DICCIONARIO MÉDICO
Absceso gaseoso
Un absceso gaseoso es una colección circunscrita de material purulento y necrótico que contiene burbujas de gas en su interior, generadas por el metabolismo de bacterias anaerobias —sobre todo del género Clostridium— capaces de fermentar los tejidos del huésped. Esa presencia de gas dentro de la cavidad supurada es el rasgo que lo distingue de un absceso convencional y lo que explica el adjetivo "gaseoso" con el que se conoce en la literatura clásica. En sentido estricto, el absceso gaseoso designa una colección localizada —con cápsula o pared limitante— en la que coexisten pus, tejido necrótico y gas. La cavidad se forma cuando bacterias productoras de gas invaden tejidos dañados o isquémicos y fermentan glucosa, aminoácidos u otros sustratos orgánicos, liberando dióxido de carbono, hidrógeno y, en menor medida, nitrógeno y sulfuro de hidrógeno. Este gas queda atrapado en la colección y, si es abundante, puede palparse a través de la piel como una crepitación característica —un crujido fino, comparable al que produce el papel de burbujas al apretarlo—. La palabra "absceso", del latín abscessus ("retirada, separación"), designa la materia que se aparta del tejido sano y se acumula en un espacio cerrado. "Gaseoso" procede de gas, un término acuñado por el médico y alquimista flamenco Jan Baptist van Helmont hacia 1640, probablemente a partir del griego χάος (cháos), "vacío primordial" —una decisión etimológica inusual que la RAE recoge en el Diccionario de la lengua española—. Van Helmont necesitaba un nombre para las sustancias que observaba al calentar materia orgánica y que no eran ni líquidas ni sólidas; la ironía es que tres siglos después el término definiría también lo que producen las bacterias dentro de una herida infectada. El agente clásico es Clostridium perfringens, un bacilo grampositivo anaerobio estricto que habita en el suelo y en el tracto digestivo humano. C. perfringens posee un arsenal de toxinas —la toxina alfa (una fosfolipasa C) es la de mayor capacidad destructiva— y fermenta activamente los sustratos tisulares con producción abundante de gas. Otras especies del mismo género, como C. novyi y C. septicum, también pueden provocar colecciones con gas, y cada una tiene particularidades: C. septicum, por ejemplo, tolera concentraciones de oxígeno más altas que sus congéneres y puede causar infecciones espontáneas en pacientes con patología colónica subyacente. No solo los clostridios producen gas. Bacterias anaerobias no esporuladas —Bacteroides, Fusobacterium—, e incluso bacterias aerobias o facultativas como Escherichia coli o Klebsiella pneumoniae, generan gas al fermentar sustratos en tejidos hipóxicos. Un absceso gaseoso de origen polimicrobiano, con flora mixta aerobia y anaerobia, es en la práctica más frecuente que uno producido por una sola especie de Clostridium. El denominador común es siempre un medio pobre en oxígeno. Las heridas anfractuosas con tejido desvitalizado, las intervenciones sobre vísceras huecas contaminadas y los territorios con irrigación comprometida —pie diabético, úlceras isquémicas— crean las condiciones que estas bacterias necesitan para proliferar y generar gas. La gangrena gaseosa —o mionecrosis clostridial— no es un absceso. Es una infección difusa, invasiva y de progresión rápida que destruye el tejido muscular sin encapsularse ni formar una cavidad delimitada. El absceso gaseoso, en cambio, implica contención: hay una pared —formada por tejido de granulación, fibrina, restos necróticos— que circunscribe la colección. Esa diferencia no es solo anatómica; refleja un equilibrio distinto entre la agresividad del germen y la capacidad defensiva del huésped. La celulitis crepitante por clostridios ocupa un lugar intermedio: la infección se extiende por el tejido subcutáneo con gas palpable, pero respeta el músculo y no forma una colección circunscrita. Y la fascitis necrosante —que también puede producir gas cuando la causan bacterias anaerobias— avanza por los planos fasciales con necrosis extensa de la fascia superficial. En la fascitis necrosante no hay cavidad limitada: hay destrucción a lo largo de superficies. La acuñó Jan Baptist van Helmont, médico y alquimista flamenco, hacia 1640, probablemente a partir del griego χάος (cháos). Necesitaba nombrar las sustancias aeriformes que observaba al calentar materia orgánica, y eligió una palabra que no existía en ninguna lengua europea. La RAE la recoge como adaptación directa del neerlandés al castellano. No. La gangrena gaseosa es una infección difusa y rápidamente invasiva del músculo, sin cavidad delimitada. El absceso gaseoso es una colección circunscrita —con pared y contenido— que contiene gas. Comparten agentes causales, pero la forma clínica y la extensión tisular son diferentes. No. Otras bacterias anaerobias —Bacteroides, Fusobacterium— y también ciertas enterobacterias facultativas como E. coli o Klebsiella generan gas al fermentar sustratos en medios con bajo contenido de oxígeno. Los abscesos gaseosos de flora mixta son, de hecho, habituales. Depende. La crepitación subcutánea indica presencia de gas en los tejidos, pero ese gas puede deberse a un absceso gaseoso, a una celulitis crepitante, a una fascitis necrosante o incluso a un enfisema de partes blandas de origen no infeccioso —por ejemplo, tras un traumatismo torácico con fuga de aire—. La crepitación es un signo, no un diagnóstico. Si desea profundizar en conceptos asociados al absceso gaseoso, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el absceso gaseoso
Bacterias productoras de gas y condiciones de formación
Diferenciación con la gangrena gaseosa y la celulitis por clostridios
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "gas"?
¿Es lo mismo un absceso gaseoso que una gangrena gaseosa?
¿Solo las bacterias del género Clostridium producen gas en los tejidos?
¿La crepitación en la piel indica siempre un absceso gaseoso?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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