DICCIONARIO MÉDICO
Ozonoterapia
La ozonoterapia es el uso médico de una mezcla de oxígeno y ozono —denominada ozono medicinal— con fines terapéuticos, habitualmente en concentraciones bajas en las que el ozono no supera el 5 % del volumen total. Pertenece al grupo de las terapias oxidativas reguladas: su acción biológica se basa en un estímulo oxidativo controlado que, en teoría, activa las defensas antioxidantes endógenas del organismo. En España, la ozonoterapia está reconocida desde 2011 en la cartera de servicios de las Unidades del Dolor del Sistema Nacional de Salud para la indicación de hernia discal, que es la aplicación con mayor soporte bibliográfico; para el resto de indicaciones el nivel de evidencia es menor y la técnica sigue siendo objeto de debate científico a nivel internacional. La ozonoterapia es la rama de la práctica médica que emplea el ozono como agente terapéutico. El ozono (O₃) es una forma alotrópica del oxígeno, compuesta por tres átomos en lugar de los dos de la molécula respiratoria habitual (O₂); se trata de un gas inestable que debe generarse in situ mediante un generador médico que somete a una corriente de oxígeno puro a una descarga eléctrica controlada. El producto final, denominado "ozono medicinal", es en realidad una mezcla en la que el ozono nunca supera aproximadamente el 5 % del volumen total, siendo el resto oxígeno; esta proporción es determinante, porque las propiedades biológicas del ozono dependen estrictamente de la dosis y a concentraciones elevadas el gas es tóxico para los tejidos vivos. La etimología del término es excepcionalmente limpia y está documentada con precisión. "Ozono" procede del alemán Ozon, palabra acuñada en 1840 por el químico germano-suizo Christian Friedrich Schönbein a partir del verbo griego ὄζειν (ózein), que significa "oler" o "exhalar olor". Schönbein, profesor en la Universidad de Basilea, había observado que al hacer pasar una corriente eléctrica a través del agua se generaba un gas con un olor peculiar y penetrante; dedujo que se trataba de una sustancia nueva y propuso bautizarla —literalmente— "el que huele". Al sufijo -ón (-ōnē en griego) se le atribuye valor de "principio" o "compuesto", siguiendo el patrón de la nomenclatura química alemana de la época. El término pasó rápidamente al francés, inglés y español, donde está documentado desde mediados del siglo XIX. El nombre es, por tanto, descriptivo: describe la propiedad sensorial —el olor acre, recordado por muchos como "olor a tormenta" o "a marisco"— que llevó a identificar la molécula antes incluso de conocer su estructura. De la misma raíz griega proceden otras voces científicas como "osmio" (del griego osmé, olor) y, por vía indirecta, "anósmico". Desde el punto de vista conceptual, la ozonoterapia no es un fármaco en el sentido clásico sino una intervención terapéutica basada en gases medicinales. Comparte categoría con la oxigenoterapia, aunque su fundamento biológico es muy distinto: mientras que la oxigenoterapia aporta oxígeno para corregir estados de hipoxemia, la ozonoterapia busca inducir un pequeño y transitorio estímulo oxidativo que module las defensas antioxidantes del organismo. Es una terapia regulada como tecnología sanitaria por distintas agencias de evaluación; en España, la indicación autorizada por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) corresponde a la infiltración intradiscal o intramuscular en el tratamiento de la hernia de disco y el dolor muscular asociado. El principio biológico en el que se apoya la ozonoterapia es el de la hormesis oxidativa: un estímulo oxidante de baja intensidad, aplicado de forma breve y controlada, puede activar las vías de respuesta antioxidante del organismo. Cuando el ozono medicinal entra en contacto con los tejidos o con la sangre, reacciona de manera casi instantánea con los lípidos insaturados y con los compuestos antioxidantes presentes en los fluidos biológicos —fundamentalmente agua, ácido úrico, ácido ascórbico y grupos tiol de proteínas—, generando dos tipos de productos secundarios: especies reactivas del oxígeno de vida corta y productos de peroxidación lipídica de vida algo más larga, como el 4-hidroxinonenal. Son estos últimos los que actuarían como "segundos mensajeros" y estimularían, en los tejidos donde llegan, la expresión de enzimas antioxidantes endógenas como la superóxido dismutasa, la catalasa o la glutatión peroxidasa. A este mecanismo central se atribuyen los efectos biológicos que los defensores de la técnica describen: una mejora de la oxigenación tisular, cierta modulación del sistema inmunitario, un efecto analgésico local y una acción germicida directa frente a bacterias, virus y hongos cuando el gas se aplica en contacto con tejidos superficiales. La dosis es crítica: a concentraciones terapéuticas (habitualmente entre 5 y 60 microgramos de ozono por mililitro de mezcla, según la vía), el estímulo oxidativo sería asumible por los sistemas antioxidantes; a concentraciones mayores, el ozono se comporta como un radical libre de oxígeno altamente reactivo y citotóxico. De hecho, inhalado a cualquier concentración es un irritante respiratorio capaz de producir edema pulmonar, razón por la cual todas las vías de administración médica evitan la inhalación directa. Las aplicaciones del ozono medicinal se agrupan, conceptualmente, en tres grandes categorías según el modo en que la mezcla entra en contacto con el organismo. Vía tópica. La mezcla de oxígeno-ozono se aplica externamente, en contacto con piel, mucosas o heridas, bien en forma de gas bajo campana, bien disuelta en agua o aceites previamente ozonizados. Aprovecha fundamentalmente la capacidad germicida directa del ozono. Es la aplicación más antigua: ya durante la Primera Guerra Mundial se utilizó gas ozono para la desinfección de heridas. Vía local o infiltrativa. La mezcla se introduce directamente en un tejido concreto —músculo, articulación, espacio paravertebral, disco intervertebral— mediante infiltración. Es la vía que aprovecha el efecto analgésico y antiinflamatorio local y constituye la base de la indicación reconocida en las Unidades del Dolor para el tratamiento de la hernia discal. Vía sistémica. La mezcla se pone en contacto con la sangre del paciente, generalmente mediante un procedimiento denominado autohemoterapia (en el que una cantidad determinada de sangre se extrae, se mezcla con la mezcla gaseosa y se reinfunde) o mediante insuflación a través de mucosas muy vascularizadas. Se asume que a partir de este contacto se generan los productos secundarios estables que ejercerían un efecto a distancia sobre otros tejidos. El diccionario se limita aquí a presentar la clasificación conceptual. El detalle de protocolos, indicaciones, contraindicaciones y procedimientos corresponde al ámbito clínico y no forma parte de esta entrada. La historia del uso médico del ozono está indisolublemente unida a la figura de su descubridor, Christian Friedrich Schönbein, que en 1840 no solo bautizó la molécula sino que ya intuyó sus propiedades oxidantes sobre la materia orgánica. Apenas dieciséis años después, en 1856, se documenta el primer uso del ozono en un entorno sanitario: la desinfección de quirófanos y de instrumental quirúrgico. En 1893 se inauguró en Oudshoorn (Países Bajos) la primera planta de potabilización de agua mediante ozono, una aplicación no clínica pero estrechamente emparentada con la idea de sus propiedades germicidas. Un segundo hito relevante corresponde a Nikola Tesla, que en 1896 patentó el primer generador de ozono pensado específicamente para uso médico y, poco después, fundó la Tesla Ozone Co. Durante la Primera Guerra Mundial, el médico alemán Albert Wolff empleó el gas para el tratamiento de heridas infectadas en el frente, y en 1935 el cirujano Erwin Payr presentó ante la Sociedad de Cirugía de Berlín una ponencia sobre los efectos cicatrizantes del ozono que marcó el inicio del uso sistemático en Europa central. Desde los años cincuenta, el desarrollo de generadores capaces de dosificar el gas con precisión (Hänsler, 1957) convirtió la ozonoterapia en una disciplina técnica reconocible, fundamentalmente en Alemania, Italia, Rusia y Cuba, países en los que se concentra históricamente la mayor parte de la investigación. La evaluación científica de la ozonoterapia exige separar con claridad dos planos distintos: el de la indicación musculoesquelética —especialmente la hernia discal— y el del resto de aplicaciones promovidas por sus defensores. En el primer plano existe evidencia clínica que respalda la utilidad de las infiltraciones de oxígeno-ozono en el tratamiento del dolor crónico radicular por hernia discal lumbar. El informe "Indicaciones de la ozonoterapia en patologías musculoesqueléticas", elaborado por la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS) en 2017, concluye tras una revisión sistemática que en esta indicación concreta la ozonoterapia ofrece mejores resultados que los tratamientos conservadores y las infiltraciones de corticoides, aunque inferiores a los de la discectomía quirúrgica; este cuerpo de evidencia es el que fundamenta su inclusión en la cartera de servicios de las Unidades del Dolor del Sistema Nacional de Salud español desde 2011. Es importante subrayar que el propio informe llama la atención sobre la calidad metodológica baja o moderada de la mayor parte de los estudios disponibles. En el segundo plano, el que abarca el uso de la ozonoterapia frente a enfermedades infecciosas, autoinmunes, oncológicas, neurológicas o metabólicas, el consenso científico internacional es mucho más restrictivo. La Food and Drug Administration de Estados Unidos, en su regulación 21 CFR §801.415, califica explícitamente al ozono como "gas tóxico sin aplicación médica útil conocida en terapia específica, coadyuvante o preventiva" y recuerda que, para ser germicida, el ozono debe estar presente en concentraciones muy superiores a las tolerables por seres humanos y animales. En 2019 la propia FDA emitió una advertencia dirigida al público general contra el uso de ozonoterapia fuera de ensayos clínicos autorizados. Revisiones recientes en la literatura internacional han descrito efectos adversos graves, incluidas encefalopatías inducidas por ozono y eventos embólicos, asociados a la administración intravenosa incorrecta. En España, sin embargo, la ozonoterapia no figura en el listado de pseudoterapias del Ministerio de Sanidad, precisamente por su indicación reconocida en el tratamiento del dolor. Conviene, por tanto, manejar el término con la precisión que corresponde: la ozonoterapia es un procedimiento médico regulado con una indicación clínica concreta con soporte razonable (hernia discal y dolor musculoesquelético asociado) y un amplio conjunto de indicaciones adicionales sobre las que la evidencia disponible es insuficiente y el posicionamiento de las agencias regulatorias es crítico. La ozonoterapia se confunde con frecuencia con otras intervenciones basadas en el oxígeno o en sus derivados, y conviene distinguirla con claridad. La oxigenoterapia consiste en la administración de oxígeno puro (O₂) a pacientes con hipoxemia; su objetivo es corregir un déficit de oxígeno en sangre arterial y nada tiene que ver con el estímulo oxidativo que busca la ozonoterapia. La oxigenación hiperbárica es la administración de oxígeno a presiones superiores a la atmosférica en una cámara sellada, con indicaciones específicas (intoxicación por monóxido de carbono, enfermedad descompresiva, ciertas úlceras crónicas) y un cuerpo de evidencia propio. La autohemoterapia es, en sentido estricto, el procedimiento de extraer sangre del paciente y reinfundírsela; aunque en la práctica clínica moderna el término se usa casi exclusivamente como vía sistémica de administración de ozono, históricamente existieron variantes sin ozono. Finalmente, la ozonoterapia se diferencia de las llamadas terapias de oxigenación celular o de "oxigenación tisular", etiquetas frecuentemente empleadas en ámbitos de medicina alternativa sin un contenido técnico preciso. Procede del griego ὄζειν (ózein), que significa "oler" o "exhalar olor". Fue acuñada en 1840 por el químico germano-suizo Christian Friedrich Schönbein, profesor de la Universidad de Basilea, cuando al hacer pasar una corriente eléctrica a través de agua detectó la aparición de un gas con un olor peculiar y penetrante; dedujo que se trataba de una sustancia química nueva y propuso bautizarla —literalmente— "el que huele". De ahí, por composición con el sufijo -terapia (del griego therapeía, "cuidado" o "tratamiento"), procede la voz compuesta "ozonoterapia". No. La oxigenoterapia consiste en la administración de oxígeno puro (O₂) para corregir situaciones de hipoxemia, es decir, niveles bajos de oxígeno en sangre; es un tratamiento de soporte vital ampliamente establecido. La ozonoterapia, en cambio, utiliza una mezcla de oxígeno con una pequeña proporción de ozono (O₃) con una intención terapéutica completamente distinta: no busca aportar oxígeno sino inducir un estímulo oxidativo controlado que active las defensas antioxidantes del organismo. Compartir raíz léxica no implica, por tanto, compartir mecanismo ni indicaciones. Químicamente es la misma molécula, O₃, tres átomos de oxígeno. La diferencia está en el contexto y en la concentración: el ozono estratosférico constituye un escudo natural frente a la radiación ultravioleta; el ozono troposférico, a ras de suelo, es un contaminante atmosférico irritante; y el ozono medicinal es el mismo gas generado in situ a partir de oxígeno puro, mediante un dispositivo médico, en concentraciones muy bajas y mezclado siempre con oxígeno. La vida media del ozono es corta, lo que obliga a producirlo en el momento de su uso. La evidencia es desigual según la indicación. La aplicación con mayor soporte bibliográfico es el tratamiento del dolor por hernia discal mediante infiltración, y es la que justificó su inclusión en 2011 en la cartera de servicios de las Unidades del Dolor del Sistema Nacional de Salud español; el informe de la Agència de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (2017) sostiene que en esta indicación los resultados son superiores a los del tratamiento conservador, aunque la calidad metodológica de los estudios sigue siendo limitada. Para el resto de aplicaciones (procesos infecciosos, enfermedades autoinmunes, oncología, esclerosis múltiple, enfermedades virales) la evidencia es insuficiente y las principales agencias reguladoras internacionales —entre ellas la Food and Drug Administration estadounidense— mantienen una postura crítica. No se identifica con ella. En España la ozonoterapia no figura en el listado oficial de pseudoterapias del Ministerio de Sanidad, precisamente porque existe una indicación clínica reconocida para el dolor en el marco de las Unidades del Dolor del Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, su aplicación fuera de esa indicación —en numerosos cuadros donde se promociona sin respaldo suficiente— sí se aproxima a lo que se considera uso no convencional. La distinción práctica es importante: una cosa es la infiltración local de ozono-oxígeno dentro de una Unidad del Dolor, indicada por un anestesiólogo en un paciente seleccionado, y otra muy distinta la aplicación de ozono como panacea para enfermedades en las que no existe evidencia clínica sólida. Si desea profundizar en conceptos asociados a la ozonoterapia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico: © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es la ozonoterapia
Mecanismo de acción propuesto: el estímulo oxidativo controlado
Vías de administración: concepto general
Hitos históricos y contexto
Estado actual de la evidencia y posicionamiento regulatorio
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra "ozono"?
¿Es lo mismo ozonoterapia que oxigenoterapia?
¿El ozono medicinal es el mismo ozono de la capa de ozono atmosférica?
¿Cuál es el estado actual de la evidencia sobre la ozonoterapia?
¿Es la ozonoterapia lo mismo que la medicina alternativa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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