DICCIONARIO MÉDICO
Metamizol
El metamizol, conocido también como dipirona, es un analgésico y antipirético derivado de las pirazolonas, con una capacidad espasmolítica que lo separa del resto de analgésicos no opioides. Su código en la clasificación ATC es N02BB02. Lleva más de cincuenta años comercializado en España como medicamento de prescripción médica, mientras que en Estados Unidos, el Reino Unido y una treintena larga de países permanece prohibido desde los años setenta. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). Pertenece a la familia química de las pirazolonas, cuyo primer miembro es la antipirina. En 1883, el químico alemán Ludwig Knorr, discípulo de Hermann Emil Fischer y en busca de nuevos derivados de la quinolina, sintetizó por accidente esa primera pirazolona. Una década después, en 1893, Friedrich Stolz obtuvo en los laboratorios Hoechst la aminopirina, y tras el paso intermedio de la melubrina en 1913, la misma compañía sintetizó el metamizol en 1920. Se comercializó dos años después con el nombre de Novalgin. El nombre metamizol es una construcción abreviada de metil, amino y pirazol, los tres fragmentos que componen su esqueleto molecular. Es la misma sustancia que en América Latina, Portugal y buena parte del mundo se conoce como dipirona, el nombre más extendido a escala global aunque no sea el que figura en las fichas técnicas españolas. La Real Academia Nacional de Medicina recoge además otros sinónimos hoy en desuso, como noramidopirina y sulpirina. Se presenta como sal sódica o magnésica; ambas comparten el mismo perfil de acción. Detrás de esa frontera geográfica hay un mismo motivo: la agranulocitosis. Estados Unidos retiró el metamizol del mercado en 1977, y en las décadas siguientes hicieron lo mismo el Reino Unido, Suecia, Australia y Japón, hasta sumar una treintena de países. España, Alemania y la mayor parte de América Latina mantuvieron su comercialización bajo prescripción médica. Es una reacción idiosincrática, sin relación con la cantidad de fármaco recibida. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios revisó el balance de riesgo y beneficio en 2018 y de nuevo en 2023, y en ambas ocasiones concluyó que la incidencia en España se sitúa entre 1 y 10 casos por millón de personas tratadas al año, una cifra que mantiene favorable esa relación bajo las condiciones de uso autorizadas. El metamizol es, en sentido estricto, un profármaco. Tras la ingesta se hidroliza con rapidez en el jugo gástrico y da lugar a su metabolito activo, la 4-metilaminoantipirina, que a su vez se transforma en 4-aminoantipirina y otros derivados menores. La molécula original apenas se detecta en sangre. Sigue sin resolverse del todo el mecanismo analgésico, lo que explica buena parte del interés científico que continúa despertando una molécula centenaria. La hipótesis más citada apunta a una inhibición de la ciclooxigenasa a nivel central, concretamente de una variante llamada COX-3 cuya existencia real en tejido humano sigue en discusión. A esa vía se suman otras dos: la activación del sistema opioidérgico endógeno y la del sistema cannabinoide, esta última documentada en estudios donde el bloqueo de receptores CB1 reduce el efecto analgésico del fármaco. Ninguna de las tres explica el cuadro completo por sí sola. A nivel periférico, la inhibición de la ciclooxigenasa es débil, y por eso su efecto antiinflamatorio resulta prácticamente irrelevante frente al de un antiinflamatorio clásico. Donde el metamizol sí destaca es en un terreno que casi ningún otro analgésico cubre: relaja la fibra muscular lisa al reducir la síntesis de inositol fosfato y, con ella, la liberación de calcio intracelular. Ese mecanismo espasmolítico explica su papel clásico en el dolor visceral de tipo cólico, un terreno que lo distingue tanto de los antiinflamatorios no esteroideos como de los opioides, sin llegar a sustituir a estos últimos cuando el dolor lo requiere. Es una construcción abreviada de metil, amino y pirazol, los fragmentos que forman su estructura química. Dipirona es el nombre que recibe la misma molécula en América Latina, Portugal y buena parte del mundo, y no un fármaco distinto. La denominación común internacional adoptada en España y Europa es metamizol. La Food and Drug Administration lo retiró del mercado estadounidense en 1977 al asociarlo con casos de agranulocitosis, y el Reino Unido, Suecia, Australia y Japón adoptaron medidas parecidas en las décadas siguientes. Esa reacción es idiosincrática, sin relación con la cantidad de fármaco recibida, y su aparición no puede predecirse de antemano. En España nunca se prohibió, aunque sí quedó sujeto a prescripción médica. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios revisó formalmente el riesgo en 2018 y confirmó sus conclusiones en 2023, situando la incidencia real en el país entre 1 y 10 casos por millón de personas tratadas al año. Con esos datos, la Agencia mantiene favorable el balance entre riesgo y beneficio dentro de las condiciones de uso autorizadas. Alemania, buena parte de América Latina, Israel y Rusia mantienen una postura similar a la española. No exactamente. Inhibe la ciclooxigenasa igual que los antiinflamatorios clásicos, pero su efecto sobre la inflamación es tan discreto que buena parte de la literatura farmacológica prefiere situarlo en una categoría propia, la de analgésico no opioide, en lugar de agruparlo con los antiinflamatorios convencionales. Si desea ampliar información sobre este fármaco y su familia química, puede consultar:Qué es el metamizol
Mecanismo de acción y efecto espasmolítico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre metamizol y qué relación tiene con la dipirona?
¿Por qué el metamizol está prohibido en Estados Unidos y otros países pero se sigue usando en España?
¿Es un antiinflamatorio no esteroideo como el ibuprofeno?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026