DICCIONARIO MÉDICO
Sulfato ferroso
El sulfato ferroso es una sal de hierro divalente (Fe²⁺) de administración oral, empleada para reponer el hierro del organismo en la anemia ferropénica y en los estados de carencia de este mineral. Es la forma de hierro oral más prescrita y estudiada, y sirve de referencia frente a la que se comparan las demás sales. Su código en la clasificación ATC es B03AA07, dentro del grupo de los preparados orales de hierro bivalente. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El sulfato ferroso es un compuesto inorgánico de fórmula FeSO₄, formado por un ion de hierro con carga doble positiva unido a un ion sulfato. En estado puro es un polvo blanco, pero la forma que se maneja habitualmente es la sal heptahidratada (FeSO₄·7H₂O), de color verde azulado, conocida desde la antigüedad como caparrosa verde o vitriolo verde. El adjetivo ferroso alude precisamente a ese estado de oxidación: el hierro divalente, Fe²⁺, frente al hierro férrico o trivalente, Fe³⁺, que forma otro tipo de sales. Lo que interesa desde el punto de vista médico no es el sulfato, sino el hierro que transporta. Cada porción de sulfato ferroso contiene alrededor de un 20 % de hierro elemental, y es esa fracción la que cuenta a la hora de reponer las reservas. Por eso las cantidades terapéuticas se expresan siempre en miligramos de hierro elemental y no de sal, un matiz que a menudo confunde. Se administra por vía oral, en comprimidos, comprimidos de liberación prolongada, soluciones y gotas. El hierro que aporta el sulfato ferroso es hierro no hemo, la misma forma química presente en los vegetales y distinta del hierro hemo de la carne. Se absorbe sobre todo en el duodeno y en el tramo inicial del yeyuno, y para atravesar la pared intestinal necesita estar en estado divalente. Ahí reside la lógica de usar una sal ferrosa: el transportador de metales divalentes DMT1, la puerta de entrada del hierro en el enterocito, solo admite Fe²⁺. El hierro trivalente debe reducirse antes a esa forma para poder absorberse. Una vez dentro, el hierro sigue las rutas habituales del metabolismo del hierro: se incorpora a la transferrina para circular por la sangre, se almacena como ferritina y se destina en buena parte a la médula ósea, donde se integra en la hemoglobina de los glóbulos rojos en formación. El sulfato ferroso no hace nada distinto de aportar ese hierro: rellena un depósito vacío. Su efecto empieza a notarse en la sangre en cuestión de días, aunque reponer del todo las reservas lleva semanas o meses. La absorción del hierro no hemo es irregular e incompleta, y mejora justo cuando el organismo está más necesitado. En una persona con las reservas agotadas, el intestino absorbe una proporción mucho mayor que en una persona repleta. Ese ajuste depende de la hepcidina, la hormona que regula cuánto hierro deja pasar la pared intestinal. El uso del hierro contra la anemia es antiguo. En 1681 el médico inglés Thomas Sydenham describió el efecto del hierro en el tratamiento de la clorosis, el nombre que recibía entonces una anemia que afectaba sobre todo a mujeres jóvenes y que teñía la piel de un tono verdoso, de donde viene el término. Habría que esperar aún dos siglos para entender por qué funcionaba. El vitriolo verde, en cambio, se conocía y se fabricaba mucho antes que su aplicación médica, con usos que iban del teñido de tejidos a la elaboración de tintas. Porque el hierro que contiene está en su forma divalente, Fe²⁺. En química, el sufijo -oso designa el menor de dos estados de oxidación y el sufijo -ico el mayor. El hierro férrico (Fe³⁺) forma otras sales distintas. La distinción no es un tecnicismo menor: solo la forma ferrosa se absorbe directamente en el intestino. No. Solo alrededor de una quinta parte del peso del sulfato ferroso corresponde a hierro elemental, que es lo que el cuerpo aprovecha. Un comprimido con varios cientos de miligramos de sal aporta bastante menos hierro real. Por eso las cantidades de referencia se dan siempre en miligramos de hierro elemental. El sulfato ferroso se toma por boca y depende de la absorción intestinal, que es limitada y variable. Los preparados intravenosos, como el hierro dextrano, introducen el hierro directamente en la sangre y se reservan para situaciones en que la vía oral no basta o no se tolera. Si desea ampliar información sobre el hierro y su déficit, puede consultar:Qué es el sulfato ferroso
Por qué se emplea la forma ferrosa
Un remedio con siglos de historia
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama ferroso y no férrico?
¿Es lo mismo la cantidad de sulfato ferroso que la de hierro?
¿En qué se diferencia del hierro de administración intravenosa?
Referencias
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