DICCIONARIO MÉDICO
Paraaminohipúrico (PAH)
El ácido paraaminohipúrico (PAH) es una sustancia que el organismo no produce en cantidades relevantes y que se administra por vía intravenosa para medir el flujo plasmático renal. Su utilidad procede de una propiedad poco frecuente entre los compuestos orgánicos: los riñones lo filtran en el glomérulo y, además, lo secretan de forma activa en el túbulo proximal, de manera que casi la totalidad del PAH que llega al riñón queda eliminado en un único paso de la sangre. Es un derivado sintético del ácido hipúrico, la sustancia que da nombre a toda la familia. Detrás del nombre completo hay dos historias distintas. La palabra hipúrico procede del griego hippos, caballo, y ouron, orina: Justus von Liebig aisló el ácido hipúrico de la orina equina en 1829 y lo bautizó por ese origen, mucho antes de que nadie pensara en usarlo para estudiar el riñón humano. El ácido hipúrico en sí es el resultado de unir ácido benzoico con el aminoácido glicina, y aparece de forma natural en la orina de los herbívoros. El PAH añade a esa estructura un grupo amino en la posición para del anillo aromático, la misma nomenclatura que en química orgánica distingue las posiciones para, meta y orto de un benceno sustituido. A diferencia del ácido hipúrico natural, el PAH no circula de forma espontánea por el organismo en cantidades medibles. Se sintetiza y se infunde con un propósito único: servir de trazador para estudiar cómo funciona el riñón. Ningún otro compuesto de uso habitual combina tan bien las dos propiedades que hacen falta para ese propósito, filtración glomerular casi completa y secreción tubular igual de eficiente. Del volumen de plasma que entra en el riñón, solo una fracción pasa a través del glomérulo por filtración simple; el resto continúa hacia los capilares que rodean el túbulo proximal. El PAH que se filtra llega directamente a la orina. El que no se filtró tampoco escapa: las células del túbulo proximal lo captan desde esos capilares peritubulares mediante transportadores de aniones orgánicos, entre ellos OAT1 y OAT3, y lo bombean activamente hacia la luz tubular en contra de su gradiente de concentración. La combinación de ambas vías, filtración más secreción, deja la sangre venosa renal prácticamente libre de PAH tras un solo paso. Prácticamente libre, no del todo. Una fracción del riego renal, entre el 5 y el 10 %, alcanza regiones como la cápsula, la grasa perirrenal o la pelvis renal, zonas que no participan en la secreción tubular. Por eso el aclaramiento de PAH no equivale al flujo plasmático renal real, sino a lo que en fisiología renal se llama flujo plasmático renal efectivo: el flujo a través del tejido que sí es capaz de depurar la sustancia. La diferencia entre ambos valores depende de la fracción de extracción del PAH, que en condiciones normales ronda el 90 %. La inulina se filtra en el glomérulo sin secretarse ni reabsorberse en el túbulo, así que su aclaramiento mide únicamente la tasa de filtración glomerular. El PAH, al sumar secreción a la filtración, responde a una pregunta distinta: cuánto plasma atraviesa el riñón en total, no solo cuánto se filtra. Dividir el aclaramiento de inulina entre el de PAH da la fracción de filtración, un valor cercano al 20 % en condiciones normales que expresa qué proporción del plasma que llega al riñón termina realmente filtrándose. El fisiólogo renal Homer W. Smith, junto con Norma Finkelstein, Lucy Aliminosa, Betty Crawford y Martha Graber, publicó en 1945 en el Journal of Clinical Investigation el trabajo que estableció al PAH como el trazador de referencia para el flujo plasmático renal en perros y en humanos. El artículo, además de proponer la sustancia, describió con detalle la metodología de medición, y esa metodología siguió empleándose durante décadas prácticamente sin cambios. Durante buena parte del siglo XX, la combinación de aclaramiento de inulina y de PAH fue el método estándar para evaluar simultáneamente la filtración glomerular y el flujo renal. Esa posición central ha cambiado. La técnica exige infusión continua, recogida de orina cronometrada y un laboratorio específico para procesar las muestras, requisitos que limitan su uso fuera de contextos de investigación. Hoy queda restringida sobre todo a estudios de fisiología renal y a situaciones clínicas concretas en las que se necesita una medida directa del flujo plasmático, más que a la práctica asistencial habitual. Del griego hippos (caballo) y ouron (orina). Justus von Liebig aisló el ácido hipúrico de la orina de caballo en 1829 y le dio ese nombre por su procedencia, no por ninguna propiedad química relacionada con los equinos. La combinación de filtración glomerular y secreción tubular activa. Muy pocos compuestos reúnen ambas propiedades con la eficiencia suficiente para que su aclaramiento se acerque tanto al flujo plasmático renal real. No. El aclaramiento de creatinina se usa como aproximación a la filtración glomerular, igual que la inulina, aunque con menos precisión porque la creatinina también se secreta algo en el túbulo. El PAH mide flujo plasmático, no filtración. Apenas. Su complejidad técnica, infusión continua y recogida de orina cronometrada, la ha relegado casi por completo a la investigación en fisiología renal y a situaciones muy concretas.Qué es el ácido paraaminohipúrico
Filtración y secreción: por qué el riñón lo elimina casi entero
PAH e inulina: dos aclaramientos, dos preguntas distintas
De la orina de caballo al laboratorio de fisiología renal
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre hipúrico?
¿Qué hace especial al PAH frente a otras sustancias que podrían usarse con el mismo fin?
¿El aclaramiento de PAH mide lo mismo que el de creatinina?
¿Se sigue usando esta prueba en la práctica clínica habitual?
Referencias
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