DICCIONARIO MÉDICO
Ácido docosahexaenoico
El ácido docosahexaenoico (DHA, 22:6 n-3) es un ácido graso poliinsaturado de cadena larga perteneciente a la familia omega-3. Su cadena de veintidós átomos de carbono contiene seis dobles enlaces en configuración cis, lo que le confiere una flexibilidad molecular muy superior a la de los ácidos grasos saturados de longitud comparable. Constituye uno de los principales componentes de los fosfolípidos de membrana en el tejido nervioso y en la retina, donde llega a representar hasta el 60 % de los ácidos grasos poliinsaturados en los discos de los fotorreceptores. Clasificado dentro del grupo de los ácidos grasos omega-3 porque su primer doble enlace se sitúa en el tercer carbono contado desde el extremo metilo de la cadena, este ácido carboxílico de veintidós carbonos con seis insaturaciones se representa en nomenclatura lipídica abreviada como 22:6 (n-3). Su acrónimo habitual —DHA— procede de la denominación inglesa docosahexaenoic acid. Si se descompone en sus raíces, la etimología del nombre resulta transparente. «Docosa-» deriva del griego δύο (dýo, 'dos') y εἴκοσι (eíkosi, 'veinte'), y designa una cadena de veintidós carbonos. «Hexa-» proviene de ἕξ (héx, 'seis') y se combina con el sufijo «-eno-», que en química orgánica indica la presencia de dobles enlaces carbono-carbono. El cierre «-oico» corresponde a la terminación estándar de los ácidos carboxílicos. El nombre completo, entonces, describe con exactitud la molécula: un ácido de veintidós carbonos con seis insaturaciones. Desde el punto de vista metabólico, las células de los mamíferos carecen de las desaturasas necesarias para insertar dobles enlaces en la posición omega-3 de la cadena carbonada, de modo que no pueden sintetizar DHA de novo. La ruta más habitual parte del ácido alfa-linolénico (ALA, 18:3 n-3) —un ácido graso que sí se considera estrictamente esencial, pues debe obtenerse de la dieta— y lo somete a sucesivas reacciones de elongación y desaturación que pasan por el ácido eicosapentaenoico (EPA, 20:5 n-3) antes de alcanzar el DHA. El rendimiento de esa conversión endógena es, no obstante, muy bajo: se estima que apenas un 0,5-5 % del ALA ingerido se transforma finalmente en DHA, una cifra que llevó a clasificarlo como ácido graso «condicionalmente esencial». Cada uno de los seis dobles enlaces del DHA introduce un pliegue en la cadena hidrocarbonada, y los seis juntos generan una conformación tridimensional helicoidal que impide el empaquetamiento compacto de los fosfolípidos vecinos. El efecto directo es un aumento de la fluidez de la membrana celular, particularmente relevante allí donde la velocidad de transducción de señales depende del movimiento lateral de proteínas integrales. En la corteza cerebral, el DHA representa aproximadamente el 40 % de los ácidos grasos poliinsaturados totales de los fosfolípidos de la sustancia gris —sobre todo esterificado en posición sn-2 de la fosfatidiletanolamina y la fosfatidilserina—. Una proporción aún mayor se concentra en la retina: en los segmentos externos de los bastones, donde los discos membranosos deben renovarse cada once días, el DHA puede suponer hasta el 60 % de los ácidos grasos poliinsaturados presentes. No es casual. La rápida isomerización del retinal que inicia la cascada de la fototransducción requiere membranas cuya viscosidad sea mínima, y la geometría plegada del DHA proporciona ese entorno. Fuera del sistema nervioso central, también se han documentado concentraciones elevadas de DHA en los fosfolípidos de la membrana espermática y, durante la vida fetal, en los fosfolípidos del surfactante pulmonar en formación (si bien allí el componente mayoritario es la dipalmitoilfosfatidilcolina). Además de su función estructural, el DHA sirve de precursor para una familia de mediadores lipídicos descubierta a comienzos de la década de 2000 por el grupo de Charles Serhan en el Brigham and Women's Hospital de Boston. Se trata de las resolvinas de la serie D (RvD1-RvD6) y las protectinas —en particular la protectina D1, también llamada neuroprotectina D1 cuando se genera en tejido nervioso—, que participan en la fase de resolución activa de la inflamación. Su mecanismo difiere del de las prostaglandinas clásicas derivadas del ácido araquidónico: en lugar de amplificar la respuesta inflamatoria, estas moléculas promueven la eliminación de neutrófilos apoptóticos y estimulan la reparación tisular. Otro grupo, las maresinas, también derivadas del DHA, fueron caracterizadas posteriormente. La identificación de estas vías ha abierto un campo de investigación activo, pero conviene no extrapolar resultados de laboratorio a recomendaciones clínicas sin la confirmación de ensayos adecuados. Esa distinción es pertinente. En la década de 1950, Ernst Klenk, en la Universidad de Colonia, y de forma independiente Ralph Holman, en el Hormel Institute de la Universidad de Minnesota, comunicaron la presencia de un ácido graso altamente insaturado de veintidós carbonos en los fosfolípidos cerebrales. Holman venía de formarse con George Burr, el bioquímico que en 1929 había demostrado que ciertas grasas de la dieta eran necesarias para la supervivencia —los ácidos grasos que después recibirían la etiqueta de «esenciales»—. Fue el propio Holman quien en 1963 acuñó el término «omega-3» para clasificar estos ácidos grasos según la posición de su primer doble enlace contada desde el extremo metilo, un sistema de nomenclatura que acabó imponiéndose en la literatura nutricional frente a la numeración IUPAC convencional. Durante más de una década, sin embargo, la relevancia biológica de los omega-3 permaneció a la sombra de los omega-6, cuya deficiencia producía signos cutáneos inmediatos y fáciles de identificar en modelos animales. Los omega-3, con manifestaciones más sutiles, tardaron en ser reconocidos. Ácido eicosapentaenoico (EPA, 20:5 n-3). Tanto el DHA como el EPA pertenecen a la serie omega-3 y comparten un origen dietético común, pero no son intercambiables desde el punto de vista biológico. El EPA tiene veinte carbonos y cinco dobles enlaces; el DHA, veintidós y seis. En las membranas neuronales y retinianas predomina el DHA, mientras que el EPA actúa sobre todo como sustrato de las ciclooxigenasas y lipooxigenasas que generan eicosanoides de la serie 3 —tromboxanos A3, prostaglandinas E3— y resolvinas de la serie E, con perfil antiinflamatorio. Dicho con brevedad: el DHA es ante todo un componente de membrana; el EPA, un precursor de señalización lipídica. Ambos se necesitan, pero en compartimentos distintos. De raíces griegas adaptadas a la nomenclatura química: «docosa-» (de δύο + εἴκοσι, veintidós) indica el número de átomos de carbono; «hexa-» (de ἕξ, seis) señala cuántos dobles enlaces contiene la molécula; y el sufijo «-enoico» clasifica la sustancia como ácido carboxílico insaturado. El acrónimo DHA corresponde a la forma inglesa, docosahexaenoic acid. Sí, pero con un rendimiento muy limitado. La ruta parte del ácido alfa-linolénico (ALA), un omega-3 de dieciocho carbonos, y lo transforma progresivamente en EPA y luego en DHA mediante elongasas y desaturasas hepáticas. Las estimaciones disponibles sitúan la tasa de conversión neta entre el 0,5 % y el 5 % del ALA ingerido —una cifra que varía según el sexo, la edad, el perfil genético de las desaturasas y la proporción de omega-6 en la dieta, que compite por las mismas enzimas—. De ahí que muchos autores clasifiquen el DHA como ácido graso condicionalmente esencial. No. «Omega-3» es la denominación de una familia entera de ácidos grasos poliinsaturados cuyo primer doble enlace ocupa la posición n-3. El DHA es solo uno de sus miembros, junto con el ácido alfa-linolénico (ALA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA), entre otros. Los tres difieren en longitud de cadena, grado de insaturación y funciones biológicas preferentes. Los fotorreceptores retinianos necesitan membranas extraordinariamente fluidas para que la fototransducción funcione con la velocidad que exige la visión. Los seis dobles enlaces del DHA impiden que los fosfolípidos se empaqueten con rigidez, y eso facilita el movimiento de la rodopsina a través de la bicapa lipídica. En la corteza cerebral ocurre algo comparable a nivel sináptico, aunque con proporciones algo menores. Si desea profundizar en conceptos asociados al ácido docosahexaenoico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el ácido docosahexaenoico
Estructura molecular y papel en los fosfolípidos de membrana
Resolvinas, protectinas y otros derivados oxigenados
Identificación del DHA en el tejido cerebral: Klenk, Holman y la serie omega
Diferenciación con el ácido eicosapentaenoico (EPA)
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «ácido docosahexaenoico»?
¿El organismo humano puede fabricar DHA por sí mismo?
¿Es lo mismo DHA que omega-3?
¿Por qué se concentra el DHA en la retina y no en otros tejidos?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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