DICCIONARIO MÉDICO
Reflejo bulbocavernoso
El reflejo bulbocavernoso es la contracción involuntaria del músculo bulboesponjoso y del esfínter anal externo que sigue a la compresión del glande del pene o del clítoris. Su arco recorre el nervio pudendo y los segmentos medulares sacros S2 a S4, y es uno de los pocos reflejos que permiten explorar esa región de la médula. Se trata de un reflejo somático sacro, no autónomo: tanto la señal que entra como la orden que sale viajan por fibras del nervio pudendo, y el efector es músculo estriado del suelo pélvico. A diferencia del reflejo bicipital, su circuito no es monosináptico, sino que intercala varias estaciones en la sustancia gris medular. El nombre arrastra una incoherencia terminológica que conviene aclarar. La Terminologia Anatomica denomina al músculo efector bulbospongiosus, bulboesponjoso en español, porque envuelve el bulbo del cuerpo esponjoso del pene en el varón y los bulbos del vestíbulo en la mujer. Bulbocavernoso es la denominación anterior, todavía dominante en la literatura clínica y en los informes neurofisiológicos, de ahí que el reflejo se encuentre citado indistintamente como bulbocavernoso o bulboesponjoso. En algunos textos aparece además como reflejo de Osinski. La rama aferente parte de los receptores de la piel del glande o del clítoris y asciende por el nervio dorsal del pene o del clítoris, rama terminal del pudendo, hasta las raíces sensitivas S2, S3 y S4. Las motoneuronas que reciben esa información se agrupan en el núcleo de Onuf, un núcleo del asta anterior sacra que reúne las neuronas destinadas a la musculatura estriada perineal y esfinteriana. De ahí sale la rama eferente: raíces motoras sacras, plexo sacro y rama perineal profunda del pudendo hasta el bulboesponjoso y el esfínter anal externo. El músculo participa en la continencia, en el vaciado final de la uretra y, junto con el isquiocavernoso, en la fase de rigidez de la erección peneana. Que la vía de entrada y la de salida compartan tronco nervioso tiene una consecuencia práctica: una lesión del pudendo abole el reflejo aunque la médula sacra esté intacta. Además de buscarse a la cabecera del paciente, el reflejo se registra por electromiografía. Se estimula eléctricamente el nervio dorsal del pene y se recoge la respuesta motora en el músculo bulboesponjoso, midiendo el tiempo transcurrido hasta el primer pico negativo. Varios autores sitúan el intervalo de normalidad entre 40 y 43 milisegundos. Una latencia alargada, o una dispersión llamativa entre estímulos repetidos, apunta a un retraso en algún tramo del arco. La estimulación también puede ser mecánica o magnética, y el registro puede recogerse en el esfínter anal externo en lugar del bulboesponjoso. El valor del reflejo procede de su localización: junto con la exploración de la sensibilidad perineal, es una de las escasas maniobras que informan del cono medular y de las raíces sacras. Tras una lesión medular aguda por encima de ese nivel, la desaparición transitoria de toda actividad refleja por debajo de la lesión hace que el reflejo también se abola; su reaparición marca el final de esa fase. Cuando la ausencia persiste, o cuando se comprueba sin que exista lesión por encima, la interpretación cambia y señala al propio cono o a las raíces de la cola de caballo. El signo no rinde igual en ambos sexos. En series de pacientes remitidos para estudio urodinámico, la ausencia del reflejo se asoció con lesión de los segmentos S2 a S4 de forma mucho más consistente en varones que en mujeres, diferencia que se ha atribuido a lesiones previas del pudendo por partos o cirugía pélvica. La presencia del reflejo, por sí sola, resultó poco informativa. Quién describió primero el fenómeno no está resuelto. Circula la atribución al neuropatólogo Jacques Onanoff, hacia 1890, y el epónimo reflejo de Osinski persiste en parte de la bibliografía, pero las revisiones históricas reconocen que el pionero real permanece sin identificar con seguridad. Lo que sí está documentado es el momento en que el reflejo pasó a formar parte del razonamiento clínico: el trabajo del urólogo Ernest Bors a partir de 1946, en el contexto de la atención a lesionados medulares, es el que fija su utilidad y difunde su uso. Sí. Designan el mismo músculo perineal y, por extensión, el mismo reflejo. Bulboesponjoso es la forma recogida en la nomenclatura anatómica internacional; bulbocavernoso es el nombre tradicional, que sigue siendo el más frecuente en neurofisiología y urología. Automático. La respuesta se produce sin intervención de la voluntad y sin que la señal tenga que ascender al encéfalo, aunque el músculo implicado sea estriado y pueda contraerse también de forma voluntaria en otras circunstancias. Porque los segmentos sacros bajos son difíciles de explorar por otros medios. Las raíces S2 a S4 gobiernan el control esfinteriano, la sensibilidad perineal y la respuesta sexual, y apenas disponen de representación en los reflejos habituales de las extremidades. El reflejo cremastérico, por ejemplo, informa de un nivel mucho más alto, en torno a L2. Un reflejo que se agote en el territorio del pudendo cubre un hueco que ninguna otra maniobra sencilla cubre. No necesariamente. El rendimiento del signo difiere entre varones y mujeres, y una respuesta no obtenida a la cabecera del paciente puede deberse a la propia técnica. Por eso la exploración manual suele completarse con el registro electrofisiológico y con el resto de los hallazgos neurológicos antes de extraer conclusiones.Qué es el reflejo bulbocavernoso
El recorrido del arco sacro
Registro electrofisiológico y latencia
Qué informa su ausencia
Una paternidad discutida
Preguntas frecuentes
¿Bulbocavernoso y bulboesponjoso son lo mismo?
¿Es un reflejo voluntario o automático?
¿Por qué se le da tanta importancia a un reflejo tan localizado?
¿Su ausencia siempre indica enfermedad?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026