Tuberculosis
Diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis en la Clínica
El diagnóstico de certeza se realiza con el aislamiento e identificación del bacilo en medios de cultivo.
El Mycobacterium tuberculosis es un bacilo de crecimiento lento, pudiendo tardar hasta 8 semanas en desarrollarse en estos medios de cultivo. Para la identificación inmediata de Mycobacterium tuberculosis se recurre a medios de tinción específicos (Ziehl-Neelsen o auramina) de muestras en las que se sospecha que hay infección.
Las técnicas de tinción no son muy sensibles, por lo que cuando no se observan bacilos en una muestra pero la sospecha clínica es alta, está indicado iniciar tratamiento hasta que los resultados de los cultivos estén disponibles (hasta 8 semanas).
La Clínica dispone de un Laboratorio de Bioseguridad de nivel 3 (BL3), que permite el manejo de agentes biológicos como el de la tuberculosis. En este laboratorio se conseigue su aislamiento, cultivo y estudio de la sensibilidad a los agentes antiinfecciosos, lo que permitirá establecer el tratamiento más adecuado.
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Realizamos, tanto exploraciones convencionales (lavado broncoalveolar o biopsia transbronquial), como técnicas diagnósticas avanzadas.
La mayoría de los casos se producen en países en vías de desarrollo, aunque la incidencia de la tuberculosis ha aumentado de forma considerable en el mundo entero".
Examen radiológico: es sensible, pero poco específico para el diagnóstico de tuberculosis pulmonar. Existen algunos patrones más específicos, como la cavitación o el patrón miliar, pero, en general, las técnicas de imagen son útiles para establecer la sospecha inicial.
Examen anatomopatológico: el patrón histológico de la infección por Mycobacterium tuberculosis es muy característico. Aparecen granulomas con necrosis central (caseificación), en los que pueden encontrarse bacilos mediante tinciones específicas.
Tuberculina (PPD) o prueba de Mantoux: consiste en inyectar en el tejido subcutáneo un extracto que contiene antígenos del bacilo de Koch, pero no el bacilo entero, por lo que no puede producir infección.
Si una persona tiene anticuerpos contra el bacilo, tendrá una reacción cutánea a los 2-3 días en el lugar de la inoculación, caracterizada por induración, eritema y calor. Si se produce esta reacción, significa que el sujeto ha estado en contacto con el bacilo en algún momento de su vida.
No quiere decir que exista una infección en el momento de la prueba, pero si las circunstancias clínicas son adecuadas, puede ayudar a establecer el diagnóstico.
El bacilo de Koch tiene una gran capacidad de protegerse contra los antibióticos desarrollando resistencias cuando éstos se emplean de forma individual. Por ello, siempre es necesario el uso de combinaciones de antibióticos. El tratamiento se puede realizar de forma ambulatoria, aunque se requiere aislamiento respiratorio, al menos las dos primeras semanas.
Entre los fármacos antituberculosos de primera elección, se incluyen la isoniacida, rifampicina, pirazinamida, etambutol y estreptomicina.
Las asociaciones internacionales de enfermedades infecciosas recomiendan en la actualidad comenzar el tratamiento con tres antibióticos de primera línea durante 2 meses, seguido de dos de ellos durante otros 4 meses adicionales.
La pauta más habitual de tratamiento es la combinación de isoniacida, rifampicina y pirazinamida durante los dos primeros meses para continuar posteriormente durante cuatro meses más con isoniacida y rifampicina. Según los casos pueden ser necesarias pautas de mayor duración y con mayor número de fármacos.
Saber más sobre la tuberculosis
La tuberculosis es una enfermedad producida por la infección del ser humano por el bacilo de Koch (Mycobacterium tuberculosis).
Cada año se producen en el mundo 8 millones de nuevos casos y mueren anualmente por esta infección casi 3 millones de pacientes. La mayoría de los casos se producen en países en vías de desarrollo, aunque, con la epidemia de SIDA, la incidencia de la tuberculosis ha aumentado de forma considerable en el mundo entero. España es uno de los países occidentales con incidencia más elevada de tuberculosis.
¿Cuáles son los síntomas más habituales?
- Fiebre
- Afectación extrapulmonar
- Tos productiva
- Astenia
La transmisión del bacilo de Koch se produce directamente de persona a persona, habitualmente a partir del enfermo con enfermedad pulmonar que exhala bacilos por vía aérea con la tos, expectoración y al hablar. Generalmente, es preciso un contacto íntimo y prolongado entre el paciente y el contacto para que se produzca el contagio. Otras formas de transmisión como la digestiva, han perdido importancia por la aplicación de medidas higiénicas como la pasteurización de la leche.
Primoinfección. En la mayoría de los casos, evoluciona sin síntomas y se resuelve sin que el paciente lo note. Es más frecuente en la infancia. En caso de presentar clínica, suele hacerlo como un síndrome febril con afectación del estado general. Puede también producirse cuadro más severo con fiebre elevada, pérdida de peso y afectación extrapulmonar. La mayoría de los casos pasan inadvertidos, siendo diagnosticados a posteriori al convertirse la prueba de la tuberculina en positiva o por la observación de cicatrices pulmonares en una radiografía de tórax.
Con los tratamientos disponibles en la actualidad, el pronóstico de la tuberculosis es excelente.
El riesgo de adquirir la infección dependerá de la virulencia del bacilo que produce la infección y de la susceptibilidad del huésped, pudiendo estar disminuida la capacidad de respuesta frente a la infección en pacientes con SIDA, diabetes y aquellos que presenten una enfermedad pulmonar previa o un estado de inmunodepresión. El riesgo de infección por tuberculosis es mayor en niños, en individuos mayores de 65 años, en personas desnutridas y en alcohólicos.
No toda persona infectada con el bacilo de Koch desarrolla enfermedad tuberculosa. La gran mayoría de las personas sufren un cuadro asintomático o asociado a síntomas leves idénticos a los de una infección respiratoria viral, que cede espontáneamente pudiendo dejar alguna cicatriz en el pulmón o en ganglios linfáticos. Este cuadro se denomina primoinfección o tuberculosis primaria.
Tan solo el 10 % de las personas con primoinfección desarrollaran finalmente la enfermedad tuberculosa; el 5 % la desarrollarán en los primeros meses tras la primoinfección; y un 5 % la desarrollarán tardíamente, incluso pasadas varias décadas.
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