DICCIONARIO MÉDICO
Aneurisma disecante
El aneurisma disecante es el nombre clásico de la disección arterial, un proceso en el que un desgarro de la capa íntima permite que la sangre se infiltre entre las capas de la pared del vaso, creando un canal paralelo a la luz verdadera (denominado «falsa luz»). La aorta es la arteria afectada con mayor frecuencia, con una incidencia estimada de 3 a 6 casos por cada 100.000 habitantes y año, y un claro predominio masculino. Estrictamente, el término «aneurisma disecante» resulta inexacto, porque no siempre existe una dilatación aneurismática previa. Lo que ocurre es un desgarro primario de la íntima (o, en algunos casos, una hemorragia espontánea dentro de la túnica media) que permite la entrada a presión de la sangre arterial entre las capas de la pared. Esa sangre diseca la media, progresando en sentido anterógrado, retrógrado o ambos, y genera una segunda luz por la que circula sangre a presión. Si la adventicia cede, el resultado es una rotura libre; si la sangre vuelve a la luz verdadera a través de un segundo desgarro, se forma una reentrada. «Disecante» procede del latín dissecare ('cortar separando'), compuesto de dis- ('en direcciones distintas') y secare ('cortar'). La imagen es gráfica: la sangre, como un bisturí, separa las láminas de la pared arterial a lo largo de su eje longitudinal. La nomenclatura actual, tanto en las guías de la Sociedad Europea de Cardiología como en el Manual MSD, prefiere el término «disección aórtica» (aortic dissection) al clásico «aneurisma disecante», precisamente porque la dilatación no es obligatoria para que la disección ocurra. Aun así, la forma antigua persiste en el lenguaje clínico y en muchas clasificaciones hospitalarias. Dos sistemas de clasificación coexisten desde hace décadas. La clasificación de DeBakey, propuesta por el cirujano Michael DeBakey en 1965, distingue tres tipos según el origen del desgarro y la extensión de la disección: el tipo I se origina en la aorta ascendente y se extiende a la descendente; el tipo II queda limitado a la aorta ascendente; el tipo III comienza distal a la arteria subclavia izquierda (IIIa si no sobrepasa el diafragma, IIIb si lo hace). Stanford simplificó el esquema en 1970: tipo A (cualquier disección que afecte a la aorta ascendente, equivalente a DeBakey I y II) y tipo B (disección limitada a la aorta descendente, equivalente a DeBakey III). Esta segunda clasificación es la preferida en la práctica clínica actual, porque la implicación de la aorta ascendente es el factor que más condiciona la gravedad y el abordaje del cuadro. La hipertensión arterial está presente en cerca del 80 % de los pacientes que sufren una disección aórtica aguda, lo que la convierte en el factor de riesgo predominante. La edad media de presentación ronda los 63 años, y los varones se ven afectados con una frecuencia aproximadamente doble que las mujeres. Hay un segundo grupo, más joven, en el que la disección obedece a enfermedades hereditarias del tejido conectivo: el síndrome de Marfan (defecto de la fibrilina-1), el síndrome de Ehlers-Danlos vascular (defecto del colágeno tipo III) y el síndrome de Loeys-Dietz. La aterosclerosis, los traumatismos torácicos, las anomalías congénitas de la válvula aórtica (válvula bicúspide) y el consumo de estimulantes como la cocaína completan el espectro etiológico. Porque el proceso no requiere que exista un aneurisma previo. Una aorta de calibre normal puede sufrir una disección si la pared está debilitada. Las guías actuales prefieren «disección aórtica», que describe mejor el mecanismo real. Del latín dissecare, que significa «cortar separando». La sangre a presión separa las capas de la pared arterial como si las cortase longitudinalmente, de ahí la imagen. La de Stanford (tipo A y tipo B), por su sencillez y por su correlación directa con las decisiones clínicas: las disecciones tipo A, que afectan a la aorta ascendente, tienen una mortalidad mucho más elevada si no se intervienen. La de DeBakey (tipos I, II y III) se sigue empleando sobre todo en el ámbito quirúrgico. No. En la rotura de un aneurisma, la sangre sale de la arteria hacia los tejidos circundantes o hacia una cavidad corporal. En la disección, la sangre se infiltra dentro de la propia pared arterial, separando sus capas pero sin salir necesariamente del vaso. Son mecanismos distintos, aunque una disección puede complicarse con una rotura secundaria. Si desea ampliar información sobre los aneurismas y la patología de la pared arterial, puede consultar estas definiciones del Diccionario médico:Qué es un aneurisma disecante
Clasificaciones de Stanford y DeBakey
Factores predisponentes
Preguntas frecuentes
¿Por qué ya no se recomienda usar «aneurisma disecante»?
¿De dónde viene la palabra «disecante»?
¿Cuál es la clasificación más usada en la práctica?
¿Es lo mismo una disección que una rotura de aneurisma?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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