DICCIONARIO MÉDICO
Parestesias
Las parestesias son sensaciones anómalas de la piel que se perciben sin que exista un estímulo externo que las provoque: hormigueo, cosquilleo, adormecimiento o punzadas finas parecidas a alfileres. Aparecen con más frecuencia en manos, pies, brazos y piernas, aunque pueden surgir en cualquier zona del cuerpo. En términos neurológicos, constituyen un fenómeno sensitivo positivo, distinto de la pérdida de sensibilidad. El término procede del griego paraísthesis, formado por el prefijo pará ("de forma impropia") y aisthesía ("percepción"). Su forma científica latinizada, paraesthesia, se documenta en inglés desde 1803, y de ahí pasó a las demás lenguas europeas ya con un sentido muy próximo al actual: una percepción que se produce sin la causa que normalmente la justificaría. La historia de la palabra guarda una curiosidad. El griego paraísthesis aparece ya en el siglo I o II, en la obra del médico Sorano de Éfeso, autor del primer tratado ginecológico occidental conservado: lo usó para describir la sensación molesta que nota una mujer en el pecho cuando interrumpe la lactancia. Sin embargo, todo apunta a que se trata de una coincidencia y no de una filiación directa: el neologismo médico del siglo XIX que dio lugar a la parestesia actual se acuñó, casi con toda seguridad, sin conocimiento de aquel uso antiguo. La sensibilidad cutánea viaja al encéfalo a través de fibras nerviosas de distinto calibre. Las parestesias se asocian sobre todo a la disfunción de las fibras grandes y mielinizadas, las mismas que transmiten el tacto y la propiocepción. Cuando estas fibras sufren compresión, isquemia transitoria o pérdida de la vaina de mielina, generan descargas eléctricas espontáneas, ectópicas, que el cerebro interpreta como hormigueo o adormecimiento aunque la piel no haya recibido ningún estímulo real. Ese mecanismo explica el ejemplo más común y cotidiano: la pierna que "se duerme" al mantener una postura prolongada. La compresión mantenida interfiere temporalmente en la conducción del nervio; al liberarse la presión, las fibras retoman su actividad de forma desordenada durante unos segundos antes de normalizarse, y de ahí la sensación de hormigueo al recuperar la postura. Las parestesias transitorias, ligadas casi siempre a una compresión postural breve, ceden en cuanto desaparece la causa mecánica y no requieren más explicación que esa. Las persistentes son otra cosa: se prolongan en el tiempo o se repiten con frecuencia, y suelen apuntar a una alteración más duradera en algún punto de la vía sensitiva, desde el nervio periférico hasta el propio encéfalo. La localización orienta sobre el origen. Una parestesia limitada al territorio de un único nervio sugiere una lesión focal, como ocurre en un atrapamiento nervioso. Una distribución simétrica y distal, en cambio, es más propia de una afectación difusa de los nervios periféricos. Ninguna de las dos formas permite, por sí sola, establecer una causa concreta. Los trastornos de la sensibilidad se dividen en dos grandes grupos: fenómenos positivos, sensaciones que se añaden sin un estímulo real, y fenómenos negativos, pérdida o disminución de la sensibilidad normal. La parestesia pertenece al primer grupo, junto a la disestesia, que designa específicamente una sensación anómala desagradable o dolorosa. La hipoestesia y la anestesia pertenecen al segundo: disminución y ausencia de sensibilidad, respectivamente. La frontera entre parestesia y disestesia no depende de dónde aparece la sensación, sino de cómo se vive. Un mismo hormigueo puede describirse como parestesia cuando resulta neutro o apenas molesto, y como disestesia cuando se percibe como desagradable o doloroso. No son, por tanto, categorías excluyentes, sino dos formas de calificar una experiencia sensitiva que comparte el mismo origen nervioso. Porque en griego pará podía indicar algo desviado de lo normal, "impropio". Aplicado a aisthesía, "percepción", el compuesto describe literalmente una percepción irregular: una sensación que existe sin el estímulo que debería originarla. Sí, son sinónimos: hormigueo es el nombre coloquial y parestesia, el técnico. Ambos designan la misma sensación cutánea anómala percibida sin causa externa. No. La inmensa mayoría de las parestesias son episodios breves por compresión postural de un nervio, sin ninguna trascendencia. Solo cuando se hacen persistentes, recurrentes o se acompañan de otros signos neurológicos adquieren relevancia clínica. Sí, especialmente en el labio inferior o la mejilla tras procedimientos que afectan a ramas del nervio trigémino, como la extracción de un molar inferior. Suelen ser transitorias, aunque en casos poco frecuentes de lesión directa del nervio pueden prolongarse.Qué son las parestesias
Cómo se producen
Transitorias y persistentes
Diferencia con otras alteraciones de la sensibilidad
Preguntas frecuentes
¿Por qué el término incluye el prefijo "para"?
¿Es lo mismo parestesia que hormigueo?
¿Toda parestesia indica un problema neurológico grave?
¿Pueden aparecer parestesias en la cara?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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