DICCIONARIO MÉDICO
Insulina humana
La insulina humana es un preparado de insulina cuya secuencia de aminoácidos coincide, punto por punto, con la de la hormona que segrega el páncreas de las personas. Se fabrica mediante tecnología de ADN recombinante, sin recurrir ya a páncreas de animales. Dentro de la clasificación ATC las insulinas ocupan el grupo A10A, y su forma soluble corresponde al código A10AB01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). La molécula tiene 51 aminoácidos repartidos en dos cadenas: la A, de 21 aminoácidos, y la B, de 30, unidas entre sí por puentes disulfuro. Es la misma proteína que fabrican las células beta del páncreas, sin un solo aminoácido de diferencia. Por eso lleva el apellido de humana, que no alude a su procedencia (no se extrae de donantes) sino a que reproduce la secuencia propia del organismo. Se obtiene introduciendo el gen de la insulina en bacterias (habitualmente Escherichia coli) o en levaduras, que pasan a producir la proteína en grandes cantidades para su posterior purificación. Este procedimiento sustituyó a la extracción a partir de páncreas de cerdo y de vaca, que fue durante décadas la única fuente disponible. La insulina de cerdo se aparta de la humana en un solo aminoácido, el de la posición B30 (treonina en la humana, alanina en la porcina). La de vaca cambia en tres posiciones (B30, A8 y A10). Son diferencias minúsculas, y en la práctica clínica funcionaban, pero bastaban para que algunos pacientes desarrollaran con el tiempo reacciones alérgicas o resistencia al tratamiento. El giro llegó en 1978, cuando se logró que una bacteria fabricara insulina humana en el laboratorio. Cuatro años después, en 1982, aquel preparado recibió la aprobación de las autoridades sanitarias y se convirtió en el primer medicamento biotecnológico de la historia (un hito que abrió la puerta a otras proteínas terapéuticas, desde la hormona de crecimiento hasta la eritropoyetina). La insulina de origen animal fue quedando desde entonces en desuso. Conviene no confundir la insulina humana con los análogos de insulina. Un análogo parte de esta misma molécula y le cambia o le añade algún aminoácido para acelerar o prolongar su efecto. La insulina humana mantiene la secuencia original. Ahí no se toca nada. No procede de donantes. El término indica que su secuencia de aminoácidos es idéntica a la de la insulina que produce el cuerpo humano. Se sintetiza en bacterias o levaduras modificadas para que fabriquen justamente esa proteína. Desde el punto de vista químico, en muy poco: la porcina varía en un aminoácido y la bovina en tres. Esa pequeña distancia era suficiente, sin embargo, para causar alergias en una parte de los pacientes, razón por la que la insulina recombinante terminó desplazando a la de origen animal. No. Los análogos introducen modificaciones en la secuencia para cambiar su velocidad de acción o su duración. La insulina humana conserva la secuencia sin alterar, tal como la produce el páncreas. Puede ampliar información en las siguientes entradas:Qué es la insulina humana
Del páncreas animal al ADN recombinante
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama humana si no procede de humanos?
¿En qué se diferencia de la insulina de cerdo o de vaca?
¿La insulina humana es un análogo de insulina?
Referencias
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