DICCIONARIO MÉDICO
Nariz
La nariz es el órgano prominente del rostro humano que enmarca la entrada al aparato respiratorio y aloja el sentido del olfato. Su armazón combina hueso, cartílago y piel en una estructura que la anatomía describe como pirámide nasal, con una porción externa visible y una cavidad interna que conduce el aire hacia la faringe. Cada inspiración se filtra, se calienta y se humedece antes de continuar su camino hacia los pulmones. Del latín nares, plural de naris, con el sufijo -īc tomado en español y otras lenguas romances: así resume la Real Academia Española el origen de la palabra. La forma latina convivió con el singular nasus, más habitual en la prosa clásica y presente todavía en derivados como nasal o nasofaringe. Ambas voces comparten la raíz indoeuropea *nas-, que reaparece en el inglés nose y en el sánscrito nas. En castellano, nariz está documentada desde 1171. No existe una categoría nosológica que le corresponda, porque no es una enfermedad ni un síndrome: es una pieza normal de la anatomía craneofacial, órgano situado entre la frente y la boca, con dos orificios, que forma parte del aparato respiratorio, según la definición académica. Su cometido no se agota en dejar pasar el aire. Filtra partículas, calienta la corriente inspirada y la humedece antes de que alcance la faringe, y aloja además el epitelio donde arranca la percepción de los olores. La porción visible recibe el nombre de pirámide nasal y tiene un esqueleto osteocartilaginoso. La mitad superior es ósea, formada por los huesos nasales junto con la apófisis frontal del maxilar y una pequeña contribución del hueso frontal. La mitad inferior, más blanda y móvil, la componen los cartílagos laterales superiores, los cartílagos alares y el cartílago septal. Entre la raíz (la zona más hundida, justo bajo la glabela) y la punta se extiende el dorso nasal, cuyo perfil pesa mucho en la fisonomía de la cara. Bajo la punta se abren las narinas, separadas por la columela y bordeadas por las alas nasales, cuyo esqueleto cartilaginoso se describe en la entrada alar. A través de ellas el aire entra en el vestíbulo de la nariz y pasa después a las fosas nasales, dos cavidades separadas por el tabique que se comunican por detrás con la nasofaringe a través de las coanas. Lateralmente, la cavidad nasal se abre a los senos paranasales, cavidades óseas que aligeran el cráneo y actúan como caja de resonancia. Tres funciones conviven en un mismo espacio. La respiratoria acondiciona el aire: la mucosa que reviste las fosas nasales lo calienta hasta aproximarlo a la temperatura corporal, lo satura de humedad y retiene partículas y microorganismos antes de que lleguen a la tráquea. La olfativa depende de un epitelio especializado situado en el techo de la cavidad nasal, cuyo funcionamiento detallado corresponde a la entrada olfato de este diccionario. La fonatoria, menos conocida, convierte a la cavidad nasal y a los senos paranasales en caja de resonancia. Por eso un catarro con obstrucción nasal cambia el timbre de la voz de forma tan reconocible. El reparto del aire entre ambas fosas, además, no es constante a lo largo del día: alterna de forma espontánea entre una y otra. Ese fenómeno fisiológico tiene entrada propia en este diccionario bajo el término ciclo nasal, y no debe confundirse con una obstrucción. La forma de la nariz varía de una persona a otra, y esa variación no es caprichosa. La antropología física la describe mediante el índice nasal, el cociente entre la anchura máxima y la altura de la nariz, y distingue tres tipos: leptorrino (índice inferior a 70, nariz estrecha y alta), mesorrino (entre 70 y 85) y platirrino (superior a 85, nariz ancha y baja). Esta clasificación nació en la craneometría del siglo XIX, con un uso histórico ligado a la clasificación racial que hoy se ha abandonado. Se interpreta en clave adaptativa: las narices estrechas y alargadas predominan en climas fríos y secos, donde una columna de aire más larga favorece el calentamiento y la humidificación antes de llegar a los pulmones; las narices más anchas y cortas son más frecuentes en climas cálidos y húmedos, donde esa función resulta menos crítica. Del latín nares, con el sufijo -īc incorporado ya en el latín vulgar. La forma resultante, naricae, cruzó el plural nares con nasica ("de nariz afilada", derivado a su vez de nasus), y de ahí salió la voz castellana, documentada desde el siglo XII. No. La pirámide nasal es la parte externa y visible, con su armazón de hueso y cartílago. Las fosas nasales son las dos cavidades internas, ya dentro del macizo facial, por las que circula el aire tras cruzar las narinas. La parte ósea no. El cartílago, en cambio, es un tejido sin riego sanguíneo propio, y con los años su matriz de colágeno se modifica y pierde firmeza. El resultado, sobre todo visible en la punta nasal, se percibe como un ligero aumento de tamaño, aunque en sentido estricto no se trata de una proliferación celular como la del crecimiento infantil. Porque la cavidad nasal y los senos paranasales funcionan como caja de resonancia de ciertos sonidos, en particular las consonantes nasales. Al obstruirse el paso de aire, esa resonancia se pierde y el timbre se percibe distinto, un efecto que cualquiera reconoce en un catarro.Qué es la nariz
Anatomía
Función
Variación anatómica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra nariz?
¿Es lo mismo la pirámide nasal que las fosas nasales?
¿La nariz sigue creciendo en la edad adulta?
¿Por qué cambia la voz cuando la nariz está congestionada?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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