DICCIONARIO MÉDICO
Activímetro
El activímetro es el instrumento que utilizan los servicios de medicina nuclear y las unidades de radiofarmacia para medir la actividad radiactiva de una muestra, habitualmente un radiofármaco preparado para administrar a un paciente. Funciona mediante una cámara de ionización con forma de pozo en la que se introduce el vial o la jeringa, y expresa el resultado en becquerelios o en curios. Constituye una pieza básica del flujo de trabajo de cualquier servicio que prepare dosis individualizadas para diagnóstico o terapia con radionúclidos. El activímetro es un instrumento de medida que cuantifica la actividad de una fuente radiactiva. La palabra "actividad" no tiene aquí un sentido vago: nombra una magnitud física concreta, definida como el número de desintegraciones nucleares que ocurren en una muestra por unidad de tiempo. Su unidad oficial en el Sistema Internacional es el becquerelio (Bq), equivalente a una desintegración por segundo. La unidad antigua, el curie (Ci), sigue apareciendo con frecuencia en la literatura y en los propios mandos de los equipos. Etimológicamente, la palabra reúne dos elementos: "activi-", del latín activitas, derivado de actus (acción), y "-metro", del griego μέτρον (métron, medida). Literalmente, medidor de actividad. Se trata de un compuesto técnico relativamente moderno, posterior a la consolidación de la radiactividad como rama de la física a finales del siglo XIX. El concepto mismo de actividad como magnitud cuantificable arranca con los trabajos de Henri Becquerel en 1896 y con la posterior obra de Pierre y Marie Curie sobre los elementos radiactivos. La instrumentación específica para medirla con la precisión que exige la clínica aparece décadas después, con la expansión de la medicina nuclear hospitalaria en los años sesenta y setenta del siglo XX. En el ámbito hospitalario también se le llama calibrador de dosis o calibrador de actividades, denominaciones equivalentes que conviven en los textos técnicos y en la normativa española. En su núcleo, el aparato es una cámara de ionización: un recipiente sellado lleno de gas (habitualmente argón a presión, aunque también se emplean otros gases nobles) entre dos electrodos sometidos a una diferencia de potencial. Cuando la muestra radiactiva se introduce en su interior, la radiación que emite atraviesa el gas y arranca electrones de sus átomos. Los pares de iones generados son recogidos por los electrodos antes de que se recombinen, y producen una corriente eléctrica muy pequeña, del orden de picoamperios. La magnitud de esa corriente es proporcional a la cantidad de radiación que llega al gas, y por tanto a la actividad de la fuente. Esa corriente la lee un electrómetro de alta sensibilidad acoplado a la cámara, que la convierte en una lectura numérica en becquerelios, megabecquerelios o curios. La conversión no es directa: cada radionúclido emite con una energía y un esquema de desintegración propios, de modo que el equipo debe aplicar un factor de calibración específico para cada isótopo. El usuario lo selecciona en el panel antes de introducir la muestra. Más allá de la electrónica, el rasgo geométrico característico es la forma de la cámara: un cilindro hueco con un pozo central, abierto por arriba, en el que se deposita el vial, la jeringa o el contenedor con la muestra. Esta disposición se conoce como geometría reentrante o de pozo. Su ventaja es que el detector rodea casi por completo la fuente, lo que permite captar la radiación emitida en prácticamente todas las direcciones y reduce la dependencia del resultado frente a pequeños cambios en la posición del recipiente. Junto a la cámara propiamente dicha, el equipo incorpora un blindaje de plomo que protege al personal y atenúa la radiación de fondo, un soporte portamuestras que asegura una posición reproducible, y la unidad electrónica con la pantalla y el selector de radionúclido. Los modelos modernos integran software que registra cada medida, guarda los factores de calibración y permite trazar el historial del instrumento. En el día a día de un servicio de medicina nuclear, el activímetro interviene en cada paso de la preparación de la dosis. La radiofarmacia recibe el material activo del proveedor, y la primera lectura sirve para confirmar que la cantidad recibida coincide con la pedida. Después, al fraccionar el material en dosis individuales (un vial para cada paciente del día), cada jeringa se mide antes de administrarse y, en ocasiones, también después, para conocer con exactitud la cantidad de radiactividad inyectada. La radioterapia metabólica, en la que se administran cantidades mayores de un emisor beta para tratar tumores o tirotoxicosis, recurre al mismo equipo, aunque en escalas de actividad más elevadas. También se utiliza en investigaciones que requieren cuantificar muestras radiactivas y en el control de los residuos generados antes de su gestión como desecho radiactivo. La fiabilidad de un activímetro no es una propiedad permanente. Depende del estado del gas, de la integridad de la electrónica y de la coherencia entre los factores de calibración programados y la respuesta real del equipo frente a un patrón conocido. Por eso la normativa española y los protocolos internacionales obligan a someter el instrumento a un programa de verificaciones periódicas. Las pruebas habituales evalúan distintos atributos del equipo: la estabilidad diaria mediante una fuente patrón de larga semivida, la exactitud frente a una fuente certificada, la precisión mediante medidas repetidas, la linealidad de la respuesta a lo largo del intervalo de actividades de uso y la reproducibilidad cuando varía la geometría del recipiente. Los límites aceptables dependen de cada prueba, pero el principio común es que ninguna desviación significativa puede pasar desapercibida si se quiere garantizar que la cantidad inyectada al paciente coincide con la prescrita. En España, esta obligación queda recogida en el Real Decreto 673/2023, de 18 de julio, que establece los criterios de calidad y seguridad de las unidades asistenciales de medicina nuclear, y se desarrolla en el Protocolo de Control de Calidad de la Instrumentación de Medicina Nuclear elaborado conjuntamente por las sociedades científicas españolas de física médica, medicina nuclear y protección radiológica. El activímetro convive con otros instrumentos que también detectan radiación, pero ninguno cumple la misma función. Gammacámara. Es el equipo de imagen que recoge la radiación emitida por el paciente tras la administración del radiofármaco para formar una imagen del órgano estudiado. No mide actividad absoluta de una muestra, sino la distribución espacial de la radiación dentro del cuerpo. La gammacámara y el activímetro son piezas complementarias del servicio, no equivalentes. Contador de pozo. Comparte la geometría de pozo con el activímetro, pero utiliza un cristal de centelleo (yoduro sódico) en lugar de una cámara de ionización. Es mucho más sensible y se reserva para medir actividades muy bajas, típicamente en muestras biológicas (sangre, orina), no para dosis terapéuticas. Detector de contaminación. Diseñado para detectar la presencia de radiactividad en superficies, manos o ropa. No cuantifica con precisión: avisa de que hay contaminación por encima de un umbral. Dosímetro personal. Mide la dosis acumulada de radiación recibida por una persona durante un periodo de tiempo. No interactúa con muestras: se lleva encima. La voz se forma con "actividad", del latín activitas, y el sufijo "-metro", del griego μέτρον (métron), que significa medida. Literalmente, medidor de actividad. Es un compuesto técnico moderno, acuñado en castellano siguiendo el patrón productivo de los nombres de instrumentos de medida (manómetro, termómetro, dosímetro). Sí. Calibrador de dosis y calibrador de actividades son las denominaciones más extendidas en la literatura técnica internacional, traducción directa del inglés dose calibrator. En la normativa española y en muchos textos de radiofarmacia conviven los tres términos como sinónimos absolutos. La unidad oficial es el becquerelio (Bq), igual a una desintegración por segundo. En la práctica clínica las cantidades manejadas son mucho mayores, así que se trabaja en kBq, MBq o GBq. Muchos equipos también muestran la lectura en curios (Ci) y sus submúltiplos (mCi, µCi), unidad antigua que sigue siendo común sobre todo en literatura anglosajona y en los propios mandos de los instrumentos. La equivalencia es fija: 1 Ci = 3,7 × 10¹⁰ Bq = 37 GBq. La rutina depende del tipo de prueba. La estabilidad se verifica a diario, antes del primer uso clínico de la jornada, con una fuente patrón de semivida larga. La exactitud, la precisión y la linealidad se comprueban con periodicidades trimestrales, semestrales o anuales según el protocolo aplicado, y siempre que el equipo haya sido reparado o trasladado. La calibración formal con patrones primarios la realiza el fabricante o un laboratorio acreditado. No. El activímetro mide la dosis antes de su administración: la jeringa o el vial se introducen en el pozo cuando aún no han salido de la radiofarmacia, en una zona separada de la sala donde se atiende al paciente. Para profundizar en los conceptos asociados al activímetro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el activímetro
Cómo mide la actividad de una muestra
Componentes y diseño del instrumento
Usos en medicina nuclear y radioterapia metabólica
El control de calidad como exigencia normativa
Diferenciación con otros detectores de medicina nuclear
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra activímetro?
¿Es lo mismo activímetro que calibrador de dosis?
¿En qué unidades expresa el resultado?
¿Cada cuánto tiempo se calibra un activímetro?
¿El paciente entra en contacto con el activímetro?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026