DICCIONARIO MÉDICO
Gangrena gaseosa
La gangrena gaseosa es una infección bacteriana del tejido muscular, causada principalmente por Clostridium perfringens, que provoca necrosis rápidamente progresiva con acumulación de gas en los tejidos afectados. También se denomina mionecrosis clostridial. La gangrena gaseosa es una forma de gangrena en la que la destrucción tisular avanza con una velocidad que la distingue de cualquier otra infección de tejidos blandos. En cuestión de horas, el músculo sano se transforma en una masa necrótica crepitante, oscurecida y con secreción serosanguinolenta de olor característico. La crepitación (sensación de burbujas al palpar la zona) se debe a la presencia de hidrógeno y dióxido de carbono generados por la fermentación bacteriana de los azúcares del tejido muscular. El término «gaseosa» es puramente descriptivo y se incorporó a la nomenclatura médica a medida que se fue comprendiendo la naturaleza infecciosa del proceso, durante la segunda mitad del siglo XIX. La designación alternativa, mionecrosis clostridial, resulta más precisa desde el punto de vista etiológico: mio- (del griego μῦς, mŷs, 'músculo') y necrosis (θάνατος del tejido), atribuida a bacterias del género Clostridium. Clostridium perfringens es un bacilo grampositivo, anaerobio estricto y formador de esporas que se encuentra distribuido ampliamente en el suelo y en el tracto intestinal de seres humanos y animales. Las esporas son metabólicamente inertes y pueden permanecer viables en el ambiente durante años. El problema surge cuando se introducen en tejido profundo con bajo contenido de oxígeno, condición que se da en heridas por aplastamiento, traumatismos penetrantes o incisiones quirúrgicas con mala perfusión. Una vez que las esporas germinan, las bacterias vegetativas se multiplican y secretan un arsenal de toxinas. La más relevante es la toxina alfa, una fosfolipasa C que hidroliza esfingomielina y fosfatidilcolina de las membranas celulares, causando lisis de eritrocitos, plaquetas y células musculares. Otra toxina de importancia, la toxina theta (perfringolisina O), forma poros en las membranas y contribuye a la destrucción vascular local, lo que cierra el círculo: el daño vascular reduce aún más el aporte de oxígeno al tejido y favorece la extensión de la infección en un proceso que se retroalimenta. Se reconocen dos variantes principales. La forma traumática, con diferencia la más frecuente, aparece tras heridas contaminadas con tierra o material fecal y se manifiesta en las horas o días posteriores al traumatismo. Fue durante las guerras mundiales del siglo XX cuando se acumuló mayor experiencia clínica con este tipo, dada la abundancia de heridas de metralla contaminadas con suelo. Existe también una forma espontánea, bastante más rara, que surge sin herida previa. En estos casos suele estar implicado Clostridium septicum en lugar de C. perfringens, y el paciente presenta con frecuencia un proceso maligno subyacente (especialmente tumores del colon) que permite la translocación de las bacterias desde la luz intestinal hacia el torrente sanguíneo. Porque las bacterias causantes fermentan los azúcares del tejido muscular y producen gas (hidrógeno y dióxido de carbono) que se acumula entre los planos tisulares. Al palpar la zona, ese gas se percibe como una crepitación característica que permite sospechar el diagnóstico incluso antes de obtener pruebas de imagen. No. La fascitis necrotizante destruye la fascia y el tejido subcutáneo, pero respeta inicialmente el músculo. La gangrena gaseosa, en cambio, afecta de forma primaria al propio músculo (de ahí el nombre de mionecrosis). En la práctica, ambos cuadros pueden coexistir o solaparse, y los dos constituyen urgencias que requieren intervención inmediata. En Estados Unidos se estiman entre 1 000 y 3 000 casos anuales. La incidencia real a nivel mundial es probablemente superior, pero está infrarregistrada en regiones con acceso limitado a atención sanitaria. La mortalidad sigue siendo considerable incluso con intervención agresiva. Los conflictos bélicos del siglo XX proporcionaron, desafortunadamente, enormes series de casos que permitieron caracterizar la enfermedad con detalle. Las heridas de metralla, profundas y contaminadas con tierra de trinchera, creaban las condiciones ideales para la proliferación clostridial. Gran parte de lo que hoy se sabe sobre la progresión del cuadro y sus factores predisponentes se asentó durante esos años.Qué es la gangrena gaseosa
Cómo se produce la infección
Formas clínicas
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «gaseosa»?
¿Es lo mismo que la fascitis necrotizante?
¿Cuántos casos se producen al año?
¿Qué papel tuvo la Primera Guerra Mundial en su conocimiento?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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