DICCIONARIO MÉDICO
Lipoma lumbosacro
El lipoma lumbosacro es una masa congénita de tejido adiposo que se localiza en la región baja de la espalda, sobre la línea media posterior. Su relevancia clínica reside en que con frecuencia constituye el signo cutáneo visible de un disrafismo espinal oculto, una malformación en la que el cierre del tubo neural no se ha completado pero la piel que lo recubre permanece íntegra. Se trata de un lipoma subcutáneo congénito que aparece en la región lumbosacra del recién nacido, generalmente como una tumoración blanda, indolora, cubierta por piel de aspecto normal. Lo que lo distingue de un lipoma adquirido cualquiera es su origen embrionario: se forma cuando la separación entre el ectodermo cutáneo y el tubo neural durante la neurulación no se produce de forma correcta, y parte del tejido mesenquimal primitivo se diferencia hacia grasa en la zona del defecto. Esa anomalía embriológica explica por qué el lipoma no es solo un hallazgo superficial. En muchos casos, la masa grasa se extiende en profundidad a través de un defecto en el arco vertebral posterior y establece conexión con las estructuras del canal raquídeo: la médula espinal, el filum terminal o las raíces nerviosas lumbosacras. Esa continuidad anatómica es la que convierte al lipoma lumbosacro en un marcador de disrafismo espinal oculto. Cuando el lipoma se adhiere a la superficie dorsal de la médula o engrosa el filum terminal, puede fijar el cono medular en una posición anormalmente baja (por debajo del nivel vertebral L2 en el adulto). Esa tracción mecánica sobre la médula constituye el síndrome de médula anclada, capaz de producir deterioro neurológico progresivo a medida que el niño crece y la columna se alarga. Los lipomas espinales representan la causa más frecuente de médula anclada, con cifras que en algunas series alcanzan el 72 % de todos los casos. Dentro de este grupo se distinguen varias formas: el lipomielomeningocele (un lipoma que se fusiona con una médula abierta y protruye a través del defecto vertebral junto con un meningocele), el lipoma del filum terminal (localizado en la porción extradural o intradural del filum) y el lipoma intradural, más raro. No siempre es fácil clasificar la lesión con nitidez, porque las formas mixtas son habituales. En el recién nacido, la presencia de un lipoma subcutáneo en la línea media lumbosacra obliga a descartar un disrafismo subyacente. No es el único estigma cutáneo que puede acompañar a estas malformaciones: los hoyuelos sacros profundos, los apéndices cutáneos, los hemangiomas y las placas pilosas en la zona lumbar baja también deben alertar al pediatra. El dato clave es la localización en la línea media posterior, ya que piel y tejido nervioso comparten origen ectodérmico y los defectos de separación entre ambos se manifiestan precisamente en ese eje. Se estima que los estigmas cutáneos lumbosacros aparecen en el 2-7 % de todos los recién nacidos, pero solo una proporción pequeña corresponde a disrafismo oculto verdadero. La ecografía medular, fácil de realizar en las primeras semanas de vida mientras la osificación vertebral es incompleta, permite valorar la posición del cono medular y la presencia de masas lipomatosas intrarraquídeas. Cuando la ventana ecográfica se pierde, la resonancia magnética se convierte en la prueba de elección. No exactamente, pero están relacionados. El lipoma lumbosacro es un hallazgo que aparece en el contexto de la espina bífida oculta, una forma cerrada de disrafismo en la que la piel cubre el defecto vertebral. La espina bífida abierta (el mielomeningocele) es una malformación distinta, más grave, en la que el tejido nervioso queda expuesto al exterior. Depende de la extensión de la lesión. Algunos lipomas son puramente subcutáneos y no se extienden al canal espinal. Solo cuando existe continuidad entre la masa grasa y las estructuras neurales intrarraquídeas puede hablarse de médula anclada. De ahí la importancia de las pruebas de imagen antes de asumir que un lipoma lumbosacro es un hallazgo inocuo. Siempre que se detecte un lipoma en la línea media posterior de un lactante conviene realizar al menos una ecografía medular en las primeras semanas de vida. La precocidad del estudio es relevante porque, si existe anclaje medular, la intervención temprana puede prevenir el deterioro neurológico que se manifestaría más adelante con el crecimiento. Si desea profundizar en conceptos asociados al lipoma lumbosacro, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el lipoma lumbosacro
Relación con el síndrome de médula anclada
Estigmas cutáneos y sospecha clínica
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo un lipoma lumbosacro que una espina bífida?
¿Todos los lipomas lumbosacros tienen médula anclada?
¿Cuándo conviene estudiar un lipoma lumbosacro en un recién nacido?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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