puede contagiarse hoy en una piscina?
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo "conjuntivitis de las piscinas" que conjuntivitis de inclusión?
¿El nombre sigue siendo médicamente correcto?
Si tengo conjuntivitis después de bañarme en una piscina, ¿es conjuntivitis de inclusión?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026