DICCIONARIO MÉDICO
Pneumocystis
Pneumocystis es el género de un microorganismo minúsculo que casi todos hemos alojado alguna vez en los pulmones sin enterarnos. Su nombre científico completo, cuando afecta al ser humano, es Pneumocystis jirovecii. En una persona con las defensas intactas pasa completamente inadvertido; en alguien inmunodeprimido puede provocar una neumonía grave. Durante décadas se clasificó entre los protozoos, y solo el análisis del ADN reveló que en realidad se trata de un hongo, aunque de biología bastante atípica. Pneumocystis jirovecii Antes llamado Pneumocystis carinii Tipo: hongo Forma: unicelular atípico, sin encaje claro en levadura o moho; ciclo con forma trófica y forma quística Transmisión: aérea, de persona a persona Reservorio: humano en exclusiva (cada especie del género es específica de su huésped) Patogenicidad: oportunista Enfermedades: neumonía por Pneumocystis (sin ficha propia todavía en este diccionario) El nombre del género es descriptivo hasta la literalidad: pneumo, por su afinidad casi exclusiva por el pulmón, y cystis, por la forma quística en la que se lo observó por primera vez al microscopio. La especie que afecta al ser humano, jirovecii, honra al parasitólogo checo Otto Jírovec, que describió esta neumonía en niños en 1952. Su historia está llena de confusiones. El primero en verlo fue Carlos Chagas en 1909, en cobayas de laboratorio, aunque lo confundió con una fase del ciclo vital del tripanosoma que causa la enfermedad que lleva su apellido. En 1910 Antonio Carini redescubrió los quistes en ratas, y dos años después el matrimonio Delanoë, en el Instituto Pasteur, reconoció que se trataba de un organismo distinto y le puso nombre en honor a Carini. Durante décadas se le consideró un protozoo. El giro llegó en 1988, cuando el análisis de su ARN ribosómico demostró un parentesco inequívoco con los hongos ascomicetos. El cambio de reino trajo consigo un problema gramatical inesperado: al pasar de las reglas de nomenclatura zoológica a las botánicas, el nombre en honor a Jírovec tuvo que corregirse de jiroveci a jirovecii, con dos íes, la última corrección se fijó en 2006. A diferencia de la mayoría de los hongos, no se deja cultivar en el laboratorio por métodos convencionales, lo que ha limitado mucho su estudio. Su ciclo alterna dos formas. La trófica, delgada y de contorno cambiante, se adhiere con fuerza al epitelio de los alvéolos pulmonares mediante glucoproteínas de superficie. La quística, de pared más gruesa, alberga en su interior hasta ocho cuerpos intraquísticos, una organización que recuerda al asca de los hongos ascomicetos y que sostiene su clasificación actual. Es un microorganismo extracelular: no invade las células del huésped, sino que se sitúa pegado a ellas, en la superficie del alvéolo. Esta particularidad, unida a su imposibilidad de cultivo, explica por qué su biología completa sigue sin conocerse del todo. No tiene reservorio animal ni ambiental conocido: vive únicamente en el pulmón humano, y cada una de las especies del género (la que afecta a la rata, al ratón o al ser humano) está tan adaptada a su huésped concreto que no salta de una a otra. Se transmite por vía aérea, de persona a persona, mediante partículas respiratorias. La primoinfección ocurre casi siempre en la infancia y suele pasar completamente inadvertida. Los estudios de seroprevalencia muestran que entre el 80 y el 90 % de los niños ya han estado en contacto con el hongo antes de cumplir los cuatro años. Lo que ocurre después, si el hongo queda latente en el organismo o si hay nuevas exposiciones a lo largo de la vida, sigue siendo objeto de debate entre los especialistas. En una persona con la inmunidad celular intacta, el contacto con Pneumocystis no deja huella clínica. El cuadro solo se manifiesta cuando los linfocitos T CD4 caen por debajo de un umbral crítico, ya sea por el avance del sida, por una inmunodeficiencia primaria, por un trasplante de órgano o por el uso prolongado de corticoides y otros fármacos inmunosupresores. Antes de la introducción del tratamiento antirretroviral, esta era la infección oportunista que con más frecuencia marcaba el paso del VIH al sida. Es un hongo, concretamente un ascomiceto. La confusión histórica viene de que su ciclo vital se parecía, en apariencia, al de algunos protozoos, y así se clasificó hasta que las técnicas moleculares de finales de los años ochenta demostraron su verdadero parentesco. Porque cambió de reino. Mientras se lo consideró un protozoo, el nombre de la especie humana se escribía con una sola i, jiroveci; al reclasificarse como hongo pasaron a aplicarse las reglas de nomenclatura botánica, que exigían la forma jirovecii, con dos. La exposición sí se transmite por vía respiratoria, y de hecho la mayoría de los adultos la ha sufrido en la infancia sin saberlo. Enfermar es otra cosa. Eso solo ocurre cuando las defensas están gravemente comprometidas. No. El género incluye varias especies, cada una limitada a un huésped: P. jirovecii en el ser humano, P. carinii y P. wakefieldiae en la rata, P. murina en el ratón. Antiguamente todas se agrupaban bajo el nombre carinii, de ahí que este siga apareciendo en la literatura médica más antigua. Para ampliar información sobre conceptos vinculados a Pneumocystis, puede consultar:Qué es Pneumocystis jirovecii
Morfología y ciclo vital
Dónde vive y cómo se transmite
Enfermedad en personas inmunodeprimidas
Preguntas frecuentes
¿Pneumocystis es un hongo o un protozoo?
¿Por qué cambió de nombre?
¿Es contagioso entre personas sanas?
¿Existe solo una especie de Pneumocystis?
Referencias
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