DICCIONARIO MÉDICO
Adhesión
En biología y medicina, la adhesión designa la unión entre superficies celulares, o entre una célula y los componentes de la matriz extracelular. El proceso depende de proteínas de membrana especializadas, las moléculas de adhesión, y resulta indispensable para que las células se organicen en tejidos funcionales. El término procede del latín adhaesio, -ōnis, derivado de adhaerēre («pegarse a», «quedar unido»), compuesto por el prefijo ad- (dirección) y haerēre (estar fijo, adherirse). La RAE recoge dos acepciones relevantes: «acción y efecto de adherir o adherirse» y, en el ámbito de la física, «fuerza de atracción que mantiene unidas moléculas de distinta especie química». Alonso de Cartagena ya empleaba adhesión en castellano hacia 1456, en su Oracional, con un sentido figurado de unión espiritual que luego se desplazó al léxico físico y médico. En el uso biomédico actual, adhesión se refiere casi siempre al contacto entre células mediado por proteínas de la membrana plasmática. No se trata de un simple pegamento: las moléculas que intervienen reconocen ligandos concretos, transmiten señales al interior celular a través del citoesqueleto y regulan comportamientos tan variados como la migración, la proliferación o la diferenciación. Sin esa capacidad de reconocimiento, un organismo pluricelular no podría mantener la arquitectura de sus tejidos. Cuatro grandes familias de proteínas transmembrana son las protagonistas de la adhesión celular, cada una con un repertorio de funciones que no se solapa del todo con el de las demás. Las cadherinas median la unión célula-célula de forma dependiente de calcio. Son las responsables principales de que las células epiteliales formen láminas cohesivas; cuando su expresión disminuye, la cohesión tisular se debilita. Esa pérdida de adhesión intercelular es, precisamente, uno de los pasos iniciales en la diseminación metastásica de algunos tumores sólidos. Otra familia, las integrinas, conecta la célula con la matriz extracelular. Son heterodímeros formados por una subunidad alfa y una beta; la combinación de ambas determina a qué componente de la matriz se une (al colágeno, a la fibronectina, a la laminina). Funcionan en los dos sentidos: transmiten al interior de la célula información sobre el entorno, y al mismo tiempo el estado interno de la célula puede modificar la capacidad de unión del dominio extracelular de la integrina. Los inmunólogos conocen bien ese mecanismo porque explica cómo los leucocitos pasan de rodar sobre el endotelio a detenerse y atravesarlo en los focos de inflamación. Selectinas y miembros de la superfamilia de las inmunoglobulinas completan el panorama. Las selectinas reconocen hidratos de carbono en la superficie de otras células y son las primeras en actuar cuando un leucocito circulante contacta con el endotelio activado: producen un frenado progresivo que se ha comparado con el rodar de una pelota sobre una superficie pegajosa. Las moléculas de la superfamilia de las inmunoglobulinas (ICAM, VCAM, PECAM, entre otras) consolidan después esa unión y facilitan la migración transendotelial. Durante la embriogénesis, las células deben desplazarse con precisión hasta posiciones definidas, formar capas germinales y organizarse en órganos. Cada uno de esos pasos exige ciclos de adhesión y despegue regulados con exactitud temporal. Las cadherinas permiten, por ejemplo, que las células del ectodermo se separen transitoriamente para que las de la cresta neural migren hacia destinos lejanos, y después vuelvan a establecer contactos firmes al llegar a su localización definitiva. Un fallo en esa secuencia puede causar malformaciones congénitas graves. En la reparación de heridas ocurre algo parecido a escala más modesta. Los queratinocitos del borde de la lesión modifican su repertorio de integrinas, se despegan parcialmente de la membrana basal y avanzan sobre el lecho de fibrina hasta cerrar el defecto. Completada la reepitelización, restauran los contactos de adhesión originales. Ese proceso explica por qué ciertas deficiencias genéticas de integrinas cursan con fragilidad cutánea y dificultad para cicatrizar. En español médico, tres términos comparten raíz pero designan realidades distintas. Adhesión se reserva para el fenómeno biológico de unión entre superficies celulares o entre una célula y su entorno, tal como se ha descrito. Adherencia, en cambio, tiene un uso predominante en el ámbito clínico-asistencial: designa el grado en que un paciente sigue las indicaciones de su profesional sanitario (adherencia terapéutica). La RAE registra además un sentido físico de «unión, pegadura de las cosas», que en la práctica médica queda absorbido por la tercera voz. Adherencias (en plural) nombra las bandas de tejido fibroso que se forman de manera anómala entre órganos o entre las vísceras y las paredes del tronco, generalmente como secuela de una intervención quirúrgica, una infección peritoneal o un proceso inflamatorio crónico. La confusión entre los tres términos es frecuente en textos divulgativos; conviene mantener la distinción porque cada uno remite a un ámbito conceptual diferente. Del latín adhaesio, -ōnis, formado sobre adhaerēre (pegarse, quedar fijo). El verbo combina el prefijo ad- con haerēre, que en latín clásico significaba «estar adherido» o «quedarse inmóvil». En castellano aparece documentado desde mediados del siglo XV. En la literatura científica en español, ambos términos se emplean a menudo como sinónimos cuando se habla de biología celular. La propia Wikipedia en español titula su artículo «Adherencia celular» para describir exactamente lo que los textos de histología llaman «adhesión celular». No hay un error conceptual en ninguno de los dos usos; la diferencia es más de tradición terminológica que de contenido. Lo importante es no confundir este sentido biológico con la adherencia terapéutica ni con las adherencias patológicas postquirúrgicas. Depende de qué componente falle. Una pérdida de cadherinas favorece la diseminación tumoral. Defectos genéticos en ciertas integrinas provocan epidermólisis ampollosa (fragilidad extrema de la piel) o síndrome de deficiencia de adhesión leucocitaria, en el que los glóbulos blancos no pueden salir del torrente sanguíneo para combatir infecciones. Hay también enfermedades autoinmunes, como el pénfigo, en las que anticuerpos contra las cadherinas destruyen los contactos entre queratinocitos y producen ampollas cutáneas. Cuatro, según la clasificación aceptada en la mayoría de los textos de histología y biología celular: cadherinas, integrinas, selectinas y la superfamilia de las inmunoglobulinas. Algunos autores añaden una quinta familia, los receptores del ácido hialurónico (isoformas de CD44), pero no todos los manuales la incluyen como grupo independiente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la adhesión celular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la adhesión
Familias de moléculas de adhesión
Adhesión en el desarrollo embrionario y la reparación tisular
Diferenciación con adherencia y adherencias
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra adhesión?
¿Es lo mismo adhesión celular que adherencia celular?
¿Qué ocurre cuando falla la adhesión celular?
¿Cuántas familias principales de moléculas de adhesión existen?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026