DICCIONARIO MÉDICO
Cesárea
La cesárea es una intervención quirúrgica obstétrica mediante la cual se extrae al feto a través de una incisión en la pared abdominal (laparotomía) y otra en el útero (histerotomía). La Organización Mundial de la Salud estima que la proporción de cesáreas en una población no debería superar el 10-15 % de los nacimientos, aunque las cifras reales en muchos países duplican o triplican esa recomendación. La cesárea consiste en la apertura quirúrgica del abdomen y del útero para extraer al feto, la placenta y las membranas ovulares. Se recurre a ella cuando el parto por vía vaginal no resulta posible o entraña riesgos que desaconsejan esa vía. El origen de la palabra sigue siendo objeto de debate entre filólogos. Procede de la expresión latina sectio caesarea, documentada por primera vez en textos renacentistas del siglo XVI. Una tradición muy difundida la vincula con Julio César, basándose en un pasaje de Plinio el Viejo (Naturalis historia, 7.47) que atribuía el cognomen Caesar a un antepasado nacido «por corte del vientre materno» (a caeso matris utero). Hoy se sabe que César no nació de ese modo; su madre, Aurelia Cota, vivió muchos años después del parto, lo cual habría sido inviable con la cirugía de la época. Isidoro de Sevilla recogió esa misma creencia en sus Etimologías (9.12) y la extendió durante toda la Edad Media. Otra explicación remite a una lex regia atribuida al rey Numa Pompilio (siglo VII a. C.), recogida en el Digesto (D. 11, 8, 2), que obligaba a extraer el feto del vientre de la mujer que fallecía estando embarazada para intentar salvarlo o, al menos, separarlos antes de la inhumación. En Roma se relacionó popularmente el nombre Caesar con el verbo caedere («cortar»), cuyo participio es caesum, pero la filología moderna considera probable que Caesar sea un cognomen de origen etrusco sin relación con ese verbo. En cualquier caso, la asociación entre el corte y el nombre arraigó lo bastante como para que François Rousset, en su tratado de 1581, consolidara el término sectio caesarea en la literatura obstétrica. Durante la Antigüedad y gran parte del Medievo, la cesárea se practicó exclusivamente en mujeres fallecidas. La finalidad era salvar al feto o cumplir prescripciones religiosas que exigían enterrar a madre e hijo por separado. En 1500, en Siegershausen (Suiza), Jacob Nufer realizó lo que se considera la primera cesárea documentada en una mujer viva que sobrevivió. Nufer no era médico, sino castrador de cerdos, detalle que los historiadores de la medicina suelen subrayar con cierto asombro. Su esposa había padecido un parto prolongado y obstruido durante varios días; trece comadronas la habían asistido sin éxito. Nufer obtuvo permiso de las autoridades locales, practicó la incisión y tanto la madre como el niño sobrevivieron. La madre tuvo después cinco partos vaginales, incluido un embarazo gemelar. La mortalidad materna permaneció altísima hasta que se generalizaron la asepsia, la anestesia y la sutura uterina ya bien entrado el siglo XIX. La incisión segmentaria transversal baja, que redujo drásticamente la hemorragia y mejoró la cicatrización, se popularizó a partir de las primeras décadas del siglo XX. Cesárea electiva o programada. Se decide antes de que comience el trabajo de parto, habitualmente a partir de la semana 39 de gestación, en mujeres con condiciones que desaconsejan la vía vaginal: presentación podálica persistente, placenta previa oclusiva, antecedente de cesárea corporal clásica, o infecciones maternas con riesgo de transmisión vertical. Se distingue de la cesárea electiva la cesárea en curso de parto (llamada también «de recurso»), que se indica durante el trabajo de parto cuando la dilatación no progresa, cuando la respuesta a la inducción es insuficiente o cuando se comprueba una distocia mecánica. No existe en estos casos un riesgo vital inmediato para la madre ni para el feto, pero la vía vaginal deja de ser viable. Cesárea urgente. Obedece a una complicación aguda que compromete la vida materna o fetal: desprendimiento prematuro de placenta, prolapso del cordón umbilical, sufrimiento fetal agudo o rotura uterina. La extracción debe realizarse en los minutos siguientes a la indicación. La inmensa mayoría de las cesáreas actuales emplea una incisión segmentaria transversal baja, que secciona el segmento inferior del útero por debajo del repliegue peritoneal. Esta zona muscular, más delgada y menos vascularizada que el cuerpo uterino, sangra menos y cicatriza con mayor solidez, lo que permite contemplar un parto vaginal en gestaciones posteriores. La cesárea corporal o clásica (incisión longitudinal sobre el cuerpo del útero) se reserva hoy para situaciones muy concretas: prematuridad extrema con segmento inferior no formado, miomatosis masiva, carcinoma cervical o histerotomía seguida de histerectomía programada. La cicatriz que deja atraviesa la musculatura uterina en sentido vertical y soporta peor las contracciones de un parto futuro. Las cifras varían enormemente según la región. España registra tasas cercanas al 25-27 %, Estados Unidos alrededor del 32 %, y varios países latinoamericanos superan el 40 % (México se sitúa en torno al 46 % y Colombia ronda el 43 %). En el polo opuesto, muchos países subsaharianos permanecen por debajo del 5 %, un nivel que la OMS considera insuficiente y que se asocia a mayor morbimortalidad materna y neonatal. El aumento global de las tasas durante las últimas décadas ha generado un debate sostenido en la comunidad obstétrica, porque la cesárea sigue siendo una cirugía mayor y la recuperación materna es más lenta que la del parto vaginal. De la expresión latina sectio caesarea, que no se documenta antes del siglo XVI. La vinculación con Julio César se basa en un malentendido de Plinio el Viejo: el cognomen Caesar probablemente sea de origen etrusco, aunque la creencia popular lo asoció al verbo caedere («cortar»). Esa falsa etimología caló tan hondo que acabó generando la palabra que empleamos hoy. No. La cesárea programada se decide con antelación, cuando una condición materna o fetal conocida desaconseja el parto vaginal, y suele realizarse a partir de la semana 39 para minimizar riesgos respiratorios en el recién nacido. La urgente responde a una complicación aguda que exige extracción inmediata. Estudios poblacionales muestran que por debajo del 10 % quedan sin cubrir cesáreas médicamente necesarias, lo que eleva la mortalidad materna y neonatal. Por encima del 15 %, los beneficios adicionales se diluyen mientras los riesgos quirúrgicos se acumulan. La cifra no es un techo rígido para cada hospital, sino una referencia epidemiológica para sistemas de salud completos. Depende del tipo de incisión uterina previa, del número de cesáreas anteriores y de las condiciones del embarazo actual. Con una incisión segmentaria transversal baja y un único antecedente de cesárea, la mayoría de las mujeres que lo intentan logran un parto vaginal exitoso, aunque existe un riesgo bajo de rotura uterina que obliga a una vigilancia estrecha durante el trabajo de parto. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cesárea, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cesárea
De la intervención post mortem a la cirugía en mujer viva
Tipos de cesárea según el momento de indicación
Incisión uterina y variantes técnicas
Epidemiología y tasas mundiales
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «cesárea»?
¿Es lo mismo una cesárea programada que una cesárea urgente?
¿Por qué la OMS fija un límite del 10-15 %?
¿Es posible el parto vaginal después de una cesárea?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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