DICCIONARIO MÉDICO
Inmunocitoquímica
La inmunocitoquímica es una técnica de laboratorio que emplea anticuerpos para localizar una proteína concreta dentro de las células. El anticuerpo se une a la molécula buscada y un marcador, un colorante enzimático o una sustancia fluorescente, hace visible esa unión al microscopio. Así puede saberse no solo si la proteína está presente, sino en qué parte de la célula se encuentra. El término se forma con inmuno-, que remite a los anticuerpos y a la inmunidad; cito-, del griego kýtos (κύτος), célula; y química. Nombra una rama de la citoquímica que localiza componentes celulares mediante una reacción entre antígeno y anticuerpo. La proteína que se desea detectar hace de antígeno; el anticuerpo, escogido porque reconoce solo esa molécula, actúa como sonda. Lo que vuelve útil a la técnica es su especificidad. Un anticuerpo bien seleccionado se fija a su diana y a casi ninguna otra, de manera que la señal que aparece bajo el microscopio marca la posición exacta de la proteína. Sirve para confirmar de qué tipo es una célula, para averiguar si fabrica una determinada sustancia o para separar poblaciones celulares que a simple vista se parecen. Existen dos formas básicas de montar el ensayo. En el método directo, el propio anticuerpo que reconoce la proteína lleva ya unido el marcador. En el indirecto se usan dos: el primero se fija a la proteína y el segundo, que porta el marcador, se une al primero. Con ello la señal se amplifica, porque varios anticuerpos marcados pueden posarse sobre uno solo. El marcaje específico de estas estructuras recibe el nombre de inmunomarcaje. El marcador puede ser de dos clases. Si es una enzima, como la peroxidasa, se le añade un sustrato que produce un precipitado de color en el punto donde está la proteína; uno de los más utilizados es la diaminobencidina, que deja un depósito pardo. Si el marcador es una molécula fluorescente, la técnica pasa a llamarse inmunofluorescencia y la señal se observa como un brillo bajo la luz apropiada. Para reforzarla se recurre a veces al sistema avidina-biotina, que encadena varios marcadores sobre cada anticuerpo. La diferencia con la inmunohistoquímica está en la muestra, no en el fundamento. La inmunocitoquímica se aplica sobre células sueltas: cultivos, extensiones de sangre, líquidos, aspirados obtenidos con aguja fina o improntas. Se ha retirado casi toda la matriz que envuelve a las células y se trabaja con ellas aisladas. La inmunohistoquímica se realiza sobre cortes de tejido, donde se conservan la arquitectura y la relación entre unas células y otras. Esa distinción condiciona la preparación. El tejido para inmunohistoquímica suele fijarse e incluirse en parafina, y muchas veces hace falta recuperar los antígenos que la fijación ha enmascarado. En la inmunocitoquímica la fijación es más breve y, cuando la proteína buscada está dentro de la célula, se permeabiliza la membrana para que el anticuerpo alcance su diana. Muchos laboratorios emplean ambas de forma complementaria sobre un mismo caso. La técnica nació de la inmunofluorescencia. En 1941, Albert H. Coons, con Hugh Creech, Norman Jones y Ernst Berliner, en la Universidad de Harvard, marcó anticuerpos con una sustancia fluorescente para localizar antígenos del neumococo en tejidos infectados. Era la primera vez que se hacía visible una reacción antígeno-anticuerpo sobre una preparación microscópica. Después llegaron los marcadores enzimáticos, como la peroxidasa, que permitieron leer el resultado con un microscopio óptico corriente y extendieron la técnica a los laboratorios de todo el mundo. Su terreno principal es la citopatología, el estudio de células obtenidas sin extraer un fragmento de tejido. Sobre la punción de un ganglio, un derrame o una muestra de orina, la inmunocitoquímica ayuda a precisar el origen de las células: si son epiteliales, linfoides o de otra estirpe, y qué marcadores expresan. Ese dato orienta la caracterización de muchos procesos y completa lo que aporta la observación de la forma. La lectura se interpreta siempre en el conjunto del estudio, nunca de manera aislada. Reúne tres piezas: inmuno-, por los anticuerpos; cito-, del griego célula; y química. En sentido literal, la química de la célula estudiada con anticuerpos. En el tipo de muestra. La inmunocitoquímica trabaja con células aisladas o en suspensión; la inmunohistoquímica, con cortes de tejido que mantienen su estructura. El principio de unir un anticuerpo a su antígeno y revelar esa unión es idéntico en las dos. No del todo. La inmunofluorescencia es una variante de la inmunocitoquímica en la que el marcador es una sustancia fluorescente. Cuando el marcador es una enzima que genera color, se habla de métodos inmunoenzimáticos. Los dos comparten fundamento. Albert H. Coons y sus colaboradores, en Harvard, en 1941. Su aportación consistió en conjugar un anticuerpo con un compuesto fluorescente sin que perdiera la capacidad de reconocer su antígeno, la idea que sostiene toda la técnica actual.Qué es la inmunocitoquímica
Cómo se revela la reacción
Inmunocitoquímica e inmunohistoquímica
Un origen en 1941
Para qué se utiliza
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la palabra inmunocitoquímica?
¿En qué se diferencia de la inmunohistoquímica?
¿Es lo mismo que la inmunofluorescencia?
¿Quién desarrolló la técnica?
Referencias
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