DICCIONARIO MÉDICO
Ozonoterapia
La ozonoterapia es el empleo médico de una mezcla de oxígeno y ozono, en la que este último nunca supera aproximadamente el 5 % del volumen total, con fines terapéuticos. Pertenece a lo que suele llamarse terapias oxidativas: su fundamento es que un estímulo oxidante breve y controlado puede activar las defensas antioxidantes propias del organismo. En España está reconocida desde 2011 en la cartera de servicios de las unidades del dolor del Sistema Nacional de Salud para el tratamiento del dolor por hernia discal, la indicación con más respaldo bibliográfico; para el resto de aplicaciones que se le atribuyen, la evidencia científica disponible es todavía insuficiente. Como principio activo, la ozonoterapia utiliza el ozono, la molécula triatómica de oxígeno (O₃) cuya etimología y propiedades químicas se desarrollan en la entrada correspondiente del diccionario. Al tratarse de un gas inestable, no puede almacenarse: se genera en el momento de su uso mediante un generador médico que somete una corriente de oxígeno puro a una descarga eléctrica controlada. El resultado, llamado «ozono medicinal», es en realidad una mezcla en la que el ozono es minoritario; el porcentaje exacto varía según la vía de administración, pero rara vez supera el 5 % del volumen total, porque a concentraciones más altas el gas resulta tóxico para el tejido vivo. Conviene situar la ozonoterapia dentro de su categoría correcta. No es un fármaco en el sentido clásico, sino una intervención basada en un gas medicinal, un terreno que comparte con la oxigenoterapia aunque con un fundamento biológico muy distinto: esta última aporta oxígeno para corregir un déficit de oxígeno en sangre, mientras que la ozonoterapia busca inducir un estímulo oxidativo pequeño y transitorio. En España, la vía y la indicación reconocidas por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios corresponden a la infiltración local en el tratamiento del dolor asociado a la hernia discal. El principio en el que se apoya la ozonoterapia recibe el nombre de hormesis oxidativa: la idea de que un estímulo oxidante de baja intensidad, breve y controlado, puede poner en marcha las defensas antioxidantes del propio organismo en lugar de dañarlo. Al entrar en contacto con los tejidos o con la sangre, el ozono reacciona casi de forma instantánea con los lípidos insaturados de las membranas celulares y con antioxidantes naturales presentes en los fluidos biológicos, entre ellos el ácido úrico y el ácido ascórbico. De esa reacción surgen dos tipos de productos: especies reactivas de oxígeno de vida muy corta, y productos de peroxidación lipídica algo más estables, como el 4-hidroxinonenal. Son estos últimos los que, según el modelo propuesto, actuarían como mensajeros y estimularían en los tejidos la producción de enzimas antioxidantes propias, como la superóxido dismutasa o la catalasa. A esa cascada se atribuyen los efectos que describen sus defensores: cierta mejora de la oxigenación tisular, un efecto analgésico local y una acción germicida directa cuando el gas entra en contacto con tejidos superficiales. La dosis, aquí, no es un detalle menor. Por debajo de un umbral, el estímulo sería asumible por los sistemas antioxidantes; por encima, el ozono se comporta como cualquier oxidante potente y daña la célula que pretendía proteger. El primer uso médico documentado del ozono se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando el cirujano militar alemán Albert Wolff lo empleó para limpiar y desinfectar heridas infectadas en el frente, entre 1915 y 1918. Pocos años antes, en 1896, Nikola Tesla había patentado en Estados Unidos un generador de ozono pensado específicamente para uso médico, y hacia 1900 fundó una compañía dedicada a su fabricación, aunque su desarrollo comercial fue limitado. En 1935, el cirujano austroalemán Erwin Payr presentó ante la Sociedad de Cirugía de Berlín una comunicación sobre los efectos cicatrizantes del ozono que impulsó su uso en el ámbito quirúrgico centroeuropeo. El verdadero salto técnico llegó más tarde. Los generadores de la primera mitad del siglo XX, construidos con componentes de vidrio, eran poco prácticos y no podían dosificar el gas con precisión. En 1957, aprovechando la aparición de plásticos resistentes a la oxidación, el médico alemán Joachim Hänsler patentó un generador capaz de graduar la mezcla de ozono y oxígeno con exactitud; ese diseño, con variaciones, sigue siendo la base de los equipos médicos actuales. A partir de esa fecha la ozonoterapia se consolidó como disciplina reconocible, sobre todo en Alemania, Italia, Rusia y Cuba, países donde se concentra buena parte de la investigación histórica sobre la técnica. Las aplicaciones del ozono medicinal se agrupan en tres categorías, según el modo en que el gas entra en contacto con el organismo. La vía tópica lo aplica directamente sobre piel, mucosas o heridas, ya sea como gas bajo una campana cerrada, ya disuelto en agua o aceites previamente ozonizados; es la más antigua de las tres, y la que aprovecha sobre todo su capacidad germicida. La vía local o infiltrativa introduce la mezcla directamente en un tejido concreto (músculo, articulación, disco intervertebral), y es la que sustenta la indicación reconocida para el dolor por hernia discal. La vía sistémica pone en contacto la mezcla con la sangre del paciente, casi siempre mediante un procedimiento de autohemoterapia, en el que se extrae una cantidad de sangre, se mezcla con el gas y se reinfunde. El diccionario se limita aquí a la clasificación conceptual; los protocolos y las dosis por indicación corresponden al ámbito clínico. La ozonoterapia forma parte, desde 2011, de la cartera de servicios de las unidades del dolor del Sistema Nacional de Salud, disponible en cerca de treinta hospitales públicos españoles, para la indicación de dolor por hernia discal. Esa inclusión se apoya en el informe «Indicaciones de la ozonoterapia en patologías musculoesqueléticas», publicado en 2017 por la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS), que tras revisar la evidencia disponible concluyó que las infiltraciones de oxígeno-ozono combinadas con radiofrecuencia producen mejoras en el dolor y en la discapacidad funcional de pacientes con hernia discal lumbar. El propio informe añade una salvedad relevante: pese a esos resultados, la evidencia científica disponible sigue siendo, en conjunto, insuficiente y de calidad metodológica baja, tanto para la hernia discal como para el resto de patologías musculoesqueléticas estudiadas. Fuera de esa indicación concreta, el consenso internacional es bastante más restrictivo. La Food and Drug Administration estadounidense califica en su normativa al ozono como «un gas tóxico sin aplicación médica útil conocida en terapia específica, coadyuvante o preventiva», y recuerda que, para actuar como germicida, debe estar presente en concentraciones muy superiores a las tolerables por el ser humano. En España, sin embargo, la ozonoterapia no figura en el listado de 139 técnicas calificadas como pseudoterapias que el Ministerio de Sanidad elaboró en 2019, precisamente por contar con esa indicación reconocida para el dolor. Conviene, en todo caso, no confundir ambos planos: uno es el de la infiltración por hernia discal en una unidad del dolor, con respaldo regulatorio aunque limitado; otro, mucho más discutido, es el de su promoción frente a enfermedades infecciosas, autoinmunes u oncológicas, donde la evidencia sólida todavía no existe. La ozonoterapia se confunde con frecuencia con otras intervenciones que también recurren al oxígeno o a sus derivados. La oxigenoterapia administra oxígeno puro para corregir un déficit de oxígeno en sangre, un objetivo por completo distinto del estímulo oxidativo que persigue la ozonoterapia. La oxigenación hiperbárica consiste en administrar oxígeno a presión superior a la atmosférica dentro de una cámara sellada, con indicaciones propias (intoxicación por monóxido de carbono, enfermedad descompresiva) que nada tienen que ver con el ozono. La autohemoterapia, en sentido estricto, es solo el procedimiento de extraer sangre y reinfundirla; en la práctica actual casi siempre se emplea como vía de administración del ozono, pero el término en sí no implica su presencia. No de forma automática, aunque el debate está lejos de cerrarse. En España, el Ministerio de Sanidad elaboró en 2019 un listado de 139 técnicas calificadas como pseudoterapias, y la ozonoterapia no figura entre ellas, precisamente porque cuenta con una indicación reconocida (dolor por hernia discal) dentro de la cartera de servicios de las unidades del dolor desde 2011. Eso no equivale a un aval general: la propia evaluación oficial que sustenta esa indicación reconoce que la evidencia disponible es todavía escasa y de calidad metodológica limitada. Fuera de esa aplicación concreta, frente a infecciones, enfermedades autoinmunes o cáncer, la mayoría de agencias reguladoras internacionales, entre ellas la estadounidense, mantienen una postura crítica. La calificación depende, en buena medida, de qué uso concreto se esté evaluando. Pese al parecido del nombre, no. La oxigenoterapia aporta oxígeno puro para corregir niveles bajos de oxígeno en sangre. La ozonoterapia emplea una mezcla con una pequeña proporción de ozono para inducir un estímulo oxidativo con una finalidad completamente distinta. Compartir raíz léxica no implica compartir mecanismo. Desde 2011, año en que el Ministerio de Sanidad la incorporó a la cartera de servicios de las unidades del dolor para el tratamiento del dolor asociado a la hernia discal. Antes de esa fecha ya se aplicaba en algunos hospitales públicos de forma más o menos aislada; el reconocimiento oficial llegó después. La vía tópica pone el gas en contacto con una superficie concreta (piel, mucosa, herida) y aprovecha sobre todo su efecto germicida directo. La vía sistémica introduce el ozono en contacto con la sangre completa del paciente, casi siempre mediante autohemoterapia, con el objetivo de generar productos de reacción que actúen a distancia sobre otros tejidos. Ambas comparten el mismo principio de fondo, pero difieren por completo en el alcance del efecto que persiguen. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ozonoterapia, puede consultar:Qué es la ozonoterapia
El mecanismo propuesto: un estímulo oxidativo controlado
Historia: de las heridas de guerra al generador moderno
Vías de administración: una clasificación conceptual
Qué dice la evidencia y cómo está regulada en España
Diferenciación con términos relacionados
Preguntas frecuentes
¿Es la ozonoterapia una pseudoterapia?
¿Es lo mismo la ozonoterapia que la oxigenoterapia?
¿Desde cuándo está regulada la ozonoterapia en España?
¿Qué diferencia hay entre la vía tópica y la sistémica?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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