DICCIONARIO MÉDICO
Licuorrea
La licuorrea es la salida anormal de líquido cefalorraquídeo (LCR) fuera de las envolturas que lo contienen, a través de una comunicación patológica entre el espacio subaracnoideo y el exterior o una cavidad vecina. El término engloba cualquier fuga de este líquido, con independencia del punto por el que aflore: cuando lo hace por la nariz se denomina rinolicuorrea; cuando drena por el oído, otolicuorrea. El líquido cefalorraquídeo circula por el espacio subaracnoideo y el sistema ventricular, envuelto por las meninges y resguardado por la caja ósea del cráneo y la columna. Se habla de licuorrea cuando ese líquido escapa del circuito cerrado en el que debería permanecer y aparece donde no corresponde: en una fosa nasal, en el conducto auditivo, en una herida quirúrgica. No es una enfermedad en sí, sino la señal de que existe una brecha entre el interior del cráneo y el exterior. Etimológicamente, la voz reúne dos raíces de procedencia distinta. La primera remite al latín liquor (líquido), el nombre con que la anatomía clásica bautizó el líquido cefalorraquídeo, liquor cerebrospinalis; la segunda es el sufijo -rrea, del griego ῥοία (rhoía), corriente o flujo, el mismo que reconocemos en rinorrea, otorrea o diarrea. Significa, en sentido literal, flujo de licor cefalorraquídeo. Ese cruce de latín y griego en un solo vocablo abunda en el lenguaje médico más de lo que se suele advertir. Para que el LCR salga al exterior deben ceder a la vez dos barreras: la ósea, casi siempre en la base del cráneo, y la meníngea, formada por la duramadre y la aracnoides. Esa doble rotura se conoce como brecha osteomeníngea y da lugar a una comunicación anómala, la fístula de líquido cefalorraquídeo, que pone en contacto el espacio subaracnoideo con las cavidades vecinas a la base craneal: los senos paranasales, las celdillas etmoidales, el oído medio o las celdillas mastoideas. El desencadenante más frecuente, con mucha diferencia, es el traumatismo craneal, en especial las fracturas de la base del cráneo. Después quedan las fugas que aparecen tras una intervención quirúrgica en esa región, las provocadas por tumores que erosionan el hueso y las llamadas espontáneas, en las que no se identifica una causa externa y que se asocian a una debilidad congénita de las barreras anatómicas o a una presión elevada del líquido. El origen, sin embargo, no siempre se encuentra. El interés de la licuorrea no reside solo en la propia pérdida de líquido. Una brecha abierta convierte una cavidad estéril en una posible vía de entrada para los microorganismos, y por eso la mayor preocupación que acompaña a este signo es el riesgo de meningitis. Suele ordenarse de dos maneras que se complementan. Según la vía de salida, la forma más habitual es la rinolicuorrea, en la que el líquido aflora por la nariz, casi siempre por un defecto en la lámina cribosa del etmoides; le sigue la otolicuorrea, cuando drena por el oído tras una fractura del hueso temporal. Con el tímpano íntegro, el LCR del oído medio puede desviarse por la trompa auditiva y salir también por la nariz, de modo que una otolicuorrea llegue a manifestarse como un simple goteo nasal. Atendiendo al origen, la división clásica separa las fugas traumáticas de las no traumáticas. Estas últimas se subdividen, a su vez, según cursen con presión de LCR normal o elevada, un matiz que condiciona su comportamiento y su tendencia a reaparecer. El problema práctico consiste en separar la licuorrea de una secreción trivial. Un goteo nasal claro y persistente puede ser rinorrea común, el moco acuoso de una rinitis, o LCR que se está escapando; a simple vista no siempre se diferencian. Algo parecido sucede en el oído con la otorrea. Dos rasgos ayudan a orientar la sospecha. El líquido cefalorraquídeo es rico en glucosa, al contrario que el moco nasal, y contiene una proteína ausente en las secreciones ordinarias, la beta-2-transferrina, cuyo hallazgo confirma que el líquido procede del compartimento cefalorraquídeo. Existe además un signo descrito de forma clásica: si la gota se recoge sobre un papel, el LCR difunde y forma un halo claro alrededor de una mancha central de sangre. De la unión del latín liquor, que designaba el líquido cefalorraquídeo (liquor cerebrospinalis), y el sufijo griego -rrea, que expresa flujo o corriente. Es, por tanto, un término híbrido, con una raíz latina y otra griega, algo nada raro en la terminología médica. No. La licuorrea es el término general para cualquier fuga de líquido cefalorraquídeo; la rinolicuorrea es una de sus formas, la que sale por la nariz. Toda rinolicuorrea es una licuorrea, pero no al revés. Con frecuencia, sí. Buena parte de las licuorreas de origen traumático se resuelven de manera espontánea, y en muchas series más del 90 % cierran solo con observación. Cuando persiste o reaparece, conviene descartar que exista por detrás una presión de LCR elevada. Porque la misma brecha que deja salir el líquido funciona en sentido inverso, como puerta de entrada de gérmenes hacia las envolturas del cerebro. Ese riesgo de meningitis es la razón por la que una fuga de LCR nunca se toma como un hallazgo banal.Qué es la licuorrea
Por qué se produce
Tipos de licuorrea
Cómo se distingue de otras secreciones
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra licuorrea?
¿Es lo mismo licuorrea que rinolicuorrea?
¿Puede una fuga de líquido cefalorraquídeo cerrarse por sí sola?
¿Por qué preocupa tanto este signo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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