DICCIONARIO MÉDICO
Acrosfacelo
El acrosfacelo es la gangrena que asienta en las extremidades, especialmente en los dedos de manos y pies. Designa la masa de tejido necrosado y mortificado en las regiones más distales del cuerpo, habitualmente como consecuencia de una isquemia prolongada, una congelación, una infección destructiva o una intoxicación vasoconstrictora. Es un término médico clásico, hoy poco utilizado fuera de los textos históricos. Bajo este nombre se reúne, en la nomenclatura médica tradicional, la gangrena distal: la necrosis que afecta a las falanges, a los dedos en su conjunto y, en los casos más extensos, a manos, pies o segmentos más proximales. El tejido pierde su irrigación, muere y, según el grado de invasión bacteriana y de humedad ambiental, se momifica (gangrena seca) o se descompone con olor fétido (gangrena húmeda). El acrosfacelo es, en sentido estricto, la masa necrótica en sí, no el proceso patológico que la genera. La palabra procede del griego ἄκρον (ákron), «extremo, punta, parte más alejada», y σφάκελος (sphákelos), «gangrena, mortificación del tejido». Esta segunda raíz aparece ya en los escritos hipocráticos del siglo V a. C., donde designaba la descomposición húmeda y maloliente de los tejidos profundos. En la tradición lexicográfica recogida por Dicciomed, sphákelos entró en el latín renacentista como sphacelu(m) y reapareció en francés como sphacèle en 1554, antes de pasar al español como esfacelo. La forma compuesta con acro- es un cultismo posterior, propio del lenguaje médico de los siglos XIX y XX. Sobre la prosodia conviene una advertencia. En griego, sphákelos es esdrújula. El Diccionario panhispánico de dudas registra que en castellano la voz esfacelo se ha usado siempre como llana, aunque admite también la variante esdrújula esfácelo. La misma duda se traslada al compuesto: lo habitual en los textos médicos es la acentuación llana («acrosfacélo»), si bien la forma etimológica esdrújula no es incorrecta. El denominador común es siempre el mismo: la pérdida de viabilidad del tejido distal. Los caminos que llevan a ella son varios. La isquemia arterial crónica, propia de la arteriopatía periférica avanzada y de la diabetes evolucionada, reduce el flujo sanguíneo hasta el punto de que los segmentos más alejados del corazón dejan de recibir el oxígeno necesario. La punta de los dedos se ennegrece, se reseca y termina por desprenderse. Es la presentación clásica de la gangrena seca distal. Una oclusión arterial aguda (por embolia, trombosis o traumatismo vascular) produce el mismo resultado en mucho menos tiempo. Aquí la isquemia es brusca y la línea de demarcación entre tejido vivo y tejido muerto se establece en horas o días. Hay otros mecanismos relevantes. La congelación grave produce necrosis distal por lesión directa del endotelio y por trombosis microvascular secundaria. La tromboangeítis obliterante o enfermedad de Buerger ataca los vasos de pequeño y mediano calibre de las extremidades en varones jóvenes fumadores y termina con frecuencia en lesiones acrales necróticas. El ergotismo, hoy raro, era una causa histórica frecuente: la ingesta de centeno contaminado con Claviceps purpurea producía un vasoespasmo intenso y prolongado, con gangrena de los dedos conocida en la Edad Media como «fuego de San Antonio». Las vasculitis sistémicas, las crioglobulinemias y los estados de hipercoagulabilidad completan el catálogo. Sobre este territorio isquémico, una infección añadida convierte la gangrena seca en húmeda. La presencia de bacterias anaerobias, en particular del género Clostridium, da lugar a la forma más temible: la gangrena gaseosa. El acrosfacelo es una voz arcaica. Los textos médicos contemporáneos prefieren formulaciones más descriptivas y precisas: gangrena seca de las extremidades, gangrena distal, necrosis isquémica acral, lesión necrótica digital. La razón es práctica. Hablar de «gangrena seca de la falange distal del primer dedo del pie por arteriopatía diabética» comunica mucho más que el escueto «acrosfacelo». El término sigue apareciendo, eso sí, en tres contextos. Primero, en los textos clásicos de medicina, sobre todo de los siglos XIX y principios del XX, que cualquier lector con interés histórico puede encontrarse al revisar la literatura. Segundo, en algunos diccionarios médicos especializados, donde se conserva como entrada erudita. Tercero, en traducciones del francés acrosphacèle o del inglés acrosphacelus, donde mantiene un uso residual. Cuatro voces conviven en este terreno y conviene distinguirlas. La necrosis es la categoría más amplia: muerte celular irreversible de cualquier tejido del organismo. Puede ser cutánea o visceral, isquémica o tóxica, focal o extensa. La gangrena es una forma particular de necrosis que afecta a una región anatómica completa, casi siempre por isquemia mantenida, y que con frecuencia se complica con infección. Se subdivide clásicamente en seca, húmeda y gaseosa. El esfacelo es la masa de tejido mortificado en sí: el sustantivo se refiere al material necrótico que queda en una herida, en una quemadura o en una zona gangrenada. Es lo que el cirujano retira al desbridar. El acrosfacelo es, en este esquema, el esfacelo localizado en las extremidades. La diferencia respecto al esfacelo a secas es solo topográfica. Frente a la gangrena, la diferencia es matiz: la gangrena describe el proceso y el cuadro, el acrosfacelo se centra en la masa necrótica resultante en una localización específica. Procede del griego ἄκρον (ákron, «extremo, punta») y σφάκελος (sphákelos, «gangrena»). La raíz sphákelos se documenta ya en el Corpus Hipocrático del siglo V a. C. y entró al español a través del latín renacentista como esfacelo. La forma compuesta con acro- es un cultismo del lenguaje médico moderno que añade la localización topográfica: gangrena en las extremidades. No exactamente. La gangrena designa el proceso patológico de necrosis tisular con posible infección, en cualquier localización. El acrosfacelo se refiere al tejido necrótico resultante cuando ese proceso afecta a las extremidades. Toda gangrena distal genera acrosfacelo, pero no toda gangrena es acrosfacelo: una gangrena intestinal, por ejemplo, queda fuera del término. Apenas. Es una voz prácticamente abandonada en la literatura médica contemporánea, que prefiere expresiones más descriptivas como «gangrena seca distal», «necrosis isquémica acral» o «lesión necrótica digital». Aparece sobre todo en textos médicos antiguos y en diccionarios médicos eruditos. Ambas formas son válidas. El Diccionario panhispánico de dudas señala que la voz esfacelo, aunque era esdrújula en griego, se ha usado siempre como llana en español. Lo mismo cabe decir de su compuesto: la pronunciación habitual en los textos médicos es llana («acrosfacélo»), si bien la forma etimológica esdrújula también se documenta. El término se aplica a las extremidades en sentido amplio, con preferencia clara por las regiones más distales. Lo habitual es que afecte a los dedos de las manos y los pies (especialmente a las falanges terminales), y en cuadros más extensos puede comprometer la totalidad del pie o de la mano. Las localizaciones más proximales suelen describirse con otros términos. Si desea profundizar en conceptos asociados al acrosfacelo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el acrosfacelo
Mecanismos que conducen al acrosfacelo
El término en el lenguaje médico actual
Diferenciación con esfacelo, gangrena y necrosis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acrosfacelo?
¿Es lo mismo acrosfacelo que gangrena?
¿Se sigue usando este término en medicina?
¿Cómo se acentúa la palabra: acrosfacelo o acrosfácelo?
¿En qué partes del cuerpo aparece?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026