DICCIONARIO MÉDICO
Integrina
Las integrinas son una familia de receptores de la superficie celular que sujetan la célula a la matriz que la rodea y, en ocasiones, a otras células. Formadas por dos cadenas (una alfa y una beta), enlazan el exterior de la célula con su esqueleto interno y transmiten información en los dos sentidos. Intervienen en la adhesión, el movimiento y la comunicación de las células. En un tejido, las células no flotan libres: se sostienen unas a otras y se anclan a un armazón de proteínas que las envuelve, la matriz extracelular. Las integrinas son las principales encargadas de ese anclaje. Se trata de proteínas insertadas en la membrana que, con un extremo asomado al exterior y otro sumergido en el interior, agarran la matriz por fuera y el esqueleto de la célula por dentro. El nombre nació en 1986, cuando el equipo de Richard Hynes, junto con otros investigadores, describió una proteína que enlazaba la matriz con el andamiaje interno de la célula. La llamaron integrina porque integra ambos mundos, el de fuera y el de dentro. La palabra juega, además, con toda una familia léxica: integral, integrar, integridad. Todas comparten la raíz latina de lo entero, y la integrina es, en cierto modo, la pieza que mantiene unido el conjunto. Cada integrina es un heterodímero, es decir, la unión de dos cadenas distintas: una alfa y una beta, asociadas sin enlace químico fuerte entre ellas. En el ser humano existen dieciocho tipos de cadena alfa y ocho de cadena beta que, combinándose, dan lugar a unas veinticuatro integrinas diferentes. Cada combinación tiene su preferencia por unos u otros compañeros, y la célula despliega unas u otras según el tejido y el momento. Las dos cadenas comparten un mismo diseño: un gran dominio que sobresale al exterior, un corto tramo que cruza la membrana y una cola muy breve dentro de la célula. La parte externa reconoce y agarra el ligando, ya sea una proteína de la matriz como la fibronectina, la laminina o el colágeno, ya sea una molécula en la superficie de otra célula. La cola interna, apenas un tramo corto, se ata al esqueleto de actina a través de proteínas de enganche como la talina o la vinculina. Así, la integrina cose la matriz con el interior en una línea continua. Su primer cometido es la adhesión: fijar la célula a su entorno. Pero no son un simple pegamento. Al tender un puente mecánico entre la matriz y el citoesqueleto, permiten que la célula note la consistencia del terreno que pisa y module su comportamiento en consecuencia. Y transmiten señales en dos direcciones: desde fuera hacia dentro, informando a la célula de lo que hay al otro lado, y desde dentro hacia fuera, ajustando su propia capacidad de agarre. Para ello cambian de forma, pasando de un estado plegado e inactivo a otro extendido y activo. De esa doble condición, mecánica y de señalización, se derivan muchas funciones. Las integrinas participan en el desarrollo del embrión, en la hemostasia (a través de las plaquetas), en la cicatrización de las heridas, en la respuesta inmunitaria y en el desplazamiento de las células de un sitio a otro. Ese mismo mecanismo de agarre y suelta, cuando se descontrola, favorece la diseminación de las células tumorales, por lo que las integrinas se estudian también en relación con la metástasis. Las integrinas no son las únicas moléculas de adhesión de la superficie celular. Se suelen agrupar en cuatro grandes familias: las cadherinas, las selectinas, las de la superfamilia de las inmunoglobulinas y las propias integrinas. El reparto no es rígido, pero cada una tiene su terreno: las cadherinas se ocupan sobre todo de unir células vecinas entre sí, mientras que las integrinas son las grandes especialistas en la unión de la célula con la matriz. Es esa continuidad entre el interior y el exterior lo que las distingue del resto. Para anclar la célula a la matriz que la rodea y para comunicarla con ella. Sujetan por fuera y se atan al esqueleto interno, de modo que además de fijar la célula le informan de su entorno y regulan procesos como el movimiento o la cicatrización. Porque integran. El nombre, propuesto en 1986, alude a que enlazan la matriz extracelular con el citoesqueleto: la proteína que une el afuera y el adentro de la célula. En el ser humano se describen alrededor de veinticuatro. Resultan de combinar dieciocho tipos de cadena alfa con ocho de cadena beta; no todas las parejas posibles se forman, y de ahí que el número final sea menor que el de todas las combinaciones imaginables. Se distinguen, sobre todo, por aquello a lo que se unen. Las cadherinas conectan una célula con las células contiguas y sostienen la cohesión de los tejidos; las integrinas se dedican principalmente a fijar la célula a la matriz extracelular, aunque algunas también median uniones entre células. Son, por tanto, familias distintas de moléculas de adhesión.Qué son las integrinas
Cómo están hechas
Qué hacen en la célula
Integrinas y otras moléculas de adhesión
Preguntas frecuentes
¿Para qué sirven las integrinas?
¿Por qué se llaman integrinas?
¿Cuántas integrinas hay?
¿En qué se diferencian las integrinas de las cadherinas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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