DICCIONARIO MÉDICO
Hipertensión arterial
La hipertensión arterial es la elevación mantenida de la presión que la sangre ejerce contra la pared de las arterias. No hablamos de una subida puntual tras un disgusto o una carrera, sino de una situación que se sostiene en el tiempo y que, año tras año, obliga al corazón y a los vasos a trabajar de más. Es el motivo de atención cardiovascular más repetido del planeta y, a la vez, uno de los más callados: puede acompañar a una persona durante décadas sin dar señales. Bajo este nombre general conviven formas muy distintas, que se separan por su causa, por su manera de comportarse a lo largo del día o por cómo responden al tratamiento. Con este nombre se designa la presencia persistente de cifras de presión arterial por encima de los valores que se consideran normales. La palabra reúne tres piezas de origen clásico. El prefijo griego hyper (ὑπέρ) apunta a un exceso, a algo que queda por encima de lo esperado. Tensión procede del latín tensio, a su vez derivado de tendere, que significa estirar o poner en tensión. El adjetivo arterial precisa el lugar donde se mide esa fuerza: las arterias, los conductos que reparten por el cuerpo la sangre que sale del corazón. Leído al pie de la letra, el término describe una tensión excesiva dentro del árbol arterial. Conviene aclarar algo desde el principio. La presión de la sangre sube y baja constantemente a lo largo del día (con el esfuerzo, con las emociones, con el sueño), y esas oscilaciones forman parte de la fisiología normal. Lo que define a la hipertensión no es un pico aislado, sino que las cifras se mantengan altas de forma repetida. Por eso una sola lectura elevada rara vez basta para hablar de hipertensión. La cifra, por sí sola, no cuenta toda la historia. Toda medida de presión se expresa con dos números separados por una barra, por ejemplo 120/80. El primero corresponde a la presión sistólica, la que alcanza la sangre en el momento en que el corazón se contrae y expulsa su contenido; ese instante de contracción se llama sístole. El segundo número refleja la presión diastólica, la que queda en las arterias mientras el corazón se relaja y vuelve a llenarse, fase conocida como diástole. Entender esta pareja de valores ayuda a interpretar por qué una misma persona puede tener alto solo el número de arriba, solo el de abajo o los dos a la vez. Durante siglos, la única pista sobre la presión de la sangre fue el tacto del pulso. Los médicos hablaban de un pulso duro o blando, pero carecían de una cifra fiable. La situación cambió a finales del siglo XIX. En 1896, el médico italiano Scipione Riva-Rocci (1863-1937) presentó un esfigmomanómetro de columna de mercurio con un brazalete neumático que rodeaba el brazo, un diseño que sigue reconociéndose en los aparatos actuales. El propio nombre del instrumento resume su función: procede del griego sphygmós (pulso) y métron (medida), con el latín manus (mano). Faltaba una pieza. El método de Riva-Rocci detectaba bien la presión sistólica, pero no la diastólica. En 1905, el cirujano militar ruso Nikolái Korotkov colocó un estetoscopio sobre la arteria del pliegue del codo y describió la secuencia de sonidos que aparecen y desaparecen al ir desinflando el brazalete. Aquellos golpes, hoy llamados ruidos de Korotkoff, permitieron leer las dos cifras y convirtieron la medición en un gesto reproducible. Comunicó su hallazgo en una nota de apenas doscientas palabras. La distinción de partida separa dos grandes grupos según se identifique o no una causa. En la mayoría de las personas, alrededor de nueve de cada diez, no se encuentra un origen único: intervienen la herencia, la edad, el peso, la sal de la dieta y otros factores que se suman poco a poco. Es la llamada hipertensión primaria, que la tradición médica denomina también esencial. Frente a ella, la hipertensión arterial secundaria es la que deriva de una enfermedad concreta y a menudo tratable, como ciertos trastornos renales, hormonales o vasculares. Reconocer a qué grupo pertenece un caso cambia por completo el enfoque, ya que en la forma secundaria corregir la causa puede normalizar las cifras. El término general se ramifica en variantes que responden a preguntas distintas y que este diccionario recoge por separado. Una primera división atiende al territorio circulatorio. Cuando se habla sin apellidos de hipertensión, se sobreentiende la hipertensión arterial sistémica, la que afecta a la circulación general del cuerpo; nada tiene que ver con la hipertensión arterial pulmonar, una entidad propia que se localiza en las arterias de los pulmones. Otras variantes describen cómo se comporta la presión a lo largo del tiempo. En la hipertensión arterial lábil las cifras oscilan de forma amplia entre lo normal y lo alto; en la hipertensión arterial paroxística se disparan en crisis bruscas que luego ceden; y en la hipertensión arterial de bata blanca la elevación aparece solo en la consulta y desaparece fuera de ella. A esto se añade la hipertensión arterial refractaria, definida por la dificultad para lograr el control pese a un tratamiento bien planteado. Persiste además un rótulo antiguo, el de la hipertensión arterial benigna, que la medicina actual ha ido dejando de lado. Pocas condiciones alcanzan la extensión de la hipertensión. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2024 vivían unos 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años con cifras elevadas, y menos de uno de cada cinco las tenía controladas. En España, la prevalencia en esa franja de edad ronda el 32 %. La cifra crece con la edad, porque las arterias se vuelven más rígidas con los años. Buena parte de las personas afectadas lo ignora, ya que la elevación no suele producir molestias hasta fases avanzadas. Esa combinación de altísima frecuencia y ausencia de avisos explica que se la conozca como un problema silencioso y que figure entre las primeras causas de mortalidad evitable en el mundo. Del cruce entre el prefijo griego hyper, que expresa exceso, y el latín tensio (tensión), emparentado con tendere, estirar. El añadido de arterial es posterior y sirve para situar esa tensión en las arterias, distinguiéndola de otras presiones del organismo. No. Una lectura elevada de manera aislada, tras un esfuerzo o un momento de nervios, entra dentro de las variaciones normales de la presión. El diagnóstico de hipertensión exige comprobar que las cifras se mantienen altas en mediciones repetidas y en distintos momentos. Por eso un único valor alto orienta, pero no basta. Sí. «Presión arterial alta» es la expresión coloquial y «hipertensión arterial» el término técnico equivalente. En algunos países se emplea también «tensión arterial alta», con idéntico sentido. Porque una misma cifra elevada puede tener orígenes y comportamientos muy diferentes. No es igual una presión que sube solo en la consulta que otra que se dispara en crisis, ni una que carece de causa aparente que otra provocada por un tumor de la glándula suprarrenal. Clasificar la hipertensión por su causa, por su patrón temporal o por su respuesta al tratamiento ayuda a orientar cada situación de la forma adecuada. Cada una de esas variantes tiene su propia entrada en este diccionario. Consulte también la información clínica completa sobre la hipertensión arterial Si busca información sobre las causas, las consecuencias y el abordaje de la presión arterial alta, puede consultar la página sobre hipertensión arterial elaborada por el departamento de Cardiología la Clínica Universidad de Navarra. Hipertensión arterial sistémica. Elevación de la presión en la circulación general del cuerpo, que es a lo que suele referirse el término sin apellidos. Hipertensión arterial secundaria. Forma con una causa identificable, como un trastorno renal, hormonal o vascular. Hipertensión arterial pulmonar. Enfermedad propia de las arterias de los pulmones, distinta de la hipertensión general. Hipertensión arterial lábil. Presión que oscila de forma amplia entre valores normales y altos. Hipertensión arterial paroxística. Subidas bruscas y transitorias que aparecen en forma de crisis. Hipertensión arterial de bata blanca. Elevación que solo aparece en el entorno sanitario y no fuera de él. Hipertensión arterial refractaria. Presión que no se controla pese a un tratamiento bien planteado. Hipertensión arterial benigna. Rótulo histórico, hoy en desuso, para las formas de evolución lenta. Crisis hipertensiva. Elevación aguda y marcada de la presión que requiere atención inmediata.Qué es la hipertensión arterial
Las dos cifras de la presión arterial
Cómo se llegó a medir la presión arterial
Hipertensión primaria e hipertensión secundaria
Las formas de la hipertensión arterial
Frecuencia y distribución
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra hipertensión?
¿Es lo mismo tener la tensión alta un día que ser hipertenso?
¿Hipertensión arterial y presión arterial alta significan lo mismo?
¿Por qué se habla de tantos tipos de hipertensión?
Referencias
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