DICCIONARIO MÉDICO
Azotemia
La azotemia es la elevación anormal de los compuestos nitrogenados en la sangre, fundamentalmente urea y creatinina. No constituye una enfermedad en sí misma, sino un hallazgo de laboratorio que señala una alteración en la capacidad del riñón para depurar los productos finales del metabolismo proteico. Se clasifica en tres tipos según el nivel al que se produzca la disfunción: prerrenal, renal (intrínseca) y posrenal. El nombre combina el francés azote («nitrógeno», acuñado por Lavoisier en 1787 a partir del griego ἀ-, «sin», y ζωή, «vida», porque el nitrógeno puro no sostiene la respiración) con el sufijo griego -αιμία (-aimía, «presencia en sangre»). Azotemia significa, literalmente, «nitrógeno en sangre». Lavoisier eligió azote para denominar al gas que, a diferencia del oxígeno, no mantenía viva la llama ni al animal encerrado con él; esa etimología negativa resulta curiosamente apropiada en el contexto clínico, donde la acumulación de compuestos nitrogenados indica que algo ha dejado de funcionar. En la práctica nefrológica, los dos marcadores que definen la azotemia son el BUN (nitrógeno ureico en sangre) y la creatinina sérica. La relación entre ambos (BUN/creatinina) aporta información valiosa sobre el origen del problema: en condiciones normales se sitúa entre 10:1 y 20:1, pero se eleva por encima de 20:1 cuando la causa es prerrenal. Es la forma más frecuente en pacientes hospitalizados. Se produce cuando el flujo sanguíneo que llega al riñón disminuye lo suficiente para comprometer la filtración glomerular, pero el parénquima renal permanece intacto. El riñón, en un intento de compensar la hipoperfusión, reabsorbe más intensamente agua y solutos en el túbulo proximal; como la urea es una molécula pequeña y permeable que se reabsorbe pasivamente con el agua, su concentración en sangre sube de forma desproporcionada respecto a la creatinina (que apenas se reabsorbe). De ahí el cociente BUN/creatinina elevado, un dato que los nefrólogos utilizan como pista inicial. Las causas habituales son la deshidratación, la hemorragia aguda, la insuficiencia cardíaca con gasto bajo y los estados de shock. Si se corrige la perfusión a tiempo, la función renal se recupera. La demora, sin embargo, puede convertir una azotemia prerrenal en un daño renal intrínseco por necrosis tubular isquémica. Aquí el problema reside en el propio tejido renal. La necrosis tubular aguda (por isquemia prolongada o por tóxicos), las glomerulonefritis y la nefritis intersticial aguda son causas representativas. El filtrado glomerular cae porque las estructuras encargadas de la filtración, la reabsorción o ambas están dañadas. La relación BUN/creatinina suele mantenerse en torno a 10:1, porque la reabsorción tubular de urea también se ve comprometida. Un matiz que conviene retener: los fármacos nefrotóxicos (aminoglucósidos, antiinflamatorios no esteroideos, contrastes yodados) pueden causar azotemia renal en pacientes que ingresaron con función renal normal. Es un problema evitable y, en ese sentido, distinto de la patología glomerular primaria. Se origina por una obstrucción en las vías urinarias que impide la excreción normal de orina. La presión retrógrada transmitida hacia los túbulos y los glomérulos reduce la filtración y provoca la acumulación de nitrogenados. Cálculos ureterales bilaterales, la hiperplasia benigna de próstata y los tumores pélvicos que comprimen los uréteres son escenarios frecuentes. El cociente BUN/creatinina puede estar elevado (como en la prerrenal) porque la estasis de orina favorece la reabsorción pasiva de urea. Los dos términos se confunden con frecuencia, pero designan realidades diferentes. La azotemia es estrictamente bioquímica: un dato de laboratorio, un número alto de urea o creatinina en sangre. La uremia, en cambio, es un síndrome clínico que aparece cuando la acumulación de toxinas urémicas alcanza niveles que provocan manifestaciones sistémicas: náuseas, pericarditis, neuropatía periférica, encefalopatía, aliento urémico. Toda uremia implica azotemia, pero la azotemia no necesariamente progresa a uremia si se identifica y corrige a tiempo la causa subyacente. De azote, nombre francés del nitrógeno (del griego ἀ-, «sin», y ζωή, «vida», porque el gas no sostiene la vida), más el sufijo -emia («en sangre»). Lavoisier acuñó azote en 1787 al comprobar que este gas, a diferencia del oxígeno, extinguía la llama y asfixiaba a los animales. No exactamente. La azotemia es un hallazgo analítico; la insuficiencia renal es una entidad clínica establecida. La azotemia prerrenal, por ejemplo, puede revertir con la reposición de líquidos sin que haya existido daño renal propiamente dicho. Solo cuando la lesión es lo bastante intensa o prolongada se configura una insuficiencia renal establecida. El cociente BUN/creatinina es la primera aproximación: superior a 20:1 orienta a causa prerrenal. Además, en la azotemia prerrenal la fracción de excreción de sodio (FENa) suele ser inferior al 1 %, lo que refleja que el túbulo reabsorbe ávidamente sodio para retener volumen. En la forma renal intrínseca, la FENa suele superar el 2 % porque el túbulo dañado pierde capacidad de reabsorción. Sí. En sus fases iniciales, sobre todo cuando es prerrenal y leve, el paciente puede no notar nada. Las manifestaciones clínicas aparecen cuando la acumulación de productos nitrogenados alcanza niveles suficientes para producir un cuadro urémico, o cuando la causa subyacente (deshidratación, obstrucción) genera molestias por sí misma. Si desea profundizar en conceptos asociados a la azotemia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la azotemia
Azotemia prerrenal
Azotemia renal intrínseca
Azotemia posrenal
Diferenciación con la uremia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra azotemia?
¿La azotemia es lo mismo que la insuficiencia renal?
¿Cómo se distingue la azotemia prerrenal de la renal?
¿Puede la azotemia pasar inadvertida?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026