DICCIONARIO MÉDICO
Tumor pardo
El tumor pardo es una lesión ósea benigna que aparece como manifestación del hiperparatiroidismo, en cualquiera de sus variedades (primario, secundario o terciario). No es una neoplasia verdadera, sino una proliferación reactiva del hueso por exceso prolongado de hormona paratiroidea: osteoclastos activos, microhemorragias, macrófagos y tejido fibroso reemplazan al tejido óseo normal. El nombre proviene del color marrón oscuro de la lesión al corte, debido a los depósitos abundantes de hemosiderina. Se define como una forma localizada de osteítis fibrosa quística, la enfermedad ósea generalizada que aparece en los hiperparatiroidismos de larga evolución. Cuando ese proceso difuso de reabsorción y sustitución fibrosa del hueso se concentra en un punto y forma una masa identificable, hablamos de tumor pardo. La denominación es algo desafortunada: aunque el término «tumor» sugiere una neoplasia, lo que ocurre es una lesión reactiva, sin capacidad de invasión a distancia y, sobre todo, reversible si se corrige la causa endocrina que la sustenta. La palabra «pardo» procede del castellano y designa un color que oscila entre el marrón y el grisáceo oscuro. La elección del adjetivo no es metafórica sino descriptiva: cuando el patólogo abre macroscópicamente la lesión, el tejido tiene una tonalidad marrón intensa, debida a los depósitos abundantes de hemosiderina derivados de las microhemorragias repetidas que tienen lugar en el interior del foco lítico. La denominación clásica alternativa, «osteoclastoma», alude al componente celular predominante; el término actual del tumor de células gigantes verdadero coincide en esa raíz, pero se reserva para otra entidad y debe usarse con cuidado para evitar confusiones. Históricamente, fue Friedrich Daniel von Recklinghausen quien describió a finales del siglo XIX la osteitis fibrosa generalisata, la enfermedad ósea que acompaña al hiperparatiroidismo. En 1904, Askanazy estableció el vínculo entre el síndrome óseo y un tumor de las glándulas paratiroides; Felix Mandl realizó en 1926 la primera paratiroidectomía con éxito en un paciente con osteítis fibrosa quística. La denominación específica de «tumor pardo» se consolidó como descriptor anatomopatológico de las masas localizadas que aparecen en el contexto de esa enfermedad. El proceso parte de un exceso mantenido de hormona paratiroidea (PTH). En el hiperparatiroidismo primario, la causa habitual es un adenoma de las glándulas paratiroides; en el secundario, la hiperestimulación crónica de las paratiroides en respuesta a la hipocalcemia mantenida de la insuficiencia renal crónica; en el terciario, la autonomización funcional de las paratiroides tras años de hiperparatiroidismo secundario. En las tres formas, la PTH elevada estimula la actividad osteoclástica y acelera la reabsorción ósea más allá de lo que la actividad osteoblástica puede compensar. En las zonas donde la reabsorción se concentra, el hueso desaparece progresivamente y es reemplazado por tejido fibroso vascularizado, poblado por células gigantes multinucleadas de tipo osteoclástico. La fragilidad de los pequeños vasos en ese tejido fibroso provoca microhemorragias repetidas. Los macrófagos limpian la sangre extravasada y se cargan de hemosiderina, el pigmento que da al conjunto su característico tono marrón. El resultado macroscópico es una masa expansiva en el hueso, blanda, friable y de color pardo intenso al corte, en cuyo interior pueden aparecer áreas quísticas por necrosis central. El tumor pardo puede asentar en cualquier hueso, pero hay localizaciones de preferencia. Las más frecuentes son las costillas, la mandíbula, la pelvis, la clavícula y los huesos largos (sobre todo el fémur y la tibia). En la región maxilofacial, donde es relativamente más común, la presentación inicial puede ser una masa mandibular indolora, descubierta a menudo por el odontólogo. Las localizaciones raras incluyen las vértebras, la órbita y los huesos pequeños de la mano, donde apenas existen unas decenas de casos publicados. En las series de pacientes con insuficiencia renal crónica en hemodiálisis, la incidencia de tumores pardos oscila entre el 1,5 y el 1,7 % de los pacientes. En el hiperparatiroidismo primario aparece en torno al 3 % de los casos, pero su frecuencia ha descendido en las últimas décadas a medida que el cuadro se identifica en fases más precoces (la inmensa mayoría de los hiperparatiroidismos primarios actuales se detectan en la fase de hipercalcemia asintomática, antes de que tengan tiempo de desarrollar manifestaciones óseas). Macroscópicamente, la lesión adopta la forma de una masa expansiva del hueso afecto, de bordes redondeados, con cortical adelgazada o erosionada y un contenido pardo-rojizo, esponjoso, friable, con áreas quísticas en su interior. En la imagen, la lesión es lítica y bien delimitada, sin reacción perióstica significativa, lo que en lesiones múltiples puede simular metástasis óseas y plantear confusiones clínicas importantes. La correlación con los datos bioquímicos (calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, PTH) es lo que orienta el cuadro hacia su naturaleza real. Osteoclastoma o tumor de células gigantes verdadero. Es la lesión con la que el tumor pardo comparte más rasgos histológicos: en ambas aparecen células gigantes multinucleadas de tipo osteoclástico. Pero el tumor de células gigantes es una neoplasia ósea verdadera, generalmente localizada en los extremos de los huesos largos, sin relación con el hiperparatiroidismo. La PTH normal y la ausencia de los signos sistémicos del hiperparatiroidismo son los que separan ambas entidades. Granuloma reparativo de células gigantes. Lesión reactiva de los maxilares, también con células gigantes multinucleadas, pero sin la base endocrina del tumor pardo. La historia clínica de un traumatismo previo y los datos bioquímicos normales orientan hacia esta entidad. Quiste óseo aneurismático. Lesión ósea benigna, expansiva y lítica, que puede contener células gigantes y áreas hemorrágicas. Carece de la asociación con hiperparatiroidismo y suele aparecer en pacientes jóvenes. Querubismo. Trastorno familiar autosómico dominante con lesiones bilaterales simétricas de los maxilares, también ricas en células gigantes, pero con presentación pediátrica característica y resolución espontánea en la adolescencia. Metástasis óseas líticas. Cuando el tumor pardo es múltiple, la imagen puede simular una diseminación neoplásica. La sospecha del hiperparatiroidismo, sobre todo en pacientes con insuficiencia renal en hemodiálisis, y la determinación de la PTH resuelven la duda. Por el color marrón oscuro que adopta la lesión cuando se examina al corte en una pieza quirúrgica o anatómica. Ese color procede del pigmento llamado hemosiderina, un derivado de la hemoglobina que se acumula en los macrófagos tras las repetidas microhemorragias que tienen lugar dentro del foco lítico. La denominación es íntegramente descriptiva, fiel a lo que el patólogo ve al microscopio y al ojo desnudo. En sentido estricto, no. El tumor pardo es una lesión reactiva del hueso, no una neoplasia verdadera. Las células que lo constituyen no son malignas, no tienen capacidad de invadir tejidos a distancia y, lo más característico, la lesión retrocede y puede llegar a desaparecer cuando se corrige la causa endocrina que la genera. El uso del término «tumor» se justifica por su aspecto macroscópico expansivo y por la masa que forma, no por su biología neoplásica. Históricamente sí se llamaron así, y todavía hoy algunos textos mantienen la equivalencia. Pero la nomenclatura moderna reserva «osteoclastoma» o «tumor de células gigantes» para una neoplasia ósea verdadera, distinta del tumor pardo, que aparece sin relación con el hiperparatiroidismo y que sí tiene comportamiento neoplásico. La denominación «tumor pardo» se reserva, en la práctica actual, para la lesión secundaria al hiperparatiroidismo. Ambas comparten la presencia de células gigantes multinucleadas en la histología, lo que explica la confusión clásica entre las dos entidades. Sí, y este es uno de sus rasgos más característicos. Cuando se corrige la causa endocrina (extirpación del adenoma paratiroideo en el hiperparatiroidismo primario, control adecuado de la insuficiencia renal en el secundario), la actividad osteoclástica anómala se normaliza, la lesión deja de crecer, las cavidades quísticas se mineralizan progresivamente y el tejido óseo se reconstituye. La regresión puede ser completa en pacientes jóvenes con lesiones pequeñas, y parcial en lesiones grandes y de larga evolución. En las costillas, la mandíbula, la pelvis, la clavícula y los huesos largos (sobre todo el fémur y la tibia). En la región maxilofacial es relativamente más común y suele ser, además, la primera manifestación clínica del hiperparatiroidismo que motiva la consulta del paciente. Las localizaciones raras incluyen las vértebras, la órbita y los huesos pequeños de la mano y el pie. Si desea profundizar en conceptos asociados al tumor pardo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tumor pardo
Mecanismo: hiperparatiroidismo, osteoclastos y hemosiderina
Localización, frecuencia y rasgos macroscópicos
Diferenciación con otras lesiones óseas de células gigantes
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama «pardo»?
¿Es realmente un tumor?
¿Es lo mismo que un osteoclastoma?
¿Puede retroceder?
¿En qué huesos aparece con más frecuencia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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