DICCIONARIO MÉDICO
Antipalúdico
Un antipalúdico (también llamado antimalárico) es toda sustancia capaz de prevenir o combatir la infección causada por protozoos del género Plasmodium, transmitidos al ser humano por la picadura de mosquitos del género Anopheles. La quinina, aislada de la corteza del quino sudamericano, fue el primer antipalúdico conocido, y la historia de estos fármacos se entrelaza con la de la colonización, la botánica y dos premios Nobel. Etimológicamente, la voz antipalúdico combina el prefijo griego ἀντί (antí, "contra") con el adjetivo palúdico, derivado del latín palus, paludis ("pantano, ciénaga"). La asociación entre las zonas pantanosas y las fiebres intermitentes se conocía desde la Antigüedad: los romanos ya evitaban construir cerca de aguas estancadas, y la propia palabra malaria proviene del italiano mal'aria, "mal aire", porque se atribuía la enfermedad a las emanaciones de los pantanos. El agente causal real, un parásito protozoario, no se identificó hasta 1880, cuando el médico militar francés Charles Louis Alphonse Laveran observó formas pigmentadas en la sangre de pacientes febriles en Argelia. En sentido farmacológico, antipalúdico designa cualquier agente que interfiera con alguna etapa del ciclo vital del Plasmodium dentro del organismo humano. Ese ciclo es complejo: el parásito pasa por una fase hepática tras la inoculación, luego invade los eritrocitos (donde se reproduce, los destruye y vuelve a invadir nuevos glóbulos rojos) y finalmente genera formas sexuales que el mosquito ingiere para reiniciar la transmisión. Cada etapa ofrece una ventana de vulnerabilidad distinta, y los antipalúdicos se clasifican en buena medida por la fase del ciclo a la que van dirigidos. Antes de que existiera la farmacología moderna, los pueblos quechua de los Andes utilizaban la corteza de un árbol del género Cinchona para aliviar los escalofríos. Fueron misioneros jesuitas quienes introdujeron esa corteza en Europa durante el siglo XVII, y la sustancia recibió el nombre popular de "polvo de los jesuitas". El prestigio del remedio fue desigual: en la Inglaterra protestante generó una desconfianza considerable, mientras que en la Roma papal se adoptó con entusiasmo. En 1820, los químicos franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou consiguieron aislar el alcaloide responsable de la actividad antipalúdica y lo bautizaron como quinina. Ese aislamiento marcó un antes y un después, porque convirtió un remedio empírico en un compuesto químico reproducible. La quinina fue, durante más de un siglo, el único recurso farmacológico eficaz contra el paludismo. Esquizonticidas sanguíneos. Actúan sobre las formas del parásito que se multiplican dentro de los eritrocitos (la fase responsable de la fiebre y la destrucción de glóbulos rojos). La quinina y sus derivados sintéticos pertenecen a este grupo. El mecanismo más estudiado consiste en la acumulación del fármaco en la vacuola digestiva del parásito, donde interfiere con la detoxificación del grupo hemo liberado durante la digestión de la hemoglobina del huésped. Sin esa detoxificación, el hemo libre resulta tóxico para el propio Plasmodium. Esquizonticidas hepáticos. Eliminan las formas del parásito que residen en el hígado antes de pasar a la sangre, o las formas latentes (hipnozoítos) que P. vivax y P. ovale pueden mantener durante meses o años y que son responsables de las recaídas tardías. Estos fármacos previenen la reaparición de la enfermedad cuando el parásito parece haber desaparecido de la circulación. Gametocitocidas. Destruyen las formas sexuales del parásito circulantes en la sangre del paciente. No benefician directamente al enfermo, pero interrumpen la cadena de transmisión al impedir que el mosquito se infecte al picar. Su interés es epidemiológico. Artemisininas. Merecen mención aparte. Derivan de la planta Artemisia annua (ajenjo dulce), utilizada en la medicina tradicional china desde hace más de dos mil años. La farmacóloga china Tu Youyou aisló el principio activo en 1972, y en 2015 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por ese hallazgo. Actúan con rapidez sobre las formas sanguíneas del parásito mediante un mecanismo que implica la generación de radicales libres a partir de un puente endoperóxido presente en su estructura molecular. Algunos antipalúdicos poseen propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias que se descubrieron de forma casi accidental. Ya en 1894, el médico londinense John Payne observó mejoría en pacientes con lupus cutáneo que recibían quinina para la fiebre. Esa observación abrió una segunda vida para estos fármacos en reumatología y dermatología, donde ciertos derivados se utilizan como agentes de fondo en enfermedades autoinmunes. El mecanismo exacto de esa acción inmunomoduladora no se conoce por completo, aunque se ha relacionado con la interferencia en la presentación de antígenos y la inhibición de la señalización de receptores de tipo Toll. Todo antipalúdico es un antiparasitario, pero no todo antiparasitario es antipalúdico. La categoría de antiparasitario abarca fármacos dirigidos contra helmintos, protozoos intestinales, ectoparásitos y otros organismos parásitos. Los antipalúdicos constituyen un subgrupo específico, diseñado para actuar contra las particularidades bioquímicas del Plasmodium y las fases concretas de su ciclo vital. Un fármaco activo frente a amebas o tripanosomas no tiene por qué ser eficaz frente a la malaria, y viceversa. Del griego ἀντί (antí, "contra") y el latín palus, paludis ("pantano"). El término refleja la antigua creencia de que las fiebres intermitentes se originaban en las emanaciones de las ciénagas. La palabra alternativa, antimalárico, comparte esa lógica: mal'aria significa "mal aire" en italiano. Sí. Ambos términos se usan indistintamente en la literatura médica en español. "Antipalúdico" predomina en la tradición española y latinoamericana; "antimalárico" es un calco más reciente del inglés antimalarial, frecuente en publicaciones internacionales. No. Algunos eliminan las formas sanguíneas del parásito y alivian los accesos febriles; otros atacan las formas hepáticas para prevenir recaídas; los hay que destruyen los gametocitos circulantes con el objetivo de cortar la transmisión a nuevos mosquitos. Hay antipalúdicos que se utilizan para la profilaxis del viajero y otros reservados exclusivamente para el episodio agudo. La elección depende de la especie de Plasmodium, la región geográfica y los patrones de resistencia locales. Tu Youyou, farmacóloga china, en 1972. Partió de un texto de medicina tradicional del siglo IV atribuido a Ge Hong, que describía la maceración en agua fría de la planta Artemisia annua para aliviar las fiebres. El hallazgo le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2015 y constituye uno de los ejemplos más citados de integración entre la etnobotánica y la farmacología contemporánea. Si desea profundizar en conceptos asociados al antipalúdico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antipalúdico
La corteza del quino y los jesuitas
Clasificación según la fase del ciclo parasitario
Uso fuera del paludismo
Diferenciación con antiparasitario
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antipalúdico?
¿Es lo mismo antipalúdico que antimalárico?
¿Todos los antipalúdicos sirven para lo mismo?
¿Quién descubrió la artemisinina?
Referencias
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