DICCIONARIO MÉDICO
Antiparasitario
Un antiparasitario es cualquier agente, natural o sintético, que destruye los parásitos o inhibe su crecimiento y reproducción. El concepto abarca desde compuestos activos frente a protozoos unicelulares (como Plasmodium o Leishmania) hasta los dirigidos contra helmintos multicelulares (nematodos, cestodos) y ectoparásitos como piojos o ácaros. Dentro de la clasificación de los antimicrobianos, los antiparasitarios constituyen una de las cuatro grandes familias, junto con los antibióticos, los antivíricos y los antifúngicos. La Real Academia Española define antiparasitario como adjetivo: «que combate los parásitos o evita su aparición», con uso frecuente como sustantivo masculino referido a medicamentos o sustancias. Su construcción reúne el prefijo griego ἀντί (antí, «contra») y el adjetivo parasitario, derivado de parásito. Esta última voz procede del griego παράσιτος (parásitos), compuesto de παρά (pará, «al lado de, junto a») y σῖτος (sîtos, «alimento, grano»). El parásito es, literalmente, «el que come junto a otro», una imagen que en la Grecia clásica designaba al comensal que se sentaba a la mesa ajena sin contribuir al banquete. La biología trasladó la metáfora al organismo que vive a expensas de su hospedador. Resulta significativo que el primer antiparasitario eficaz de la historia occidental precediera en varios siglos a la identificación del agente al que combatía. Los pueblos indígenas del actual Perú conocían las propiedades febrífugas de la corteza del árbol de la quina, y los jesuitas introdujeron su uso en Europa hacia 1640 para las fiebres tercianas (lo que hoy llamamos paludismo). La quinina no se aisló de esa corteza hasta 1820, cuando los químicos franceses Pierre Joseph Pelletier y Joseph Bienaimé Caventou lograron extraerla. Y Plasmodium, el protozoo responsable del paludismo, no fue descrito hasta 1880 por el médico militar francés Charles Louis Alphonse Laveran, a quien la observación le valió el Nobel de Medicina en 1907. Los antiparasitarios se agrupan en función del organismo al que se dirigen. Los antiprotozoarios actúan contra protozoos unicelulares: amebas, tripanosomas, plasmodios, giardias y coccidios, entre otros. Cada género parasitario posee una biología suficientemente distinta como para requerir compuestos específicos; de ahí que un fármaco activo frente a amebas intestinales no sea necesariamente útil contra Plasmodium sanguíneo. Contra los gusanos parásitos se dirigen los antihelmínticos. La diversidad dentro de este grupo es enorme: el nematodo intestinal Ascaris lumbricoides, un gusano redondo de hasta 30 centímetros, tiene poco en común con el cestodo que causa la teniasis, una cinta segmentada que puede medir metros, o con las filarias que parasitan los vasos linfáticos. Esa heterogeneidad obliga a familias farmacológicas distintas, cada una diseñada para interferir con las particularidades metabólicas o neuromusculares de su diana. Existe una tercera categoría, los ectoparasiticidas, para los parásitos que viven sobre la superficie corporal del hospedador (piojos, ácaros de la sarna, garrapatas). Estos compuestos suelen aplicarse por vía tópica, lo que los diferencia de los dos grupos anteriores, cuya administración es casi siempre sistémica. Tras la quinina, la historia de los antiparasitarios avanzó con lentitud hasta bien entrado el siglo XX. El arsenal se amplió con compuestos antimoniales para la leishmaniasis y derivados sintéticos de la quinina para el paludismo, pero el salto cualitativo llegó en las décadas de 1970 y 1980 con dos descubrimientos independientes. El microbiólogo japonés Satoshi Ōmura y el parasitólogo irlandés William Campbell identificaron las avermectinas, una familia de compuestos producidos por la bacteria del suelo Streptomyces avermitilis, de los que derivó la ivermectina, activa frente a nematodos y ectoparásitos a dosis notablemente bajas. Casi al mismo tiempo, la farmacóloga china Tu Youyou aisló la artemisinina de la planta Artemisia annua, un compuesto eficaz contra Plasmodium falciparum resistente a los antipalúdicos convencionales. El Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2015 reconoció conjuntamente a Campbell y Ōmura (por la ivermectina) y a Tu Youyou (por la artemisinina). El galardón subrayó una realidad que la medicina de altos recursos tiende a olvidar: las enfermedades parasitarias siguen afectando a centenares de millones de personas, sobre todo en regiones tropicales y subtropicales, y la investigación en antiparasitarios ha recibido históricamente menos inversión que la dedicada a los antibacterianos. Antihelmíntico es un subconjunto del antiparasitario: todo antihelmíntico es antiparasitario, pero no todo antiparasitario es antihelmíntico, porque los antiprotozoarios y los ectoparasiticidas también caben bajo el paraguas. Antiinfeccioso ocupa un escalón superior en esa jerarquía: engloba antiparasitarios, antibióticos, antivíricos, antifúngicos y medidas no farmacológicas como la antisepsia. Del griego ἀντί («contra») y παράσιτος («el que come junto a otro»), formado por παρά («al lado de») y σῖτος («alimento»). En la Grecia clásica, parásitos era el comensal que se sentaba a la mesa sin contribuir al banquete; la biología reutilizó el término para el organismo que vive a expensas de otro. El adjetivo antiparasitario se aplica a toda sustancia capaz de combatir esa relación. No. Antihelmíntico se refiere exclusivamente a los compuestos activos contra helmintos (gusanos). Antiparasitario es más amplio: incluye también los antiprotozoarios y los ectoparasiticidas. La corteza del árbol de la quina, utilizada por pueblos indígenas del Perú contra las fiebres y difundida en Europa por los jesuitas desde el siglo XVII. El principio activo, la quinina, no se aisló hasta 1820. Desde entonces se ha mantenido como referencia histórica de los antipalúdicos, aunque hoy la artemisinina y sus derivados la han desplazado en muchas áreas endémicas. Las parasitosis afectan de forma desproporcionada a poblaciones con escasos recursos económicos, lo que reduce el incentivo comercial para la investigación farmacéutica. La Organización Mundial de la Salud agrupa muchas de ellas bajo la categoría de «enfermedades tropicales desatendidas». El Nobel de 2015 a Campbell, Ōmura y Tu Youyou fue, entre otras cosas, un reconocimiento a la importancia de invertir en este campo. Si desea profundizar en conceptos asociados al término antiparasitario, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antiparasitario
Categorías según el tipo de parásito diana
Contexto histórico y el Nobel de 2015
Diferenciación con antihelmíntico y antiinfeccioso
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra antiparasitario?
¿Es lo mismo antiparasitario que antihelmíntico?
¿Cuál fue el primer antiparasitario conocido?
¿Por qué las enfermedades parasitarias reciben menos atención farmacológica que las bacterianas?
Referencias
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