DICCIONARIO MÉDICO
Colecistitis aguda
La colecistitis aguda es la inflamación súbita de la vesícula biliar, provocada en la mayoría de los casos por la impactación de un cálculo en el conducto cístico. Constituye una de las urgencias quirúrgicas abdominales más frecuentes. Se trata de la presentación más habitual de la colecistitis. El adjetivo aguda (del latín acutus, puntiagudo, agudo) indica que el proceso se instaura de forma brusca y progresa en horas, frente a la colecistitis crónica, cuyo curso es lento y acumulativo. Etimológicamente, colecistitis combina χολή (cholḗ, bilis), κύστις (kýstis, vejiga) y el sufijo -itis (inflamación), de modo que el nombre completo describe una inflamación aguda de la bolsa de la bilis. Más del 90 % de los episodios se asocian con colelitiasis. El cálculo se impacta en el cuello vesicular o en el conducto cístico, impidiendo la salida de bilis. La vesícula se distiende, la mucosa se lesiona por la presión y por la acción citotóxica de los ácidos biliares concentrados, y se desencadena una respuesta inflamatoria que puede complicarse con sobreinfección bacteriana. Cuando el cálculo obstruye el conducto cístico, la bilis no puede abandonar la vesícula. La presión intraluminal sube y la pared se edematiza. Los vasos sanguíneos de la pared vesicular, comprimidos por la distensión, dejan de irrigar con normalidad el tejido, generando isquemia. Si la obstrucción se prolonga más allá de unas horas, las bacterias del intestino (principalmente Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae) colonizan la bilis retenida. La progresión depende del tiempo. En las fases iniciales predomina el edema; más adelante aparecen microabscesos en la pared. En casos graves, la necrosis transmural puede conducir a perforación de la vesícula, con vertido de bilis infectada al peritoneo. Esta complicación, que recibe el nombre de coleperitoneo, exige intervención quirúrgica urgente. Desde 2007, las guías de Tokio (Tokyo Guidelines, revisadas sucesivamente en 2013, 2018 y su última actualización) establecen tres grados de gravedad para la colecistitis aguda, lo que orienta la decisión sobre el momento y el tipo de intervención. El grado I (leve) corresponde a la inflamación vesicular sin afectación orgánica ni criterios de gravedad local. El grado II (moderado) incluye signos de inflamación local avanzada: masa palpable, leucocitosis marcada, duración superior a 72 horas o complicaciones locales como gangrena, absceso pericolecístico o perforación contenida. El grado III (grave) se define por la presencia de disfunción orgánica asociada (cardiovascular, renal, neurológica, hepática, hematológica o respiratoria). Esta estratificación no solo tiene valor académico. Determina si el paciente se beneficia de una colecistectomía laparoscópica precoz, de un drenaje percutáneo como puente (colecistostomía percutánea) o de un manejo conservador inicial con cirugía diferida. Entre un 5 y un 10 % de las colecistitis agudas carecen de cálculos. Se presentan en pacientes críticos: politraumatizados, grandes quemados, postoperados de cirugía mayor o pacientes con nutrición parenteral prolongada. La fisiopatología combina estasis biliar, isquemia de la pared vesicular y, en ocasiones, infección oportunista. Su mortalidad es alta, superior al 30 % en algunas series, en buena medida porque la identificación del cuadro suele demorarse en un paciente ya gravemente enfermo. El cólico biliar es un dolor que dura entre 30 minutos y unas horas y cede cuando el cálculo se desimpacta. La colecistitis aguda implica inflamación persistente de la pared vesicular: el dolor no remite espontáneamente, suele haber fiebre y los análisis muestran elevación de marcadores inflamatorios. Son un consenso internacional, publicado por primera vez en 2007 y revisado periódicamente, que clasifica la colecistitis aguda en tres grados de gravedad (leve, moderado, grave) y establece recomendaciones sobre el tipo y el momento del abordaje quirúrgico o intervencionista. Depende. La colecistectomía precoz es la recomendación habitual en los grados I y II. En el grado III, con disfunción orgánica, puede optarse por la colecistostomía percutánea como medida temporal hasta que el paciente se estabilice. Sí, y de hecho es frecuente si no se extirpa la vesícula. Los episodios repetidos conducen a la colecistitis crónica, con fibrosis progresiva de la pared vesicular y pérdida funcional del órgano. Si desea profundizar en conceptos asociados a la colecistitis aguda, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la colecistitis aguda
Fisiopatología de la obstrucción
Clasificación por gravedad: las guías de Tokio
Colecistitis aguda acalculosa
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia la colecistitis aguda de un cólico biliar?
¿Qué son las guías de Tokio?
¿Es siempre necesaria la cirugía?
¿Puede repetirse un episodio de colecistitis aguda?
Referencias
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