DICCIONARIO MÉDICO
Aneurisma sacular
El aneurisma sacular es una dilatación arterial con forma de saco o bolsa que protruye desde un punto localizado de la pared del vaso, conectado a la luz arterial a través de un cuello más o menos estrecho. Constituye el tipo morfológico más frecuente de aneurisma intracraneal, representando entre el 66 y el 98 % de todos los diagnosticados en las arterias cerebrales. También se denomina informalmente aneurisma «en baya» (berry aneurysm) por su semejanza con un fruto pequeño colgando del tallo de la arteria. Se trata de un aneurisma verdadero cuya dilatación afecta solo a un segmento circunscrito de la circunferencia arterial. Los fusiformes, por el contrario, implican toda la pared del vaso en su perímetro. El adjetivo «sacular» procede del latín sacculus ('saquito', diminutivo de saccus), voz que a su vez tiene raíz en el griego σάκκος (sákkos), prestamo probablemente semítico. Su tamaño varía desde unos pocos milímetros hasta más de 2,5 cm; por encima de ese umbral se habla de aneurisma sacular gigante. En la circulación intracraneal, los aneurismas saculares se forman preferentemente en las bifurcaciones del polígono de Willis, donde las fuerzas hemodinámicas son más intensas. Cerca del 85 % aparecen en la circulación anterior (arterias comunicante anterior, carótida interna y cerebral media), y solo un 15 % lo hacen en la circulación posterior. Hay una razón física concreta para esa predilección: en cada bifurcación, el flujo sanguíneo choca contra el ápice del ángulo de división, generando estrés mecánico repetido sobre un punto de la pared que, además, presenta con frecuencia defectos congénitos en la túnica media. Fuera del cerebro la situación es distinta. En la aorta torácica, especialmente en la zona del arco distal, pueden encontrarse aneurismas saculares vinculados a úlceras ateroscleróticas penetrantes, pero son menos habituales que los fusiformes. En la aorta abdominal infrarrenal su aparición es poco frecuente. La distinción importa desde el punto de vista del riesgo. Un aneurisma fusiforme dilata el vaso de manera simétrica a lo largo de un segmento extenso, sin cuello definido que lo separe de la luz normal. El sacular, en cambio, tiene una geometría asimétrica con un domo y un cuello, lo que le confiere un patrón de flujo diferente: la sangre entra por el cuello, genera un vórtice dentro del saco y tiende a depositar trombo en las zonas de flujo más lento. La relación entre el tamaño del domo y la anchura del cuello condiciona tanto el riesgo de rotura como las posibilidades de exclusión mediante técnicas endovasculares. Por su aspecto. Visto en una angiografía o en la mesa de autopsia, el saco recuerda a una baya sujeta a un pedúnculo corto. El término inglés berry aneurysm se ha incorporado con naturalidad a la jerga clínica en español, aunque la denominación formal sigue siendo «aneurisma sacular». No exactamente. «Sacular» describe la forma del aneurisma; «cerebral» o «intracraneal» describe su localización. Ocurre que la inmensa mayoría de los aneurismas cerebrales son saculares, de modo que en la práctica ambos términos se usan a menudo como si fueran intercambiables, pero no lo son: un aneurisma sacular puede aparecer también en la aorta o en arterias periféricas. No. Se estima que entre un 2 y un 3 % de la población alberga algún aneurisma intracraneal no roto, la mayoría saculares de pequeño tamaño. Solo una pequeña fracción llega a romperse a lo largo de la vida. Si desea ampliar información sobre los aneurismas y sus variedades, puede consultar estas definiciones del Diccionario médico:Qué es un aneurisma sacular
Localización y factores hemodinámicos
Diferenciación con el aneurisma fusiforme
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama también aneurisma «en baya»?
¿Es lo mismo un aneurisma sacular que un aneurisma cerebral?
¿Todos los aneurismas saculares acaban rompiéndose?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026