DICCIONARIO MÉDICO
Clostridium
Clostridium es un género de bacterias grampositivas, anaerobias estrictas y formadoras de esporas. Incluye más de 200 especies reconocidas, la mayoría saprófitas del suelo y del tracto digestivo de animales y humanos, pero un puñado de ellas produce toxinas de enorme potencia patogénica y es responsable de enfermedades graves como el tétanos, el botulismo y la gangrena gaseosa. El nombre Clostridium procede del griego κλωστήρ (klōstḗr), «huso de hilar», en alusión a la forma que adoptan muchos de estos bacilos cuando esporulan: la espora, más ancha que la célula vegetativa, deforma el cuerpo bacteriano hasta darle una silueta abultada en un extremo que recuerda a un huso, un palillo de tambor o la cabeza de un fósforo. El género fue establecido formalmente por Prazmowski en 1880. Los clostridios son bacilos grandes (de 3 a 8 μm de longitud), generalmente móviles gracias a flagelos peritricos. Su rasgo biológico cardinal es el anaerobiosis estricta: solo crecen en ausencia de oxígeno molecular, lo que explica su preferencia por tejidos desvitalizados, heridas profundas y el contenido intestinal. La capacidad de formar endosporas permite a estas bacterias sobrevivir durante años en el suelo, resistir la desecación, las temperaturas extremas y muchos desinfectantes convencionales. Clostridium tetani produce la tetanospasmina, una neurotoxina que bloquea la liberación de neurotransmisores inhibitorios (GABA y glicina) en las interneuronas espinales, lo que provoca la contracción muscular sostenida y los espasmos característicos del tétanos. Una cantidad ínfima de toxina basta para desencadenar el cuadro; la dosis letal en humanos se ha estimado en menos de 2,5 nanogramos por kilogramo de peso. Con C. botulinum la situación se invierte. La toxina botulínica impide la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular, causando parálisis flácida descendente. La palabra botulismo viene del latín botulus, «salchicha», porque los primeros brotes documentados en el siglo XIX se vincularon al consumo de embutidos mal conservados. C. perfringens (del latín perfringens, «que perfora, que atraviesa») elabora al menos 17 toxinas y enzimas distintas. La toxina alfa, una lecitinasa que destruye membranas celulares, es la principal responsable de la necrosis tisular masiva en la gangrena gaseosa. Esta misma especie causa también intoxicaciones alimentarias por la enterotoxina que libera durante la esporulación en el intestino. Merece mención aparte Clostridioides difficile, reclasificado en 2016 fuera del género Clostridium en sentido estricto tras estudios filogenéticos que demostraron su distancia evolutiva. La colitis pseudomembranosa que provoca, asociada al uso previo de antibióticos de amplio espectro, constituye una de las infecciones nosocomiales más frecuentes en hospitales de todo el mundo. Los clostridios ocupan un nicho ecológico amplísimo. Se aíslan del suelo de jardines, del lodo de ríos, de la superficie de alimentos y del intestino de mamíferos, aves y peces. Muchas especies no son patógenas; algunas, como C. butyricum, participan en la fermentación butírica de la materia orgánica y tienen aplicaciones industriales. La espora es la pieza que conecta la ecología ambiental con la patología humana. Una herida punzante contaminada con tierra puede introducir esporas de C. tetani que permanecerán latentes hasta que la caída del potencial redox local (por isquemia, necrosis o presencia de cuerpo extraño) favorezca su germinación. El mismo principio opera en la gangrena gaseosa postraumática y en la contaminación de conservas caseras por C. botulinum: la anaerobiosis del envase sellado crea las condiciones idóneas para la germinación y la producción de toxina. La taxonomía del género ha experimentado una revisión profunda desde que Collins y colaboradores, en 1994, demostraron que Clostridium era un grupo genéticamente heterogéneo. Hoy se entiende que Clostridium sensu stricto corresponde solo al cluster I de Collins, mientras que las especies ubicadas en otros clusters han ido migrando a géneros nuevos: Clostridioides (para C. difficile), Paeniclostridium, Paraclostridium y otros. En la práctica clínica, sin embargo, la denominación «clostridio» sigue empleándose de forma laxa para referirse al conjunto de anaerobios esporulados grampositivos con relevancia médica. Del griego klōstḗr, que significa «huso de hilar». Describe la morfología de la célula cuando contiene una espora terminal: el abultamiento en un extremo le da una silueta ahusada que recuerda a ese instrumento textil. El género fue descrito formalmente por Prazmowski en 1880. Sí, se refieren a la misma especie. En 2016, Lawson y colaboradores propusieron trasladar esta bacteria al nuevo género Clostridioides, y la comunidad científica ha ido adoptando progresivamente esa nomenclatura. En textos anteriores a esa fecha aparecerá como Clostridium difficile. No. La mayoría de las más de 200 especies descritas son saprófitas ambientales o comensales intestinales sin capacidad patógena conocida. Solo un grupo reducido produce toxinas capaces de causar enfermedad en humanos. Porque necesitan un entorno sin oxígeno para multiplicarse. Las heridas profundas, los tejidos necrosados y los aplastamientos crean zonas con baja tensión de oxígeno donde las esporas, que pueden haber entrado con la tierra o el material contaminante, germinan y comienzan a producir toxinas. Si desea profundizar en conceptos asociados a Clostridium, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es Clostridium
Especies patógenas y sus toxinas
Ecología y esporulación
Cambios taxonómicos recientes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre Clostridium?
¿Es lo mismo Clostridium difficile que Clostridioides difficile?
¿Todas las especies de Clostridium son peligrosas?
¿Por qué los clostridios afectan sobre todo a heridas profundas?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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