Pruebas de función respiratoria

"Estas pruebas son sencillas y en ellas, lo más importante es la colaboración del paciente".

DRA. ANA BELÉN ALCAIDE OCAÑA
ESPECIALISTA. DEPARTAMENTO DE NEUMOLOGÍA

Las pruebas de función respiratoria permiten analizar cómo funciona el pulmón y las vías respiratorias y con ello diagnosticar el tipo y el grado de severidad de las enfermedades respiratorias.

El sistema respiratorio es el encargado de introducir y transmitir a la sangre el oxígeno necesario para el metabolismo energético.

También se encarga de eliminar gran parte de los residuos tóxicos derivados de la combustión calórica que nos permite realizar nuestras actividades diarias.

¿Cuándo están indicada las pruebas de función respiratoria?

Se trata de unas pruebas sencillas, donde lo importante es la colaboración del paciente para  seguir las instrucciones que se le van indicando.

No requieren estar en ayunas. Es muy importante que no se tome la medicación inhalada (sprays o nebulizaciones) desde la noche anterior a la prueba (en general 12 horas anteriores). Salvo que el médico le especifique lo contrario, no hay problema en general con los medicamentos orales.

Para las pruebas de broncoprovocación o de ejercicio debe evitarse la ingesta de café o la realización de ejercicio en las seis horas anteriores.

¿Tiene alguna de estas enfermedades?

Puede que sea necesario realizarle unas pruebas de función respiratoria

Tipos de pruebas de función respiratoria

La espirometría simple es una prueba sencilla y fácil de realizar. Es indispensable para el diagnóstico de algunas enfermedades como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y para seguir su evolución y respuesta al tratamiento. Con esta prueba se examinan los volúmenes de aire que es capaz de movilizar el pulmón. Para ello se utiliza un medidor de flujo (neumotacógrafo) que cuantifica los mililitros de aire por segundo que pasan a su través.

La prueba se realiza habitualmente sentado. Consiste en coger aire y echarlo a través de una boquilla conectada a un tubo que contiene el neumotacógrafo, siguiendo las instrucciones del técnico, que anima vigorosamente a su realización.

Para conocer si los niveles medidos son los adecuados, existen unas fórmulas de los valores conocidos como normales en población similar, para una edad, peso y talla determinados.

En la llamada espirometría forzada, en la que se ha de coger y echar todo el aire en el menor tiempo posible, se conocen además los máximos flujos de aire que pueden generarse y, con ello, averiguar el calibre de las vías respiratorias (tráquea y bronquios).

Espirometría con broncodilatación
Una vez realizada la espirometría, en ocasiones se repite tras administrar un fármaco inhalado con objeto de ver si el calibre de las vías respiratorias se incrementa con medicación.

Tratan de examinar si las vías bronquiales reaccionan a diversas sustancias o situaciones disminuyendo su calibre.

Así, las vías pueden provocarse de distintas maneras:

  • Mediante la realización de ejercicio (con bicicleta, cinta rodante, carrera libre, etc.).
  • Por inhalación de aire frío o seco.
  • Con sustancias diversas (como carbacol, histamina, metacolina, etc.).

Posteriormente, se realizan una serie de espirometrías.

Estas pruebas han de efectuarse siempre en un medio hospitalario. Son útiles para el diagnóstico de asma, asma de ejercicio o la detección de unas vías respiratorias "excesivamente hiperreactivas o especialmente sensibles", lo que puede deberse a causas diversas.

Con la espirometría se conoce el volumen de aire que el pulmón puede movilizar y la rapidez con que puede hacerlo. Sin embargo, el pulmón no se vacía por completo y, para evaluar el tamaño pulmonar o la capacidad pulmonar total, son necesarias técnicas algo más complejas.

Existen enfermedades que aumentan de manera patológica la capacidad pulmonar total, mientras que otras la disminuyen, bien por disminución del tamaño pulmonar o de la caja torácica que contiene los pulmones.

La medición de los volúmenes pulmonares puede hacerse de varias maneras:

  • Pletismografía: Se trata de respirar aire dentro de una cabina cerrada de volumen conocido y hallar la capacidad pulmonar mediante fórmulas físicas que relacionan presiones y volúmenes. Permite, además, conocer la resistencia de las vías respiratorias al paso del aire.
  • Método de dilución de helio: se basa en la respiración de una cantidad de helio.
  • Método de lavado de N2: basado en la respiración de oxígeno a concentración del 100% que difunde por todo el pulmón y, posteriormente, se recoge para su análisis. La inhalación de dichos gases en ningún caso supone un peligro para el organismo.

Se trata de evaluar la capacidad de los alvéolos pulmonares para difundir un gas a la sangre. La superficie de los alvéolos es enorme, aproximadamente de un campo de fútbol.

En algunas enfermedades esa superficie se altera o se hace más gruesa, con lo que se dificulta el paso del oxígeno a su través. La prueba se realiza aspirando una cantidad de monóxido de carbono en concentraciones mínimas y manteniendo la respiración durante 10 segundos para que el gas se difunda a la sangre.

Posteriormente, se analiza el gas espirado de los pulmones y, por diversas fórmulas, se obtiene la llamada capacidad de difusión de monóxido de carbono (DCO). Para su correcta interpretación, es necesario conocer los niveles de hemoglobina en la sangre.

Sus valores están disminuídos en enfermedades, como enfisema, fibrosis pulmonares, hipertensión pulmonar, etc.

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Especializado en tabaquismo y en las enfermedades causadas por el tabaco, el Departamento cuenta con más de 15 años de experiencia en programas de deshabituación tabáquica y de detección precoz del cáncer de pulmón.

Los especialistas del departamento han recibido formación en centros punteros del mundo, incluyendo centros de Estados Unidos, y tienen amplia experiencia en el diagnóstico y tratamiento de todas las enfermedades respiratorias, las comunes y las menos frecuentes.

Imagen de la fachada de consultas de la sede en Pamplona de la Clínica Universidad de Navarra

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