DICCIONARIO MÉDICO
Ampicilina
La ampicilina es una penicilina semisintética del grupo de las aminopenicilinas, con actividad frente a bacterias grampositivas como el Enterococcus y frente a determinadas bacterias gramnegativas que quedaban fuera del alcance de la penicilina original. Su código en la clasificación ATC es J01CA01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El nombre contrae «amino» y «penicilina». La molécula resulta de incorporar un grupo amino a la cadena lateral de la bencilpenicilina, lo que en la nomenclatura química clásica dio lugar a la denominación alfa-aminobencilpenicilina, término con el que todavía se la identifica en algunas fuentes farmacológicas (véase aminobencilpenicilina). No fue un hallazgo casual. Frank Doyle, John Nayler y Harry Smith la obtuvieron entre 1958 y 1961 en los laboratorios Beecham, en Reino Unido, a partir de la acilación del ácido 6-aminopenicilánico, el núcleo común a todas las penicilinas semisintéticas. Fue la primera penicilina capaz de resistir el pH ácido del estómago sin perder actividad, lo que permitió tratar por vía oral infecciones para las que antes solo servía la inyección. La ganancia, con todo, tuvo límites: su absorción oral no pasa del 30 al 40 por ciento, un rendimiento que impulsó el desarrollo posterior de ésteres como la bacampicilina. Fuera de la clínica, el gen que confiere resistencia a la ampicilina se emplea de forma rutinaria en biología molecular como marcador de selección, para comprobar si una bacteria ha incorporado un plásmido concreto. Como el resto de los betalactámicos, actúa uniéndose a las proteínas fijadoras de penicilina (PBP) situadas en la membrana bacteriana, que intervienen en las últimas fases de la síntesis del peptidoglicano de la pared celular. Al bloquearlas, se activan enzimas autolíticas propias de la bacteria que terminan por romper esa pared, incapaz ya de contener la presión osmótica interna. El resultado es bactericida, no solo bacteriostático. El espectro incluye bacterias grampositivas, entre ellas el Enterococcus y la Listeria monocytogenes, un microorganismo frente al que sigue siendo una de las pocas opciones fiables. También alcanza a un grupo de gramnegativas, como Escherichia coli, Proteus mirabilis, Haemophilus influenzae, Salmonella y Shigella, que la penicilina original nunca cubrió. Esa doble cobertura explica su presencia histórica en el tratamiento de infecciones tan distintas como la endocarditis, la meningitis o determinadas infecciones digestivas y urinarias. Ese margen amplio convive con una fragilidad conocida. Muchas cepas producen penicilinasas, enzimas capaces de romper el anillo betalactámico y anular el fármaco antes de que llegue a actuar. Por eso se combina a menudo con sulbactam, un inhibidor que protege el anillo y recupera parte de la actividad frente a esas cepas resistentes. La diferencia con la amoxicilina, su pariente más cercano, es mínima en la fórmula y notable en el resultado: un solo grupo hidroxilo añadido al anillo bencénico eleva la absorción oral hasta cerca del 70 por ciento, frente al 30 y el 40 por ciento de la ampicilina. Esa mejora bastó para que la amoxicilina desplazara a la ampicilina como primera opción oral en la mayoría de los usos ambulatorios, quedando esta última reservada sobre todo a la vía intravenosa en el hospital. Otra vía para sortear esa absorción limitada fueron los ésteres: bacampicilina, pivampicilina y metampicilina no son antibióticos distintos, sino formas químicas inactivas que se hidrolizan a ampicilina activa una vez atraviesan la pared intestinal. Ninguna aporta un espectro nuevo. Su única función es mejorar la cantidad de fármaco que llega a la sangre tras tomarlo por boca. Porque lo son. Aminobencilpenicilina, o alfa-aminobencilpenicilina, fue el nombre químico con el que se describió la molécula al sintetizarse a finales de los años cincuenta, antes de que se generalizara la denominación común internacional ampicilina, la única que se emplea hoy en la práctica clínica y en la prescripción. No. Comparten núcleo y mecanismo de acción, pero la amoxicilina se absorbe casi el doble por vía oral y ha sustituido a la ampicilina en la mayoría de las indicaciones ambulatorias. Por su actividad frente a Listeria monocytogenes y Enterococcus, dos microorganismos frente a los que las opciones terapéuticas siguen siendo limitadas seis décadas después de su descubrimiento. En infecciones como la endocarditis enterocócica o la listeriosis invasiva continúa considerándose una referencia. La resistencia mediada por penicilinasas, eso sí, le ha restado terreno frente a otros gérmenes que antes cubría sin dificultad, como buena parte de las cepas de Escherichia coli. Si desea ampliar información sobre la ampicilina y sus derivados, puede consultar:Qué es la ampicilina
Frente a qué bacterias actúa y por qué pierde eficacia con facilidad
Ampicilina, amoxicilina y los ésteres orales derivados
Preguntas frecuentes
¿Por qué la ampicilina y la aminobencilpenicilina se citan como si fueran lo mismo?
¿Es lo mismo que la amoxicilina?
¿Por qué se sigue usando si hay antibióticos más nuevos?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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