DICCIONARIO MÉDICO
Mycoplasma genitalium
Mycoplasma genitalium es una bacteria sin pared celular que se transmite por vía sexual y causa uretritis no gonocócica en el varón y cervicitis en la mujer. Se identificó en 1981 y está entre los microorganismos más difíciles de cultivar en el laboratorio. Fuera de la medicina es conocida por otra razón: su genoma, de unas 580.000 bases, fue durante años el más pequeño descrito en un organismo capaz de replicarse por sí solo, y en 2008 llegó a sintetizarse químicamente completo. Mycoplasma genitalium Mycoplasmoides genitalium (nombre propuesto en 2018) Tipo: bacteria Morfología: célula en forma de matraz, sin pared celular (no se tiñe con el método de Gram), con un orgánulo terminal de adherencia; crecimiento extremadamente lento en cultivo Transmisión: sexual Reservorio: humano (aparato urogenital) Patogenicidad: primario Enfermedades: uretritis no gonocócica, cervicitis Pertenece al género Mycoplasma, dentro de la clase Mollicutes, las bacterias que prescindieron de la pared celular a lo largo de su evolución. El nombre de la especie dice dónde se encontró: genitalium es el genitivo plural del latín genitalia y significa «de los genitales». La historia empieza en 1980, en el Reino Unido, con muestras uretrales de dos varones que tenían una uretritis no gonocócica. Tully, Taylor-Robinson y sus colaboradores recuperaron de ellas dos cepas de un micoplasma desconocido, G37 y M30, después de más de cincuenta días de incubación en un medio especial, y las dieron a conocer en The Lancet en 1981. La descripción formal de la especie llegó en 1983. G37 es desde entonces la cepa tipo, la que sirve de referencia para todas las demás. Como ocurrió con el resto de micoplasmas humanos, en 2018 se propuso trasladarla a un género nuevo, Mycoplasmoides, junto a Mycoplasma pneumoniae. El cambio fue discutido y la mayor parte de la bibliografía médica sigue llamándola Mycoplasma genitalium. Al microscopio electrónico tiene aspecto de botella o de matraz. En el cuello se sitúa el orgánulo terminal, una estructura de proteínas que le sirve para anclarse a las células epiteliales y también para desplazarse por deslizamiento sobre ellas; sus adhesinas principales son P140, también llamada MgPa, y P110. La primera guarda una semejanza notable, en el ADN y en la proteína, con la adhesina P1 de M. pneumoniae: las dos especies se parecen en la forma y comparten antígenos, aunque colonizan órganos distintos. Su genoma contiene nueve copias incompletas del gen de MgPa repartidas por el cromosoma. Al recombinarse con la copia que se expresa, generan variantes de la proteína de superficie, un mecanismo que se ha propuesto como forma de esquivar la respuesta inmunitaria y que ayudaría a entender por qué una misma cepa puede persistir durante dos o tres años en el aparato genital femenino. Cultivarla es un ejercicio de paciencia. Adaptar una cepa clínica al crecimiento in vitro puede llevar más de seis meses y solo unos pocos laboratorios en el mundo lo han conseguido. Por eso casi todo lo que se sabe de su distribución procede de técnicas de amplificación de ácidos nucleicos, como la reacción en cadena de la polimerasa, que se aplica a este microorganismo desde principios de los años noventa. En 1995, el grupo de Fraser y Venter publicó en Science la secuencia completa de la cepa G37: 580.070 pares de bases y apenas 470 regiones con capacidad de codificar proteínas, el genoma más pequeño conocido entonces en un organismo de vida libre. El trabajo se tituló, con toda intención, «el complemento génico mínimo». A partir de ahí la especie se convirtió en el modelo para una pregunta de biología básica: cuántos genes necesita, como mínimo, una célula para vivir. Trece años después, en 2008, el Instituto J. Craig Venter ensambló una copia sintética de ese genoma, de 582.970 pares de bases, a partir de pequeños fragmentos de ADN fabricados en el laboratorio. La llamaron JCVI-1.0. Para distinguirla de la natural le añadieron «marcas de agua», secuencias insertadas a propósito en zonas que no alteran ningún gen, e inutilizaron uno de sus genes (MG408) con el fin de bloquear su capacidad patógena. Su hábitat es el aparato urogenital humano y se transmite por contacto sexual. Se ha estimado que entre el 1 y el 2 % de la población general es portadora; en las consultas de infecciones de transmisión sexual la proporción puede ser mucho mayor, hasta cerca del 38 % en algunos estudios. En el varón es causa reconocida de uretritis no gonocócica, tanto aguda como crónica o persistente. En la mujer se asocia con la cervicitis y con la enfermedad inflamatoria pélvica, la infección ascendente del útero y las trompas, en la que puede afectarse el endometrio (endometritis) o las trompas de Falopio (salpingitis). No es el único molicute que habita la mucosa genital. Mycoplasma hominis y las especies de Ureaplasma aparecen con frecuencia en personas sanas, como parte de la flora habitual, y solo en determinadas circunstancias se comportan como patógenos. M. genitalium se considera, en cambio, un patógeno de transmisión sexual en sentido estricto. La genética confirma la distancia. En la reclasificación de 2018, M. genitalium quedó agrupado con M. pneumoniae, mientras que M. hominis pasó a ser la especie tipo de otro género, Metamycoplasma, encuadrado en una familia distinta. Compartir órgano no significa compartir linaje. Hace referencia al lugar donde se aisló por primera vez, la uretra. Genitalium es el genitivo plural latino de genitalia, «de los genitales». Por su genoma. Con unos 580.000 pares de bases fue, durante años, el más pequeño conocido entre los organismos capaces de vivir y dividirse por sí mismos, y su secuenciación en 1995 lo convirtió en referencia para estudiar el número mínimo de genes compatible con la vida. En 2008 se sintetizó en el laboratorio una copia completa de ese genoma, un hito en el desarrollo de la biología sintética. Sí, y bastante estrecha. Mycoplasma pneumoniae y M. genitalium tienen una forma casi idéntica y adhesinas emparentadas, hasta el punto de que sus antígenos presentan reacciones cruzadas. Lo que las separa es el nicho: una coloniza las vías respiratorias y la otra el aparato genital. No. Ureaplasma es un género distinto, emparentado, que se caracteriza por descomponer la urea gracias a una enzima, la ureasa, que los micoplasmas no poseen.Qué es Mycoplasma genitalium
Forma, adhesión y cultivo
Un genoma mínimo
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Diferenciación con otros micoplasmas del aparato genital
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Mycoplasma genitalium?
¿Por qué ocupa un lugar tan destacado en la biología?
¿Tiene relación con la bacteria que causa la neumonía por micoplasma?
¿Es lo mismo que Ureaplasma?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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