DICCIONARIO MÉDICO
Pneumococo
Pneumococo es el nombre común de Streptococcus pneumoniae, una bacteria que vive de forma habitual en la nariz y la garganta de personas completamente sanas. La mayor parte del tiempo no da ningún problema. La situación cambia cuando avanza más allá de esa frontera: entonces puede producir desde una otitis hasta una neumonía, una meningitis o una infección generalizada de la sangre. Con este mismo organismo se demostró, además, que la herencia biológica se escribe en el ADN. Streptococcus pneumoniae Pneumococo (neumococo) Tipo: bacteria Morfología: diplococo grampositivo lanceolado, alfa hemolítico, capsulado, anaerobio facultativo Transmisión: gotas respiratorias y contacto con secreciones nasofaríngeas Reservorio: humano (nasofaringe) Patogenicidad: primario y oportunista Enfermedades: otitis media, sinusitis, neumonía y meningitis; en su forma invasiva, bacteriemia y sepsis Pertenece al género Streptococcus, el mismo grupo de cocos en cadena cuya etimología griega ya se explica en la entrada del género. El epíteto pneumoniae es más directo: toma el nombre latino de la enfermedad, neumonía, con la que este microorganismo quedó asociado desde sus primeras descripciones. La bacteria fue aislada de forma independiente en 1881 por dos investigadores que no se conocían entre sí: Louis Pasteur, en Francia, a partir de la saliva de un niño fallecido de rabia, y George Miller Sternberg, médico del ejército estadounidense, con su propia saliva. Ambos inyectaron el material en conejos y vieron morir al animal con diplococos circulando en la sangre. El nombre pneumococcus llegó algo después, en 1886, de la mano de Albert Fraenkel, que lo aisló repetidamente en enfermos de neumonía. El binomio actual tardó en fijarse. En 1920 pasó a llamarse Diplococcus pneumoniae, por su disposición característica en parejas al microscopio. Solo en 1974, y de forma oficial en 1980, se integró en el género Streptococcus por su parentesco genético con el resto de especies del grupo. El propio neumococo protagonizó, además, uno de los experimentos que fundaron la genética moderna. En 1928 el bacteriólogo Frederick Griffith comprobó que una cepa viva y no virulenta se volvía letal al mezclarla con otra virulenta pero muerta por calor. Dieciséis años más tarde, Oswald Avery y su equipo identificaron la sustancia responsable de esa transformación: no eran las proteínas, como se pensaba entonces, sino el ADN. Al Gram se ve como un diplococo grampositivo de forma lanceolada, afilado por los extremos como la punta de una lanza, inmóvil y sin esporas, agrupado en parejas o cadenas cortas de entre 0,5 y 1,2 micras. Es una bacteria exigente. Crece mejor en agar sangre enriquecido y con algo más de dióxido de carbono del habitual en el aire. En el cultivo forma colonias redondeadas y mucosas que, pasadas cuarenta y ocho horas, se hunden por el centro a causa de su propia autolisis. Alrededor aparece un halo verdoso: es la alfa hemólisis, una digestión parcial de la hemoglobina que comparte con otros estreptococos habituales de la boca y que, por sí sola, no basta para distinguirlo. Dos pruebas resuelven la duda. Es sensible a la optoquina, un compuesto frente al que especies parecidas como Streptococcus mitis resisten sin problema, y se disuelve en presencia de sales biliares, que dejan intactos a esos mismos parientes inofensivos. Su hábitat natural es la nasofaringe humana, donde convive con el resto de la microbiota sin causar ningún trastorno. Entre un 5 y un 10 % de los adultos sanos lo portan sin saberlo, una cifra que sube hasta el 60 % en los niños pequeños, sobre todo en los meses fríos. Ser portador no es estar enfermo. Se transmite de persona a persona por gotas respiratorias y por contacto con secreciones nasofaríngeas, lo que explica su circulación intensa en guarderías y colegios. El paso de portador sano a enfermo suele necesitar un empujón: una infección vírica previa que dañe el epitelio de las vías respiratorias, el frío o el tabaco abren una puerta que la bacteria, sola, raramente encuentra. En su forma más leve es la causa bacteriana más frecuente de otitis media y sinusitis. Cuando desciende por la vía respiratoria provoca la neumonía neumocócica, típicamente lobar, que durante buena parte del siglo XX se definió por contraste con la neumonía atípica causada por otros microorganismos de curso más insidioso. Si atraviesa la barrera de las mucosas alcanza el torrente sanguíneo y puede producir bacteriemia o sepsis; por esa misma vía puede llegar a las meninges, donde causa una de las formas más temidas de la enfermedad invasiva, o instalarse, con menor frecuencia, en las válvulas cardíacas. La cápsula bacteriana de polisacárido que lo envuelve, de la que existen más de noventa variantes o serotipos, es la clave de esa capacidad invasiva: le permite escapar de la fagocitosis y bloquear la vía alterna del complemento mientras el organismo no ha fabricado anticuerpos específicos contra ella. Frente a los serotipos capsulares más frecuentes existen vacunas conjugadas y de polisacáridos, agrupadas bajo el nombre de vacuna antineumocócica. Su diseño se apoya justamente en ese mismo principio inmunológico: los anticuerpos dirigidos contra la cápsula protegen, pero solo frente al serotipo que los generó. Las dos formas son correctas y designan al mismo organismo. La documentación histórica del español sitúa pneumococo, con pe inicial, como la variante más antigua, registrada ya en 1887; neumococo es una adaptación fonética posterior que, según el diccionario histórico de la Real Academia Española, no se impuso en el uso hasta las últimas décadas del siglo XX. Porque han modificado las proteínas de su pared celular a las que se une este antibiótico, un mecanismo que reduce su eficacia. El fenómeno se describe ya en repertorios lexicográficos recientes, que citan expresamente las cepas de penicilina resistente como ejemplo del término. No. Ambos pertenecen al mismo género, pero son especies distintas con biología diferente. La faringitis estreptocócica la produce sobre todo Streptococcus pyogenes, del grupo A; el pneumococo forma un grupo aparte, alfa hemolítico, y su terreno preferido es la vía respiratoria baja y la sangre, no la garganta. Con la prueba de la optoquina y la solubilidad en bilis. Ninguna de las dos pruebas es infalible por separado, así que en la práctica se combinan con la observación directa al microscopio. Para ampliar información sobre conceptos vinculados al pneumococo, puede consultar:Qué es Streptococcus pneumoniae
Cómo se identifica en el laboratorio
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Se dice pneumococo o neumococo?
¿Por qué algunas cepas son resistentes a la penicilina?
¿El pneumococo es lo mismo que el estreptococo que causa la faringitis?
¿Cómo distingue el laboratorio al pneumococo de otras bacterias parecidas?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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