DICCIONARIO MÉDICO
Resistencia antibacteriana
La resistencia antibacteriana es la capacidad de una bacteria para sobrevivir y multiplicarse en presencia de concentraciones de un antibiótico que antes resultaban letales o inhibitorias. Puede ser natural, cuando la especie carece por diseño de la diana del fármaco, o adquirida, cuando una cepa antes sensible cambia genéticamente y deja de responder. La Organización Mundial de la Salud la considera una de las mayores amenazas actuales para la salud pública. Conviene distinguir dos orígenes muy distintos del mismo fenómeno. La resistencia intrínseca o natural es una propiedad de la especie, presente antes de cualquier exposición al fármaco: una bacteria sin pared celular es resistente por definición a los antibióticos que actúan sobre la síntesis de peptidoglicano. La resistencia adquirida, en cambio, aparece en una población antes sensible, por mutación espontánea del cromosoma o por la incorporación de material genético ajeno. Esta segunda vía es la que preocupa a la salud pública, porque se propaga. El término combina dos raíces de origen distinto: "anti" (del griego ἀντί, "contra") y "bacteria" (del griego βακτηρία, "bastón", por la forma alargada de muchas especies). El origen y las demás acepciones médicas del sustantivo "resistencia" se tratan en la entrada general del diccionario dedicada a la resistencia. Las bacterias resistentes recurren, en esencia, a cuatro estrategias. La más estudiada es inactivar el antibiótico mediante una enzima que lo degrada o lo modifica químicamente, como hacen las betalactamasas frente a las penicilinas. Otra vía consiste en alterar la diana del fármaco (una mutación en las proteínas fijadoras de penicilina o en el ribosoma basta para que el antibiótico ya no encaje, o encaje peor). También pueden cerrar el paso reduciendo la permeabilidad de su envoltura, mediante la pérdida o la mutación de los canales, las porinas, por los que entraría el fármaco, una opción especialmente disponible para las bacterias gramnegativas gracias a su membrana externa. La cuarta estrategia es la más directa: expulsar el antibiótico hacia fuera mediante bombas de eflujo que consumen energía, antes de que alcance una concentración eficaz. Estos mecanismos no surgen de la nada. Una vía es la mutación cromosómica espontánea, que ocurre al azar en cualquier población bacteriana en división y que el antibiótico simplemente selecciona: mata a las bacterias sensibles y deja campo libre a la variante mutante. La otra vía, más veloz, es la transferencia horizontal de genes entre bacterias, que se produce por tres mecanismos distintos: la conjugación, en la que un plásmido portador de genes de resistencia pasa de una bacteria donante a una receptora a través de un puente citoplasmático; la transducción, en la que un bacteriófago transporta por error ADN bacteriano de una célula a otra; y la transformación, en la que la bacteria capta directamente ADN libre del medio en el que vive. Gracias a la conjugación, un gen de resistencia puede saltar en una sola generación entre especies sin parentesco evolutivo cercano. Cuando una cepa acumula resistencia a varias familias de antibióticos a la vez, la literatura clínica distingue tres grados. Se habla de multirresistencia, o MDR, cuando la bacteria resiste a tres o más familias distintas; de resistencia extensa, o XDR, cuando resiste a todas las familias disponibles salvo una o dos; y de panresistencia, o PDR, cuando ningún antibiótico conocido resulta ya eficaz. Cuantas menos opciones terapéuticas quedan, mayor es el riesgo de que una infección antes trivial se vuelva intratable. La posibilidad de que las bacterias se hicieran resistentes no fue una sorpresa tardía. En 1940, antes de que la penicilina llegara a usarse de forma masiva en la clínica, los bioquímicos Edward Abraham y Ernst Chain ya habían descrito que una cepa de Escherichia coli era capaz de inactivar el antibiótico mediante una enzima, a la que llamaron penicilinasa. Dos décadas después, en 1960, Malcolm Pollock renombró a esta familia de enzimas como betalactamasas, el término que se usa hoy. Cinco años después de aquel primer hallazgo, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de 1945, Alexander Fleming advirtió de que dosificar el antibiótico por debajo de lo necesario podía exponer a las bacterias a concentraciones no letales y enseñarlas, en la práctica, a resistir. Para orientar la investigación de nuevos antibióticos, la Organización Mundial de la Salud actualiza periódicamente una lista de patógenos bacterianos prioritarios. La versión de 2024 reúne 24 patógenos agrupados en 15 familias resistentes, clasificados en tres niveles de prioridad (crítica, alta y media) según la carga de infecciones que provocan y su capacidad de propagar la resistencia a otras bacterias. En el grupo crítico figuran, entre otras, las enterobacterias resistentes a los carbapenémicos y Acinetobacter baumannii resistente a esa misma familia; la tuberculosis resistente a la rifampicina se incorporó también a ese nivel tras un análisis independiente. Nada de esto es exclusivo de las bacterias: el fenómeno más amplio, que incluye también a virus, hongos, parásitos y células tumorales, se trata en la entrada de resistencia farmacológica. No. Una bacteria puede ser resistente porque su especie nunca tuvo la diana del antibiótico, lo que se llama resistencia intrínseca, o porque una cepa antes sensible la adquirió por mutación o por transferencia genética. La primera es predecible y estable; la segunda, la que más preocupa, puede aparecer y propagarse en cuestión de meses. La resistencia a los antimicrobianos es el término general: incluye la resistencia de bacterias, virus, hongos y parásitos a los fármacos diseñados para combatirlos. La resistencia antibacteriana es, específicamente, la que desarrollan las bacterias frente a los antibióticos, y es con diferencia la más documentada por su impacto en la práctica clínica diaria. Rara vez de forma espontánea. Si el gen de resistencia no impone un coste biológico relevante para la bacteria, esta lo conserva aunque deje de usarse el antibiótico correspondiente, a veces durante años. Fueron Edward Abraham y Ernst Chain, en 1940, al describir la penicilinasa de Escherichia coli. El hallazgo llegó antes de que la penicilina se administrara de forma extendida a los pacientes, lo que confirma que la capacidad bacteriana de neutralizar el fármaco no fue una consecuencia tardía de su mal uso, sino una posibilidad presente desde el principio. Significa que la bacteria causante resiste a tres o más familias distintas de antibióticos. Es un grado intermedio entre la resistencia a un solo fármaco y los extremos de la resistencia extensa y la panresistencia, en los que prácticamente ninguna familia de antibióticos conserva su eficacia.Qué es la resistencia antibacteriana
Mecanismos moleculares
Origen genético: mutación y transferencia horizontal
Grados de resistencia: multirresistencia, resistencia extensa y panresistencia
Una advertencia con ochenta años de antelación
Magnitud actual: la lista de patógenos prioritarios
Preguntas frecuentes
¿Toda bacteria resistente lo es por la misma razón?
¿Qué diferencia hay entre resistencia antibacteriana y resistencia a los antimicrobianos?
¿Se puede revertir la resistencia bacteriana?
¿Quién descubrió el primer mecanismo de resistencia a un antibiótico?
¿Qué significa que una infección sea multirresistente?
Referencias
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