DICCIONARIO MÉDICO

Aeruginosa

Aeruginosa es un adjetivo latino que significa «semejante al cardenillo» y designa, en microbiología clínica, a Pseudomonas aeruginosa: un bacilo gramnegativo, aerobio estricto y oportunista, responsable de un porcentaje elevado de las infecciones adquiridas en el medio hospitalario. La Organización Mundial de la Salud lo clasifica como patógeno de prioridad alta en su lista de bacterias farmacorresistentes de 2024.

Qué es aeruginosa

El término procede del latín aeruginosus, -a, -um, derivado de aerugo, aeruginis, que a su vez viene de aes («cobre», «bronce»). Aerugo era la pátina verdosa que se forma sobre el cobre expuesto a la intemperie, lo que en castellano se conoce como cardenillo o verdín. Cuando el botánico Joseph Schroeter describió en 1872 el microorganismo con el nombre de Bacterium aeruginosum, eligió ese epíteto porque los cultivos presentaban un color azul verdoso muy parecido al del óxido de cobre. Walter Migula reclasificó la especie en 1900 dentro del género Pseudomonas, y la denominación Pseudomonas aeruginosa se mantuvo desde entonces como nombre válido.

Se trata de un bacilo recto o ligeramente curvado, de 2 a 4 micras de longitud, provisto de un flagelo polar que le confiere movilidad. Es gramnegativo, no forma esporas y utiliza el oxígeno como aceptor final de electrones en la respiración (aerobio estricto), aunque en condiciones anaerobias puede emplear el nitrato como alternativa. No fermenta la glucosa. Catalasa y oxidasa positivo.

Los pigmentos y el olor característico

Pocas bacterias se identifican en el laboratorio con tanta facilidad. P. aeruginosa produce varios pigmentos difusibles cuya combinación varía de una cepa a otra: la piocianina (de color azul, exclusiva de esta especie), la pioverdina o fluoresceína (amarillo-verdosa, fluorescente bajo luz ultravioleta) y, con menor frecuencia, la piorrubina (rojiza) y la piomelanina (marrón oscuro). El nombre clásico «bacilo piociánico» procede precisamente de la piocianina, del griego πύον (pýon, «pus») y κυανός (kyanós, «azul»), porque el pus de las heridas infectadas adquiría una tonalidad azulada que llamó la atención de los cirujanos del siglo XIX.

Hay otro rasgo que los microbiólogos reconocen al abrir la placa de cultivo: un olor dulzón, afrutado, que recuerda al de las uvas o al de la tortilla recién hecha. Ese aroma se debe a la 2-aminoacetofenona, un metabolito volátil que P. aeruginosa genera durante su crecimiento y que se ha investigado como posible marcador de detección en el aliento de pacientes con infección pulmonar crónica.

Ecología y capacidad de adaptación

P. aeruginosa no depende del huésped para sobrevivir, algo poco habitual entre los patógenos humanos. Coloniza con soltura el suelo, el agua dulce, las superficies húmedas de los hospitales y hasta los combustibles derivados del petróleo, donde es capaz de nutrirse de hidrocarburos. Su genoma, de los más extensos entre las bacterias (unos 6,3 millones de pares de bases en la cepa de referencia PAO1), codifica una dotación metabólica que le permite utilizar fuentes de carbono muy diversas y resistir condiciones ambientales hostiles: pH extremo, desecación parcial y concentraciones salinas elevadas.

En el medio hospitalario, esta versatilidad se traduce en la capacidad de colonizar sifones, grifos, respiradores, soluciones antisépticas mal conservadas e incluso jabones líquidos. Es resistente de forma natural a varios desinfectantes de uso común, incluido el cloro a concentraciones bajas.

Biopelículas y comunicación entre células

Una de las estrategias que hacen de P. aeruginosa un patógeno tan difícil de erradicar es su capacidad para formar biopelículas (biofilms): comunidades bacterianas embebidas en una matriz de polisacáridos, proteínas y ADN extracelular que se adhieren a superficies inertes o biológicas. Dentro de esa matriz, las bacterias quedan protegidas frente a la acción de los antibióticos y del sistema inmunitario del huésped. La colonización crónica de las vías respiratorias en pacientes con fibrosis quística es, probablemente, el ejemplo clínico más conocido de este fenómeno.

Regulada por un sistema de señalización intercelular conocido como quorum sensing, la formación de biopelículas depende de la producción y detección de pequeñas moléculas señal (autoinductores). Mediante estos compuestos, las bacterias «perciben» la densidad poblacional de su entorno y, al alcanzar un umbral crítico, activan de forma coordinada genes de virulencia, producción de pigmentos y síntesis de la propia biopelícula. No es un mecanismo exclusivo de P. aeruginosa, pero sí uno de los más estudiados en esta especie.

Relevancia clínica como patógeno oportunista

En individuos sanos, P. aeruginosa rara vez causa enfermedad. Puede producir una foliculitis leve tras el baño en piscinas o bañeras de hidromasaje con cloración insuficiente, u otitis externa en nadadores. El escenario cambia radicalmente en pacientes inmunodeprimidos, en portadores de dispositivos invasivos (catéteres, sondas, tubos endotraqueales) o en grandes quemados: en estos contextos, la bacteria puede causar bacteriemia, neumonía, infección del tracto urinario e infección de herida quirúrgica, entre otras.

Las infecciones nosocomiales por P. aeruginosa figuran entre las más frecuentes en las unidades de cuidados intensivos de todo el mundo. Según datos del CDC estadounidense, solo en Estados Unidos se producen cada año unas 51 000 infecciones hospitalarias por este patógeno, de las cuales aproximadamente un 13 % son multirresistentes. En la lista de patógenos bacterianos prioritarios de la OMS (actualizada en mayo de 2024), P. aeruginosa resistente a los carbapenémicos pasó de la categoría crítica a la de prioridad alta, un descenso que refleja cierta reducción de las tasas de resistencia globales, pero sin que el problema se considere resuelto.

Resistencia a los antimicrobianos

P. aeruginosa posee una resistencia intrínseca notable. Su membrana externa tiene una permeabilidad baja, lo que dificulta la entrada de muchos compuestos, y dispone de varias bombas de eflujo que expulsan activamente los fármacos al exterior de la célula. A esta dotación de base se suman mecanismos adquiridos (producción de betalactamasas, modificación de porinas, adquisición horizontal de genes de resistencia) que pueden convertir determinadas cepas en extremadamente difíciles de combatir. El acrónimo ESKAPE (que agrupa a seis patógenos hospitalarios de alta resistencia: Enterococcus faecium, Staphylococcus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannii, P. aeruginosa y Enterobacter spp.) resume bien la posición que ocupa esta especie en el panorama actual de la resistencia antibacteriana.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra aeruginosa?

Del latín aeruginosus, que significa «semejante al cardenillo», es decir, al óxido verdoso que recubre el cobre expuesto a la intemperie. Schroeter escogió ese nombre en 1872 para describir el color azul verdoso de las colonias bacterianas en cultivo, producido por un pigmento llamado piocianina.

¿Es lo mismo aeruginosa que Pseudomonas?

No. Pseudomonas es el género, que incluye más de doscientas especies. P. aeruginosa es la especie tipo y la que tiene mayor relevancia en patología humana, pero existen otras como P. fluorescens o P. putida que rara vez causan enfermedad en personas inmunocompetentes.

¿Por qué se asocia con las infecciones hospitalarias?

Confluyen varios factores. Su capacidad de sobrevivir en superficies húmedas y en soluciones diluidas de desinfectantes le permite persistir en el entorno hospitalario. Forma biopelículas sobre dispositivos invasivos. Y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos suelen tener las defensas comprometidas, lo que facilita la infección. A todo ello se suma una resistencia intrínseca a múltiples antibióticos que complica el abordaje una vez establecida la infección.

¿Puede infectar a personas sanas?

Sí, aunque por lo general las infecciones en individuos sin factores de riesgo son leves y autolimitadas. Las más conocidas son la foliculitis tras el uso de jacuzzis o piscinas con desinfección deficiente y la otitis externa del nadador. Ocasionalmente se han descrito queratitis asociadas al uso prolongado de lentes de contacto.

Referencias

  1. Manual MSD, versión para público general. Infecciones por Pseudomonas.
  2. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About Pseudomonas aeruginosa.
  3. Organización Mundial de la Salud (OMS). La OMS pone al día la lista de bacterias farmacorresistentes más peligrosas para la salud humana.
  4. Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST). Pseudomonas aeruginosa. Ficha de agente biológico.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a P. aeruginosa y a la microbiología de las infecciones, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Pseudomonas: género de bacilos gramnegativos al que pertenece P. aeruginosa, con más de doscientas especies descritas.
  • Bacilo: morfología bacteriana en forma de bastón alargado, compartida por P. aeruginosa y numerosas otras especies.
  • Infección nosocomial: infección adquirida en el entorno sanitario, uno de los escenarios clínicos donde P. aeruginosa tiene mayor impacto.
  • Sideróforo: molécula de alta afinidad por el hierro que secretan bacterias como P. aeruginosa para captarlo en condiciones de escasez.
  • Virulencia: capacidad de un microorganismo para causar daño, determinada en P. aeruginosa por factores como la piocianina y las biopelículas.
  • Resistencia antibacteriana: capacidad de las bacterias para evadir la acción de los antibióticos, un rasgo especialmente marcado en P. aeruginosa.

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