DICCIONARIO MÉDICO
Pituicitoma granular
El pituicitoma granular, denominado también tumor de células granulares de la región selar, es una neoplasia de bajo grado (grado I de la OMS) que nace de los pituicitos granulares de la neurohipófisis. Su rasgo histológico distintivo es un citoplasma repleto de lisosomas que le confiere un aspecto eosinófilo y granular al microscopio. Se trata de un tumor poco frecuente que asienta en la hipófisis posterior o en el tallo hipofisario, compuesto por células poligonales de núcleos regulares y citoplasma abundante cargado de gránulos eosinófilos. Esos gránulos corresponden a lisosomas acumulados, dato que se confirma con la tinción de PAS (positiva y resistente a la diastasa). La inmunohistoquímica muestra positividad para TTF-1, S-100 y vimentina, un perfil idéntico al del pituicitoma convencional, y que desde la quinta edición de la clasificación de tumores del sistema nervioso central de la OMS (2021) ha llevado a considerar ambas entidades como variantes de la misma familia tumoral. El adjetivo granular viene del latín granulum, diminutivo de granum (grano), y describe exactamente lo que ve el patólogo al examinar el tejido: una célula cuyo citoplasma parece sembrado de granos finos y refringentes. La historia nomenclatural de este tumor es llamativamente enrevesada. Desde la primera descripción que se atribuye a Boyce y Beadles en 1893, ha recibido nombres como coristoma, mioblastoma de células granulares e infundibuloma, entre otros. No fue hasta la edición de 2007 de la clasificación de la OMS cuando se separó formalmente del pituicitoma como entidad propia, para después volver a reagruparse con él en 2021 bajo la denominación unificada de tumores TTF-1 positivos del lóbulo posterior. Entre las cinco variantes ultraestructurales reconocidas en los pituicitos normales, la variante granular se caracteriza por un exceso de lisosomas en el citoplasma. No está del todo claro por qué se acumulan: una hipótesis apunta a un defecto en la degradación lisosomal que impide el reciclaje normal de orgánulos y proteínas, algo comparable (salvando las distancias) a lo que ocurre en ciertas enfermedades de depósito lisosomal. Sea cual sea el mecanismo, el resultado es una célula grande, de contorno poligonal, con un citoplasma tan cargado de gránulos que desplaza al núcleo hacia la periferia. Esta morfología singular facilitó durante décadas la confusión con otros tumores de células granulares que aparecen en localizaciones extracerebrales (lengua, piel, esófago). La clave para la identificación correcta es la combinación de localización neurohipofisaria, positividad para TTF-1 y negatividad para hormonas hipofisarias. Ningún otro tumor de células granulares del organismo expresa TTF-1 de forma nuclear. Un dato que sorprende es la discrepancia entre la rareza clínica del tumor y su frecuencia en estudios de autopsia. En un trabajo clásico de Tomita y Gates (1999), que examinó 100 hipófisis obtenidas en autopsias de personas asintomáticas, se encontraron nueve tumores de células granulares en la neurohipófisis, todos ellos microscópicos y sin repercusión clínica alguna. El hallazgo sugiere que muchos de estos tumores existen como lesiones silentes que nunca llegan a crecer lo suficiente como para producir compresión. Cuando sí crecen, los tumores de células granulares de la neurohipófisis afectan con mayor frecuencia a mujeres (proporción aproximada de 2:1) entre la cuarta y la quinta década de vida. Un metanálisis de 2011 publicado en el American Journal of Neuroradiology confirmó 64 casos documentados histológicamente en toda la literatura mundial, casi el doble que los pituicitomas convencionales (35 casos). La mayoría se presentaba como masas selares sólidas con extensión supraselar. Frente al pituicitoma convencional, la distinción es puramente histológica: células fusiformes con citoplasma fibrilar en uno; células poligonales con gránulos PAS-positivos en el otro. En la práctica, hay casos con rasgos mixtos que refuerzan la idea de que se trata de un continuo morfológico más que de dos enfermedades independientes. La confusión preoperatoria más habitual se da con el adenoma hipofisario no funcionante, porque ambos se presentan como masas selares con realce homogéneo en la resonancia magnética. También puede simularse un craneofaringioma, aunque la ausencia de calcificaciones y de contenido quístico debería orientar al clínico hacia otro origen. El nombre histórico de coristoma, utilizado durante décadas para estas lesiones, contribuyó a oscurecer su verdadera naturaleza glial y dificultó la clasificación hasta bien entrado el siglo XXI. Porque el citoplasma de las células tumorales está lleno de gránulos eosinófilos visibles al microscopio, que corresponden a lisosomas acumulados. El adjetivo procede del latín granulum, diminutivo de granum (grano). Depende de la edición de la clasificación que se consulte. En la de 2007, la OMS los separaba como entidades distintas. Desde 2021, se consideran variantes del mismo tumor, diferenciadas solo por la ultraestructura del citoplasma. Comparten origen celular, marcador TTF-1 y comportamiento clínico. Sí. De hecho, es más frecuente como hallazgo incidental en autopsias que como tumor con manifestaciones clínicas. Un estudio encontró tumores de células granulares microscópicos en el 9 % de las hipófisis examinadas post mortem. Solo una fracción de esos tumores llega a crecer lo bastante como para comprimir estructuras vecinas y provocar alteraciones. Coristoma designa, en patología general, una masa de tejido histológicamente normal situada en una localización anómala. Se aplicó al tumor de células granulares de la neurohipófisis porque durante mucho tiempo se creyó que procedía de tejido ectópico, no de los propios pituicitos. La inmunohistoquímica moderna descartó esa idea, pero el nombre pervivió en la literatura hasta principios de este siglo. Si desea profundizar en conceptos asociados al pituicitoma granular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el pituicitoma granular
La célula granular y su acumulación de lisosomas
Frecuencia y hallazgo incidental en autopsias
Diferenciación con el pituicitoma convencional y el adenoma
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama granular?
¿Es lo mismo que un pituicitoma?
¿Puede encontrarse por casualidad?
¿Qué significaba el nombre coristoma?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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