DICCIONARIO MÉDICO
Fascitis necrosante
La fascitis necrosantes es una infección bacteriana de los tejidos blandos que afecta de forma predominante a la fascia y cursa con necrosis tisular rápidamente progresiva. Su gravedad reside en la velocidad de extensión y en la frecuente repercusión sistémica, con riesgo de sepsis y fracaso multiorgánico. El nombre se debe al cirujano B. Wilson, que acuñó el término en 1952. El adjetivo necrosante (del griego νέκρωσις, nékrōsis, muerte) se añade a fascitis para señalar que la infección destruye el tejido fascial, a diferencia de las fascitis mecánicas o inmunitarias, en las que la fascia se inflama pero conserva su integridad estructural. La denominación convive con la variante «fascitis necrotizante»; ambas formas se emplean indistintamente en la literatura médica en español. Las referencias más antiguas a infecciones de este tipo se remontan al siglo V a. C., cuando Hipócrates describió cuadros compatibles con necrosis rápida del tejido subcutáneo. En 1871, el cirujano militar Joseph Jones utilizó la expresión «gangrena de hospital» para designar infecciones similares observadas en soldados heridos. Fournier publicó en 1883 la descripción detallada de la gangrena perineal que lleva su nombre. Medio siglo después, Meleney identificó la etiología estreptocócica en una serie de veinte pacientes en Pekín y propuso el nombre de «gangrena estreptocócica aguda hemolítica». B. Wilson reunió en 1952 todas estas descripciones bajo el término necrotizing fasciitis, que se ha mantenido hasta hoy. Los microorganismos alcanzan el plano fascial habitualmente a través de una herida, una quemadura o una intervención quirúrgica, aunque en algunos casos no se identifica puerta de entrada. Una vez establecidos, producen toxinas y enzimas (hialuronidasas, estreptoquinasas, fosfolipasas) que facilitan la diseminación a lo largo de la fascia. La trombosis de los vasos que irrigan el tejido fascial agrava la isquemia local y acelera la necrosis. La respuesta inflamatoria sistémica puede desembocar en un cuadro de shock séptico. En torno a un tercio de los pacientes desarrollan fracaso multiorgánico. La clasificación más aceptada distingue cuatro tipos según el agente causal: Tipo I (polimicrobiana). Es la forma más frecuente, responsable del 70-80 % de los casos. Participan simultáneamente bacterias aerobias y anaerobias, y suele aparecer en pacientes con comorbilidades como diabetes mellitus, enfermedad vascular periférica u obesidad. La gangrena de Fournier pertenece a este grupo. Tipo II (monomicrobiana). Representa el 20 % aproximado de los casos. El agente principal es Streptococcus pyogenes (estreptococo betahemolítico del grupo A), seguido de Staphylococcus aureus. Puede afectar a individuos previamente sanos, a menudo tras un traumatismo menor o, incluso, sin antecedente identificable. Tipo III. Monomicrobiana por gramnegativos, incluidos vibrios marinos (Vibrio vulnificus). Asociada a heridas contaminadas con agua de mar o ingesta de marisco crudo en personas con hepatopatía crónica. Su distribución geográfica se concentra en zonas costeras. Tipo IV. De etiología fúngica. Se observa casi exclusivamente en pacientes inmunodeprimidos graves. Las extremidades inferiores concentran cerca del 50 % de los casos; le siguen la pared abdominal, la región perineal y las extremidades superiores. La velocidad de progresión varía: las formas hiperagudas pueden destruir varios centímetros de fascia por hora, mientras que las subagudas se instalan en días con signos cutáneos inicialmente discretos. La mortalidad global oscila entre el 20 y el 47 % según las series publicadas. El retraso en la sospecha diagnóstica es el factor pronóstico negativo más constante en la literatura. Las dos formas son correctas. «Necrosante» (que produce necrosis) y «necrotizante» (que causa la muerte del tejido) se usan como sinónimos en los textos médicos en español. La forma inglesa original, necrotizing fasciitis, se ha traducido de ambas maneras y ninguna tiene preferencia normativa sobre la otra. Sí, en el lenguaje divulgativo anglosajón la fascitis necrosante se ha popularizado con esa expresión (flesh-eating disease), aunque el término resulta inexacto: las bacterias no «devoran» el tejido, sino que lo destruyen mediante toxinas y enzimas que provocan necrosis e isquemia local. Varía según las series. Datos recientes sitúan la incidencia entre 4 y 15,5 casos por cada 100 000 habitantes y año, con tendencia al aumento en las últimas décadas, en parte por un mejor reconocimiento diagnóstico y en parte por el envejecimiento poblacional y la mayor prevalencia de diabetes. Los principales factores de riesgo son la diabetes mellitus, la inmunosupresión (por enfermedad o por fármacos), el alcoholismo crónico, la enfermedad vascular periférica y la obesidad. La fascitis monomicrobiana por Streptococcus pyogenes, sin embargo, puede afectar a personas sin ninguna comorbilidad conocida.Qué es la fascitis necrosante
Fisiopatología de la necrosis fascial
Clasificación microbiológica
Evolución y localización
Preguntas frecuentes
¿Fascitis «necrosante» o «necrotizante»?
¿Es lo mismo que la «bacteria come-carne»?
¿Cuál es la incidencia?
¿Quién tiene más riesgo?
Referencias
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