DICCIONARIO MÉDICO
Infección subdurales
Una infección subdural es la que asienta en el espacio subdural, el plano situado entre la duramadre y la aracnoides, dos de las membranas que envuelven el sistema nervioso central. Su forma principal es el empiema subdural, una acumulación de pus en ese espacio. Se trata de una infección poco frecuente pero de consideración, porque el pus se extiende con facilidad por la superficie del cerebro y se comporta como una masa que ocupa espacio dentro del cráneo. El nombre describe con exactitud dónde ocurre. Subdural procede del latín sub, debajo, y de dura mater, la duramadre, la más externa y resistente de las tres meninges. El espacio subdural es, por tanto, el que queda por debajo de esa membrana, entre ella y la aracnoides. La forma habitual de infección en ese plano es el empiema subdural. Empiema viene del griego empýēma, derivado de pýon, pus; los médicos griegos ya usaban la palabra en el siglo V antes de Cristo para nombrar una acumulación de pus en una cavidad del cuerpo. Se habla de empiema, y no de absceso, precisamente porque el pus se reúne en un espacio anatómico ya existente en vez de labrarse una cavidad nueva. En condiciones normales, el espacio subdural es apenas virtual: la duramadre y la aracnoides se tocan, sin nada entre ambas. Cuando el pus se acumula ahí, despega las dos membranas y encuentra una superficie amplia y poco compartimentada por la que deslizarse. Esa es la razón de que un empiema subdural pueda cubrir con rapidez buena parte de un hemisferio cerebral. La expansión no es ilimitada. El pus avanza hasta topar con las grandes particiones de la duramadre, la hoz del cerebro entre los dos hemisferios y la tienda del cerebelo, que actúan como diques y suelen confinar la colección a un lado o a un compartimento. Al crecer, el empiema presiona el cerebro subyacente y se comporta como una lesión ocupante de espacio, con el consiguiente aumento de la presión dentro del cráneo. La mayoría de los empiemas subdurales no nacen ahí, sino que llegan desde una infección vecina. La causa más habitual en el adulto es la sinusitis, sobre todo de los senos frontal y etmoidal, separados del contenido craneal por finas láminas de hueso. Se calcula que el origen sinusal explica entre la mitad y las cuatro quintas partes de los casos. Le siguen las infecciones del oído medio y de la mastoiditis. Existen otras puertas de entrada. Un traumatismo craneal, una intervención neuroquirúrgica o, con menos frecuencia, la llegada de bacterias por la sangre desde un foco lejano pueden sembrar el espacio subdural. Un hematoma subdural previo también puede infectarse. En los niños menores de cinco años la vía clásica era la meningitis bacteriana; como esta se ha vuelto rara gracias a la vacunación, el empiema subdural infantil es hoy poco común. Los gérmenes reflejan su procedencia. Cuando el empiema deriva de una sinusitis o de una otitis, predominan los estreptococos, en especial los del grupo anginosus, habitantes de la boca y la faringe con tendencia a formar colecciones de pus. Se aíslan además estafilococos, entre ellos Staphylococcus aureus, sobre todo tras un traumatismo o una cirugía, y bacterias anaerobias como Bacteroides. No es infrecuente que la infección sea mixta. En una minoría de casos intervienen bacilos gramnegativos e incluso hongos. El empiema subdural representa alrededor del 15 al 20 por ciento de las infecciones intracraneales localizadas, por detrás del absceso cerebral aunque no muy lejos de él. Muestra una marcada preferencia por los varones, con una proporción cercana a cuatro casos masculinos por cada femenino, que suele atribuirse a diferencias en el desarrollo de los senos paranasales. El pico de incidencia se sitúa en la segunda y la tercera décadas de la vida. Porque el pus se acumula en un espacio que ya existe, el subdural, en lugar de destruir tejido para crear una cavidad nueva. Esa es la distinción clásica: el absceso se labra su propio hueco, casi siempre dentro de un órgano; el empiema ocupa una cavidad preformada. El del tórax, entre las hojas de la pleura, es el ejemplo más conocido de empiema. No. Un hematoma subdural es una acumulación de sangre en ese mismo espacio, casi siempre por un traumatismo; una infección subdural es una acumulación de pus por gérmenes. Son cosas distintas, aunque compartan localización, y un hematoma ya presente puede llegar a infectarse. En el adulto, la mayoría de las veces de una sinusitis, en particular de los senos frontal y etmoidal, cuya pared con el cráneo es muy delgada. También del oído. En el niño, históricamente, de una meningitis. La cercanía anatómica entre esas cavidades infectadas y el interior del cráneo explica la ruta. Comparten origen y gravedad, y ambos acumulan pus dentro del cráneo, pero se distinguen por su localización: el absceso cerebral se forma dentro del propio tejido del cerebro, mientras que el empiema subdural queda por fuera de él, entre las meninges. Las pruebas de imagen con contraste permiten diferenciarlos.Qué es una infección subdural
El espacio subdural y por qué se propaga la infección
Cómo llega la infección al espacio subdural
Qué microorganismos la causan
Frecuencia y distribución
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama empiema y no absceso?
¿Es lo mismo una infección subdural que un hematoma subdural?
¿De dónde suele venir la infección?
¿Puede confundirse con un absceso cerebral?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026