DICCIONARIO MÉDICO
Macroaneurisma retiniano
El macroaneurisma retiniano es una dilatación adquirida y localizada de una arteriola de la retina, situada en los primeros ramales de las arterias que salen del disco óptico. Se distingue del microaneurisma por su tamaño mayor y por afectar a arteriolas, no a capilares. Aparece sobre todo en personas mayores y guarda una relación estrecha con la hipertensión arterial. Se trata de una dilatación focal de una arteriola retiniana, habitualmente dentro de los tres primeros órdenes de ramificación de las arterias que emergen de la cabeza del nervio óptico, o bien en los puntos donde una arteria y una vena se cruzan. En inglés se abrevia RAM, de retinal arterial macroaneurysm. La lesión suele medir entre 100 y 250 micras de diámetro, un calibre muy superior al de los diminutos microaneurismas que salpican la retina en la retinopatía diabética. De ese contraste de tamaño nace su nombre. La denominación tiene autor y fecha. David M. Robertson acuñó el término en 1973, al describir la entidad como cuadro clínico propio y separarla de otras lesiones vasculares del fondo del ojo. Antes se habían publicado descripciones de aneurismas de las arterias retinianas, pero fue Robertson quien fijó el nombre y las características que hoy se manejan. El engrosamiento de la pared de la arteriola sigue un patrón parecido al de la arteriosclerosis en otros territorios. La pared se remodela, pierde flexibilidad y desarrolla zonas de isquemia focal; sobre ese terreno debilitado, la presión de la sangre acaba dilatando el vaso. Cuando la pared se rompe de forma parcial, la dilatación adopta forma de huso y aumenta el riesgo de que la sangre o el líquido escapen hacia la retina. La hipertensión arterial está presente en torno al 75 por ciento de los pacientes, una asociación tan constante que el hallazgo de un macroaneurisma retiniano obliga a revisar la tensión y el perfil cardiovascular. La arteriosclerosis y las alteraciones de los lípidos completan el cuadro de factores que acompañan a la lesión. Su parentesco conceptual con la retinopatía hipertensiva se explica precisamente por ese origen común en la pared vascular sometida a presión. Es una lesión poco frecuente. Las series publicadas estiman una prevalencia del orden de 1 caso por cada 4.500 personas, con cifras que oscilan según el estudio. Predomina en mujeres de entre 60 y 80 años, con un claro sesgo femenino que ronda el 70 por ciento de los casos. Suele ser único y unilateral, aunque en una minoría de pacientes se observan varios en el mismo ojo o afectación de ambos ojos. La arteriola temporal superior es la que se afecta con más frecuencia. Esta preferencia por las arcadas temporales tiene consecuencias, porque son los vasos que rodean la zona central de la visión. Muchos macroaneurismas no dan ningún aviso y se descubren de manera casual al explorar el fondo del ojo por otro motivo. Cuando afectan a la visión, lo hacen porque la sangre o el líquido rico en grasas alcanzan la mácula, la región responsable de la visión fina. Lavin y sus colaboradores distinguieron tres formas clínicas: quiescente, hemorrágica y exudativa, según predomine la lesión silente, el sangrado o la salida de líquido con depósito de exudados. Una parte de estas lesiones se resuelve sola. El propio vaso puede trombosarse de forma espontánea y la dilatación desaparece con el paso de los meses. Ese curso benigno explica que, en ausencia de amenaza para la mácula, muchas veces baste con observar la evolución. La exploración del fondo del ojo permite ver la dilatación, pero para confirmarla y valorar su actividad se recurre a técnicas de imagen. La angiografía fluoresceínica muestra el llenado del macroaneurisma y las zonas por donde escapa el contraste. Las técnicas de tomografía del fondo del ojo aportan información sobre el edema macular acompañante y sobre las distintas capas de la retina afectadas. David M. Robertson, en 1973. Fue él quien fijó el nombre y las características de la entidad, al observar que estas dilataciones eran de mayor tamaño que los microaneurismas de la retinopatía diabética o de las obstrucciones venosas. En el calibre y en el vaso afectado. El macroaneurisma retiniano mide entre 100 y 250 micras y asienta sobre arteriolas de cierto tamaño; el microaneurisma es mucho menor y afecta a los capilares. Además, sus contextos difieren: el macroaneurisma se asocia a la hipertensión del adulto mayor, mientras que los microaneurismas son un signo temprano de la retinopatía diabética. No. Se calcula alrededor de 1 caso por cada 4.500 personas, con predominio en mujeres mayores de 60 años. No siempre. Buena parte de los macroaneurismas retinianos son asintomáticos y solo comprometen la vista cuando el sangrado o los exudados alcanzan la mácula. Algunos incluso se resuelven por sí solos al trombosarse la dilatación.Qué es un macroaneurisma retiniano
Por qué se forma
A quién afecta
Formas de presentación
Cómo se identifica
Preguntas frecuentes
Quién describió el macroaneurisma retiniano
En qué se diferencia del microaneurisma
Es una lesión frecuente
Siempre afecta a la visión
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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